Monday, December 18, 2006
Thursday, December 14, 2006
Lo sabremos en 100 años
La verdadera causa de la muerte de Diana será secreto otros cien años
La verdadera causa de la muerte de la Diana de Gales seguirá siendo un secreto durante otros cien años, critica hoy el diario 'Daily Express', que ha encontrado un filón en la fallecida princesa, a la que ha dedicado innumerables portadas.Según el tabloide británico, que no ha ocultado nunca sus sospechas de que la muerte en accidente de tráfico de Diana en un túnel parisino no fue accidental, las leyes francesas permiten a las autoridades de ese país a ocultar 'pruebas cruciales'.Desde su muerte, hace ocho años, no se ha revelado la identidad de los veinticuatro cadáveres depositados en la misma morgue a la que se llevó el cuerpo sin vida de la esposa del príncipe Carlos de Inglaterra, denuncia el periódico.Cambio de sangreEl 'Daily Express' cita 'fuentes próximas a la investigación' según las cuales pudo haberse cambiado fraudulentamente la sangre de uno de esos cadáveres por la de Henri Paul, chófer del automóvil en el que viajaba la princesa para hacer creer que éste había bebido demasiado aquel fatídico día.El periódico dice 'haber oído' de un supuesto plan de 'agentes secretos' para dar el cambiazo y cita a un portavoz del Instituto Médico de París, según el cual los documentos relativos a los fallecidos en los últimos cien años en la capital francesa sólo pueden mostrárseles a sus allegados.El 'Daily Express' cita a un portavoz del multimillonario egipcio Mohamed al Fayed, padre de Dodi Fayed, amante de la princesa y fallecido junto a ella en el accidente parisino, que se queja de ese secretismo que, dice, reafirma a la familia en su convicción de la existencia de una conjura en torno a la muerte de la joven pareja.
La verdadera causa de la muerte de la Diana de Gales seguirá siendo un secreto durante otros cien años, critica hoy el diario 'Daily Express', que ha encontrado un filón en la fallecida princesa, a la que ha dedicado innumerables portadas.Según el tabloide británico, que no ha ocultado nunca sus sospechas de que la muerte en accidente de tráfico de Diana en un túnel parisino no fue accidental, las leyes francesas permiten a las autoridades de ese país a ocultar 'pruebas cruciales'.Desde su muerte, hace ocho años, no se ha revelado la identidad de los veinticuatro cadáveres depositados en la misma morgue a la que se llevó el cuerpo sin vida de la esposa del príncipe Carlos de Inglaterra, denuncia el periódico.Cambio de sangreEl 'Daily Express' cita 'fuentes próximas a la investigación' según las cuales pudo haberse cambiado fraudulentamente la sangre de uno de esos cadáveres por la de Henri Paul, chófer del automóvil en el que viajaba la princesa para hacer creer que éste había bebido demasiado aquel fatídico día.El periódico dice 'haber oído' de un supuesto plan de 'agentes secretos' para dar el cambiazo y cita a un portavoz del Instituto Médico de París, según el cual los documentos relativos a los fallecidos en los últimos cien años en la capital francesa sólo pueden mostrárseles a sus allegados.El 'Daily Express' cita a un portavoz del multimillonario egipcio Mohamed al Fayed, padre de Dodi Fayed, amante de la princesa y fallecido junto a ella en el accidente parisino, que se queja de ese secretismo que, dice, reafirma a la familia en su convicción de la existencia de una conjura en torno a la muerte de la joven pareja.
Polemica
Una foto de Diana agonizando desata la polémica en el Reino Unido
La publicación en dos revistas europeas de una foto de Diana de Gales agonizando tras el accidente de trafico que le costó la vida causó hoy polémica en el Reino Unido, donde los amigos de Lady Di y la prensa expresaron su indignación.La foto, divulgada por la revista italiana 'Chi' y la española 'Interviú', muestra a un paramédico que aparentemente coloca una mascarilla de oxígeno a la princesa, quien aparece entre los restos de la limusina Mercedes en la que viajaba cuando se produjo el choque en el túnel de Alma de París el 31 de agosto de 1997.La imagen, en blanco y negro, apareció este lunes en 'Interviú', aunque pasó desapercibida en Gran Bretaña hasta el jueves, cuando 'Chi' publicó la instantánea con el titular 'Exclusiva mundial: Lady Diana, la última foto' y datos sobre la autopsia de Lady Di.La foto y los detalles del examen 'post mórtem' están tomados del nuevo libro escrito por el autor francés Jean-Michel Caradec'h, especializado en asuntos policiales, que se titula 'Lady Diana: la investigación policial' y se publicará próximamente.
Diana
Los diarios de Gran Bretaña, donde la princesa es aún venerada por mucha gente, se han negado a reproducir la foto y los sensacionalistas, como 'The Sun', 'The Daily Mirror' y 'The Daily Express', han condenado con dureza su difusión.El periódico 'The Sun' publicó hoy con grandes caracteres tipográficos el titular 'Vergonzoso' junto a la portada de 'Chi' con la foto, pero advirtiendo al lector de que ha borrado la imagen de la princesa porque la instantánea resulta 'asquerosa'.'The Daily Express', por su parte, animó a los distribuidores de prensa a boicotear la revista italiana en el Reino Unido, mientras amigos y simpatizantes de la princesa pusieron el grito en el cielo.
El dueño de los grandes almacenes londinenses Harrods, Mohamed Al Fayed, cuyo hijo y novio de Lady Di, Dodi, también murió en el accidente, se declaró 'triste y enfadado' El dueño de los grandes almacenes londinenses Harrods, Mohamed Al Fayed, cuyo hijo y novio de Lady Di, Dodi, también murió en el accidente, se declaró 'triste y enfadado' por la publicación de 'una imagen de la princesa mientras lucha desesperadamente por su vida'.'La cruel persecución de dinero avergüenza a los responsables de producir tan vil publicación', afirmó Al Fayed.Además, el millonario egipcio lamentó que 'Chi' no haya tomado en consideración 'los sentimientos de quienes amaron a la princesa, sobre todo sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique', de 24 y 21 años, respectivamente.Joan Berry, co-secretaria del 'Círculo de Diana', dedicado a la memoria de la ex esposa del príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico, tildó la publicación de la foto de 'repugnante' y manifestó su enojo porque Lady Di 'sea perseguida desde la tumba'.Según la agencia británica Press Association (PA), el director de 'Chi', Umberto Brindini, considera que la foto es 'conmovedora' y 'no resulta ofensiva para la memoria de la princesa Diana', ya que 'no sale muerta en la foto, sino que parece una princesa durmiente'.'Publiqué la foto por una razón muy simple: nunca se había visto antes (en un medio de comunicación)', explicó Brindini.El propio Caradec'h, que incluye en su libro fotos de la investigación francesa del accidente incautadas a los 'paparazzi' que persiguieron a Diana la noche del accidente, admite que son 'sobrecogedoras fotos que no deberían acabar en el dominio público'.Esta polémica se produce mientras continúa la primera investigación oficial decretada en el Reino Unido sobre la muerte de Diana, encargada hace dos años por un juez al entonces comisario jefe de Scotland Yard, John Stevens.Stevens ha visitado el hotel Ritz de París, punto de partida de Diana antes de su trágico final, y el túnel de Alma, donde murieron Lady Di; su novio Dodi Al Fayed, así como el conductor Henri Paul, con el objetivo de hallar pruebas que ayuden a esclarecer el suceso.El ex comisario, que espera revelar detalles de su indagación al final del verano, intenta verificar, entre otras cosas, las imputaciones de Mohamed Al Fayed, quien ha sostenido siempre que Diana y su hijo murieron como resultado de una conspiración.En 1999, un juez francés concluyó que el accidente ocurrió porque el chófer conducía bajo la influencia de alcohol y antidepresivos, tras analizar las pesquisas de un informe que nunca se hizo público.
La publicación en dos revistas europeas de una foto de Diana de Gales agonizando tras el accidente de trafico que le costó la vida causó hoy polémica en el Reino Unido, donde los amigos de Lady Di y la prensa expresaron su indignación.La foto, divulgada por la revista italiana 'Chi' y la española 'Interviú', muestra a un paramédico que aparentemente coloca una mascarilla de oxígeno a la princesa, quien aparece entre los restos de la limusina Mercedes en la que viajaba cuando se produjo el choque en el túnel de Alma de París el 31 de agosto de 1997.La imagen, en blanco y negro, apareció este lunes en 'Interviú', aunque pasó desapercibida en Gran Bretaña hasta el jueves, cuando 'Chi' publicó la instantánea con el titular 'Exclusiva mundial: Lady Diana, la última foto' y datos sobre la autopsia de Lady Di.La foto y los detalles del examen 'post mórtem' están tomados del nuevo libro escrito por el autor francés Jean-Michel Caradec'h, especializado en asuntos policiales, que se titula 'Lady Diana: la investigación policial' y se publicará próximamente.
Diana
Los diarios de Gran Bretaña, donde la princesa es aún venerada por mucha gente, se han negado a reproducir la foto y los sensacionalistas, como 'The Sun', 'The Daily Mirror' y 'The Daily Express', han condenado con dureza su difusión.El periódico 'The Sun' publicó hoy con grandes caracteres tipográficos el titular 'Vergonzoso' junto a la portada de 'Chi' con la foto, pero advirtiendo al lector de que ha borrado la imagen de la princesa porque la instantánea resulta 'asquerosa'.'The Daily Express', por su parte, animó a los distribuidores de prensa a boicotear la revista italiana en el Reino Unido, mientras amigos y simpatizantes de la princesa pusieron el grito en el cielo.
El dueño de los grandes almacenes londinenses Harrods, Mohamed Al Fayed, cuyo hijo y novio de Lady Di, Dodi, también murió en el accidente, se declaró 'triste y enfadado' El dueño de los grandes almacenes londinenses Harrods, Mohamed Al Fayed, cuyo hijo y novio de Lady Di, Dodi, también murió en el accidente, se declaró 'triste y enfadado' por la publicación de 'una imagen de la princesa mientras lucha desesperadamente por su vida'.'La cruel persecución de dinero avergüenza a los responsables de producir tan vil publicación', afirmó Al Fayed.Además, el millonario egipcio lamentó que 'Chi' no haya tomado en consideración 'los sentimientos de quienes amaron a la princesa, sobre todo sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique', de 24 y 21 años, respectivamente.Joan Berry, co-secretaria del 'Círculo de Diana', dedicado a la memoria de la ex esposa del príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico, tildó la publicación de la foto de 'repugnante' y manifestó su enojo porque Lady Di 'sea perseguida desde la tumba'.Según la agencia británica Press Association (PA), el director de 'Chi', Umberto Brindini, considera que la foto es 'conmovedora' y 'no resulta ofensiva para la memoria de la princesa Diana', ya que 'no sale muerta en la foto, sino que parece una princesa durmiente'.'Publiqué la foto por una razón muy simple: nunca se había visto antes (en un medio de comunicación)', explicó Brindini.El propio Caradec'h, que incluye en su libro fotos de la investigación francesa del accidente incautadas a los 'paparazzi' que persiguieron a Diana la noche del accidente, admite que son 'sobrecogedoras fotos que no deberían acabar en el dominio público'.Esta polémica se produce mientras continúa la primera investigación oficial decretada en el Reino Unido sobre la muerte de Diana, encargada hace dos años por un juez al entonces comisario jefe de Scotland Yard, John Stevens.Stevens ha visitado el hotel Ritz de París, punto de partida de Diana antes de su trágico final, y el túnel de Alma, donde murieron Lady Di; su novio Dodi Al Fayed, así como el conductor Henri Paul, con el objetivo de hallar pruebas que ayuden a esclarecer el suceso.El ex comisario, que espera revelar detalles de su indagación al final del verano, intenta verificar, entre otras cosas, las imputaciones de Mohamed Al Fayed, quien ha sostenido siempre que Diana y su hijo murieron como resultado de una conspiración.En 1999, un juez francés concluyó que el accidente ocurrió porque el chófer conducía bajo la influencia de alcohol y antidepresivos, tras analizar las pesquisas de un informe que nunca se hizo público.
Algo para el 2007
Diana empezará en 2007
La investigación judicial de la muerte de la princesa Diana de Gales y su compañero sentimental, Dodi Al Fayed, en un accidente de tráfico ocurrido en París en 1997 empezará a comienzos del próximo año, anunció hoy un portavoz de la Justicia británica. "Las primeras vistas preliminares tendrán lugar a principios del Año Nuevo", afirmó un portavoz de la Oficina de Comunicaciones Judiciales del Reino Unido.La Oficina de Comunicaciones Judiciales indicó que todavía no se ha decidido si la investigación de las muertes de Diana y Al Fayed se efectuarán por separado o de forma conjunta.La misma fuente confirmó que dirigirá la investigación la jueza retirada Elizabeth Butler-Sloss, de 73 años, quien ha sido nombrada para ese cometido tras la retirada en julio pasado del juez de instrucción encargado del caso, Michael Burgess. Burgess, que atribuyó su decisión a una "pesada y constante" carga de trabajo, abrió la pesquisa judicial el 6 de enero del 2004, aunque ese mismo día la aplazó de forma inesperada sin poner una fecha fija para su reanudación.El juez tomó la sorprendente decisión para que el entonces comisario jefe de Scotland Yard, John Stevens, dispusiese de más tiempo para recopilar datos y pruebas sobre la muerte de la princesa en la investigación policial abierta de forma paralela a la judicial.La indagación judicial comenzará después de que el responsable de la actual pesquisa policial presente su informe con las conclusiones.Ese documento incluirá declaraciones de los 1.500 testigos que han participado en la misma, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.El pasado mayo, Stevens dijo que habían aparecido nuevos testigos y pruebas en relación con el caso, después de subrayar que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja de lo que pensábamos".Diana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al colisionar la limusina en la que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma. La pareja sufrió el accidente poco después de abandonar el hotel Ritz y tras ser perseguidos por varios fotógrafos.En 1999, un juez francés concluyó que el accidente se debió a que el chófer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público.El inicio de la investigación judicial en el Reino Unido se ha anunciado una semana después de cumplirse el noveno aniversario de la tragedia.Pese al tiempo transcurrido desde el siniestro, los seguidores de Diana volvieron el pasado 31 de agosto a depositar -como es habitual desde entonces- numerosos ramos de flores y notas cariñosas ante el palacio de Kensington (centro de Londres), antigua residencia de Lady Di, en memoria de la princesa.
La investigación judicial de la muerte de la princesa Diana de Gales y su compañero sentimental, Dodi Al Fayed, en un accidente de tráfico ocurrido en París en 1997 empezará a comienzos del próximo año, anunció hoy un portavoz de la Justicia británica. "Las primeras vistas preliminares tendrán lugar a principios del Año Nuevo", afirmó un portavoz de la Oficina de Comunicaciones Judiciales del Reino Unido.La Oficina de Comunicaciones Judiciales indicó que todavía no se ha decidido si la investigación de las muertes de Diana y Al Fayed se efectuarán por separado o de forma conjunta.La misma fuente confirmó que dirigirá la investigación la jueza retirada Elizabeth Butler-Sloss, de 73 años, quien ha sido nombrada para ese cometido tras la retirada en julio pasado del juez de instrucción encargado del caso, Michael Burgess. Burgess, que atribuyó su decisión a una "pesada y constante" carga de trabajo, abrió la pesquisa judicial el 6 de enero del 2004, aunque ese mismo día la aplazó de forma inesperada sin poner una fecha fija para su reanudación.El juez tomó la sorprendente decisión para que el entonces comisario jefe de Scotland Yard, John Stevens, dispusiese de más tiempo para recopilar datos y pruebas sobre la muerte de la princesa en la investigación policial abierta de forma paralela a la judicial.La indagación judicial comenzará después de que el responsable de la actual pesquisa policial presente su informe con las conclusiones.Ese documento incluirá declaraciones de los 1.500 testigos que han participado en la misma, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.El pasado mayo, Stevens dijo que habían aparecido nuevos testigos y pruebas en relación con el caso, después de subrayar que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja de lo que pensábamos".Diana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al colisionar la limusina en la que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma. La pareja sufrió el accidente poco después de abandonar el hotel Ritz y tras ser perseguidos por varios fotógrafos.En 1999, un juez francés concluyó que el accidente se debió a que el chófer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público.El inicio de la investigación judicial en el Reino Unido se ha anunciado una semana después de cumplirse el noveno aniversario de la tragedia.Pese al tiempo transcurrido desde el siniestro, los seguidores de Diana volvieron el pasado 31 de agosto a depositar -como es habitual desde entonces- numerosos ramos de flores y notas cariñosas ante el palacio de Kensington (centro de Londres), antigua residencia de Lady Di, en memoria de la princesa.
No fue asesinada
Diana de Gales no fue asesinada ni estaba embarazada
La princesa Diana "no estaba embarazada" en el momento de su muerte, y "no estaba comprometida" con Dodi Al Fayed, concluyó un informe de una comisión policial británica dirigida por Lord Johns Stevens, ex jefe de Scotland Yard, publicado el jueves en Londres.- Entradas agotadas para el concierto de Lady Di- ¿Fue un accidente? ¿El FBI la espiaba? Diana murió junto con su novio, Dodi Al Fayed, de 42 años, de 41, y su chofer, cuando el automóvil en que viajaban se estrelló contra una columna en el túnel Pont d'Alma en París, en la madrugada del 31 de agosto de 1997.La indagación británica confirmó los resultados de una investigación francesa que determinó en 1999 que el accidente en el que murió la princesa se produjo cuando el motorista perdió el control del automóvil Mercedes, al conducir demasiado rápido y bajo los efectos del alcohol y de tranquilizantes.
Lady Di
No hubo conspiraciónEl informe echó por tierra las abundantes teorías conspirativas que circulaban desde hace diez años sobre la muerte de la princesa, que apuntaban a un complot urdido por los servicios de espionaje británicos.Las especulaciones de que la muertes de la princesa Diana y Dodi Al Fayed se debieron a una conspiración son "infundadas", aseguró Lord Stevens, al término de una investigación de tres años. Los hijos de Diana y Carlos, los príncipes Guillermo y Enrique, vieron el miércoles una copia del informe de Stevens y estaban "tristes y disgustados" por la manera en que los paparazzi persiguieron el coche en que viajaba la princesa, e incluso la retrataron cuando yacía muerta, reportó la BBC.El padre de Dodi, Mohammed Al Fayed, propietario del lujoso almacén londinense Harrod's, rechazó el jueves el fallo del informe, manteniendo, como lo ha hecho siempre, que la pareja fue víctima de una conspiración tramada por los servicios de inteligencia británicos y la familia real.Calificando de "vergonzosas" las conclusiones del informe, el millonario egipcio aseguró en declaraciones a la BBC que el ex jefe de Scotland Yard había sido "chantajeado" por los responsables de los servicios de inteligencia británica.
La princesa Diana "no estaba embarazada" en el momento de su muerte, y "no estaba comprometida" con Dodi Al Fayed, concluyó un informe de una comisión policial británica dirigida por Lord Johns Stevens, ex jefe de Scotland Yard, publicado el jueves en Londres.- Entradas agotadas para el concierto de Lady Di- ¿Fue un accidente? ¿El FBI la espiaba? Diana murió junto con su novio, Dodi Al Fayed, de 42 años, de 41, y su chofer, cuando el automóvil en que viajaban se estrelló contra una columna en el túnel Pont d'Alma en París, en la madrugada del 31 de agosto de 1997.La indagación británica confirmó los resultados de una investigación francesa que determinó en 1999 que el accidente en el que murió la princesa se produjo cuando el motorista perdió el control del automóvil Mercedes, al conducir demasiado rápido y bajo los efectos del alcohol y de tranquilizantes.
Lady Di
No hubo conspiraciónEl informe echó por tierra las abundantes teorías conspirativas que circulaban desde hace diez años sobre la muerte de la princesa, que apuntaban a un complot urdido por los servicios de espionaje británicos.Las especulaciones de que la muertes de la princesa Diana y Dodi Al Fayed se debieron a una conspiración son "infundadas", aseguró Lord Stevens, al término de una investigación de tres años. Los hijos de Diana y Carlos, los príncipes Guillermo y Enrique, vieron el miércoles una copia del informe de Stevens y estaban "tristes y disgustados" por la manera en que los paparazzi persiguieron el coche en que viajaba la princesa, e incluso la retrataron cuando yacía muerta, reportó la BBC.El padre de Dodi, Mohammed Al Fayed, propietario del lujoso almacén londinense Harrod's, rechazó el jueves el fallo del informe, manteniendo, como lo ha hecho siempre, que la pareja fue víctima de una conspiración tramada por los servicios de inteligencia británicos y la familia real.Calificando de "vergonzosas" las conclusiones del informe, el millonario egipcio aseguró en declaraciones a la BBC que el ex jefe de Scotland Yard había sido "chantajeado" por los responsables de los servicios de inteligencia británica.
La verdad está cerca
¿La verdad está cerca?Revelaciones sobre la muerte de Lady Di
EFEDespués de nueve años, la policía hará públicos los resultados de su investigación en torno a la muerte de Diana de Gales.EFE, Univision Online
Un misterio sin resolver
La teoría de la conspiración
Los resultados de la investigación policial sobre la muerte de Diana de Gales en un accidente de tráfico acaecido en París el 31 de agosto de 1997 se harán públicos el próximo 14 de diciembre.En esta misma fecha el ex comisario de Scotland Yard Lord John Stevens presentará su informe sobre lo ocurrido, que contiene declaraciones de mil 500 testigos, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di, ha informado la BBC.
Un misterio sin resolver
Fotos
Recuerdos de Lady Di
A principios de este año, el ex jefe de la policía, que lleva el caso desde enero de 2004, advirtió de que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja" de lo que se pensaba. Stevens trata de verificar, entre otras cosas, las alegaciones de Mohamed Al Fayed, padre de Dodi y dueño de los lujosos almacenes Harrods de Londres, quien ha mantenido siempre que la pareja murió a consecuencia de una conspiración. Investigaciones, nueve años despuésDiana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al estrellarse el mercedes en el que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma. La pareja sufrió el fatal accidente poco después de abandonar el hotel Ritz de París y tras ser perseguidos por varios paparazzi. En 1999, un juez francés concluyó que la tragedia acaeció porque el chofer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público. En septiembre pasado se anunció que la investigación judicial sobre la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed comenzaría al inicio de 2007, tras la presentación de las conclusiones policiales y el año del décimo aniversario del accidente.
EFEDespués de nueve años, la policía hará públicos los resultados de su investigación en torno a la muerte de Diana de Gales.EFE, Univision Online
Un misterio sin resolver
La teoría de la conspiración
Los resultados de la investigación policial sobre la muerte de Diana de Gales en un accidente de tráfico acaecido en París el 31 de agosto de 1997 se harán públicos el próximo 14 de diciembre.En esta misma fecha el ex comisario de Scotland Yard Lord John Stevens presentará su informe sobre lo ocurrido, que contiene declaraciones de mil 500 testigos, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di, ha informado la BBC.
Un misterio sin resolver
Fotos
Recuerdos de Lady Di
A principios de este año, el ex jefe de la policía, que lleva el caso desde enero de 2004, advirtió de que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja" de lo que se pensaba. Stevens trata de verificar, entre otras cosas, las alegaciones de Mohamed Al Fayed, padre de Dodi y dueño de los lujosos almacenes Harrods de Londres, quien ha mantenido siempre que la pareja murió a consecuencia de una conspiración. Investigaciones, nueve años despuésDiana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al estrellarse el mercedes en el que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma. La pareja sufrió el fatal accidente poco después de abandonar el hotel Ritz de París y tras ser perseguidos por varios paparazzi. En 1999, un juez francés concluyó que la tragedia acaeció porque el chofer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público. En septiembre pasado se anunció que la investigación judicial sobre la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed comenzaría al inicio de 2007, tras la presentación de las conclusiones policiales y el año del décimo aniversario del accidente.
Su último amor
CONTRAPORTADA
El último amor de Lady Di no fue Dodi Al Fayed
Un médico paquistaní llamado Hasnat Khan habría sido el auténtico último y gran amor de Diana Spencer y no Dody Al Fayed con quien murió en el trágico accidente del puente del Alma en París. Esa revelación, entre otras muchas, la hace Paul Burrell, secretario particular de la princesa, en un libro tituladoNuestros más bellos años. La publicación será presentada el jueves en Francia y en ella relata Burrel «la apasionada relación» del médico con la princesa. DV
El último amor de Lady Di no fue Dodi Al Fayed
Un médico paquistaní llamado Hasnat Khan habría sido el auténtico último y gran amor de Diana Spencer y no Dody Al Fayed con quien murió en el trágico accidente del puente del Alma en París. Esa revelación, entre otras muchas, la hace Paul Burrell, secretario particular de la princesa, en un libro tituladoNuestros más bellos años. La publicación será presentada el jueves en Francia y en ella relata Burrel «la apasionada relación» del médico con la princesa. DV
Pistas
Nuevas pistas sobre el accidente mortal de Lady Di revelan que el chófer sí estaba ebrio
@Redacción
Martes, 12 de diciembre de 2006
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El culebrón que no cesa. Hallan una nueva evidencia que demostraría que el chofer que transportó por última vez a la princesa Diana estaba borracho la noche del fatal accidente en París en 1997, según la BBC.
Los análisis de ADN confirman que las muestras de sangre originales eran del chofer Henri Paul y que éste había consumido tres veces el límite legal de alcohol en Francia. Como se recordará, Paul, Diana y Dodi Fayed murieron cuando su Mercedes Benz se estrelló en el túnel Pont d'Alma en París el 31 de agosto de 1997 mientras la pareja era seguida por fotógrafos de prensa.
Sin embargo, las teorías de conspiración siempre han circulado en torno a la muerte de la ex esposa del príncipe Carlos, heredero del trono británico, pese al dictamen de un juez francés en 1999 de que el choque fue un accidente. Una investigación posterior concluyó que Paul había bebido y estaba conduciendo a una velocidad excesiva.
@Redacción
Martes, 12 de diciembre de 2006
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El culebrón que no cesa. Hallan una nueva evidencia que demostraría que el chofer que transportó por última vez a la princesa Diana estaba borracho la noche del fatal accidente en París en 1997, según la BBC.
Los análisis de ADN confirman que las muestras de sangre originales eran del chofer Henri Paul y que éste había consumido tres veces el límite legal de alcohol en Francia. Como se recordará, Paul, Diana y Dodi Fayed murieron cuando su Mercedes Benz se estrelló en el túnel Pont d'Alma en París el 31 de agosto de 1997 mientras la pareja era seguida por fotógrafos de prensa.
Sin embargo, las teorías de conspiración siempre han circulado en torno a la muerte de la ex esposa del príncipe Carlos, heredero del trono británico, pese al dictamen de un juez francés en 1999 de que el choque fue un accidente. Una investigación posterior concluyó que Paul había bebido y estaba conduciendo a una velocidad excesiva.
¿Cenicienta o Julieta?
Lady Di: Cenicienta o Julieta? Muy grande sería nuestro desconcierto si empezáramos a leer un cuento de hadas que rápidamente fuera cambiando en su trama y finalizara en una especie de tragedia shakespeariana. Es el desconcierto que nos ha dejado el triste final de una princesa que logró poseerlo todo, menos el amor. Ese fue su sino trágico.Nacida en el seno de una aristocrática y acaudalada familia, de la cual recibió todo tipo de comodidades, pero que le negó los aportes afectivos necesarios para cimentar sus más elementales sentimientos de seguridad. Cuidada inicialmente por "nurses", a buena distancia del regazo materno -en una etapa en que el bebé requiere el calor y el amor que solo la madre puede brindar-; y después por sus abuelos.El padre, conde adinerado y alcohólico tenía pésimas relaciones con la madre, que al parecer, le era infiel. Su ambiente de crianza era completamente inadecuado.Contaba escasos 8 años de edad cuando sufrió el impacto de la separación de sus padres; el trauma se acentuó cuando fué confinada en un internado en donde realizó sus estudios escolares. Ese lapso de vida de esta niña rica, se caracterizó pués por una enorme miseria afectiva que la marcaría durante toda su vida.Como mecanismo de compensación, se graduó en educación pre-escolar, tal vez para ofrecer a los niños de su kinder todo el amor del que ella careció y quizás para recibir de ellos pequeñas dosis de ternura. Su encuentro con el príncipe Carlos le abrió como a la Cenicienta, a muy temprana edad, un mundo de fastuosidad que ninguna mujer rehusaría; pero esa fué su posterior desgracia : el ingreso al seno de la familia real, en la cual priman la rigidez de las normas, la exigencia exhaustiva del protocolo, el aislamiento del mundo externo y la carencia casi absoluta de afecto.Como una gran paradoja, su permanencia dentro de la realeza constituyó la etapa más triste de su vida. Ella, tierna y sensible, necesitada de amor, no pudo tolerar la indiferencia afectiva del príncipe, cayendo por esto en severas depresiones. La confirmación de la infidelidad de su cónyuge con la cortesana Camila Parker, constituyó golpe severo a su autoestima y la condujo a intentos de suicidio y a la aparición de crisis de bulimia, repetición probable esta última, de sus primigenias experiencias infantiles (el bebé llora por necesidad de calor o afecto y se le tranquiliza con comida).La imperiosa necesidad de afecto -para recuperar su autoestima- y la soledad, la incitaron a algunos flirteos en la corte, frustrados y frustrantes por el ámbito de clandestinidad en que se desarrollaban. Trató una vez más de subsanar su déficit afectivo, entregándose por completo a actividades caritativas, acariciando y recibiendo caricias de desvalidos, mutilados y enfermos de sida, lo cual generó severas críticas de la realeza por sus frecuentes violaciones al protocolo, que le prohibía el contacto físico con la plebe. Además se fueron incubando celos en los demás miembros de la familia real, debido a la popularidad que fué adquiriendo en el reino. Porque necesitaba amor, se hacía amar. Ahora, ya divorciada, creyó encontrar un poco de felicidad en un seductor y millonario egipcio, que terminó al igual que ella, ofrendando su vida en aras del amor, como en la tragedia de Romeo y Julieta. La existencia de la princesa fue pues, de un permanente trasegar en búsqueda del sendero del amor y cuando este no se encuentra, el camino nos conduce inevitablemente a la muerte. Es la dualidad perpetua del Eros y el Tánatos en el ser humano. © Gustavo Román Rodríguez ( Todos los derechos reservados por el autor )
Investigan a Estados Unidos
LA AGENCIA DE SEGURIDAD NACIONAL NIEGA LAS SOSPECHAS
Investigan si EEUU espiaba a Lady Di
La sede de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU. (Foto: AFP)
Actualizado jueves 14/12/2006 04:26 (CET)
REUTERS
WASHINGTON.- Espías del gobierno de Estados Unidos tenían intervenido el teléfono de la princesa Diana la noche en que murió. De ser así, saber qué agencia lo hizo es un misterio.
Se espera que un informe de la policía británica largamente aguardado, previsto para el jueves, divulgue nuevos detalles en torno al choque a gran velocidad en París que provocó la muerte de Diana, de 36 años, su amante Dodi Al Fayed, de 42, y su chófer, Henri Paul, el 31 de agosto de 1997.
Periódicos británicos, que citaron filtraciones de la investigación de Scotland Yard, han informado de que espías estadounidenses controlaban el teléfono de la habitación de Diana en el hotel Ritz de París sin el conocimiento de sus colegas británicos.
Esto originó una especulación mediática en Estados Unidos acerca de qué agencia podría ser la culpable. Un informe de CBS News citó rumores que circulan desde hace tiempo de que Diana había captado la atención de la CIA por su activismo de alto perfil contra las minas antipersonales.
"Basura", respondió el martes un portavoz de la CIA. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), recientemente en el centro de la controversia por su programa de espionaje doméstico, tomó la rara medida de afirmar que no tuvo a Diana como "blanco".
La agencia, que se especializa en vigilancia electrónica y decodificación, sí reconoció en un comunicado que tiene en archivo 39 documentos de inteligencia referidos a la princesa. Pero la NSA agregó: "Nunca fue la informante".
Un artículo periodístico insinuó que el espionaje estuvo en manos del Servicio Secreto de Estados Unidos, una agencia de aplicación de la ley que protege al presidente y el vicepresidente e investiga la falsificación de dinero. "Probablemente debieron decir servicio de 'inteligencia'", dijo un portavoz del Servicio Secreto que negó cualquier complicidad con la agencia de policía federal.
La oficina del jefe de inteligencia estadounidense, John Negroponte, que supervisa los 16 organismos de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, ni quiso hacer comentarios, y dijo que la muerte de Diana ocurrió mucho antes de las reformas posteriores al 11 de septiembre, que crearon su cargo en 2004.
Investigan si EEUU espiaba a Lady Di
La sede de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU. (Foto: AFP)
Actualizado jueves 14/12/2006 04:26 (CET)
REUTERS
WASHINGTON.- Espías del gobierno de Estados Unidos tenían intervenido el teléfono de la princesa Diana la noche en que murió. De ser así, saber qué agencia lo hizo es un misterio.
Se espera que un informe de la policía británica largamente aguardado, previsto para el jueves, divulgue nuevos detalles en torno al choque a gran velocidad en París que provocó la muerte de Diana, de 36 años, su amante Dodi Al Fayed, de 42, y su chófer, Henri Paul, el 31 de agosto de 1997.
Periódicos británicos, que citaron filtraciones de la investigación de Scotland Yard, han informado de que espías estadounidenses controlaban el teléfono de la habitación de Diana en el hotel Ritz de París sin el conocimiento de sus colegas británicos.
Esto originó una especulación mediática en Estados Unidos acerca de qué agencia podría ser la culpable. Un informe de CBS News citó rumores que circulan desde hace tiempo de que Diana había captado la atención de la CIA por su activismo de alto perfil contra las minas antipersonales.
"Basura", respondió el martes un portavoz de la CIA. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), recientemente en el centro de la controversia por su programa de espionaje doméstico, tomó la rara medida de afirmar que no tuvo a Diana como "blanco".
La agencia, que se especializa en vigilancia electrónica y decodificación, sí reconoció en un comunicado que tiene en archivo 39 documentos de inteligencia referidos a la princesa. Pero la NSA agregó: "Nunca fue la informante".
Un artículo periodístico insinuó que el espionaje estuvo en manos del Servicio Secreto de Estados Unidos, una agencia de aplicación de la ley que protege al presidente y el vicepresidente e investiga la falsificación de dinero. "Probablemente debieron decir servicio de 'inteligencia'", dijo un portavoz del Servicio Secreto que negó cualquier complicidad con la agencia de policía federal.
La oficina del jefe de inteligencia estadounidense, John Negroponte, que supervisa los 16 organismos de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, ni quiso hacer comentarios, y dijo que la muerte de Diana ocurrió mucho antes de las reformas posteriores al 11 de septiembre, que crearon su cargo en 2004.
Todos con ella
Todos por Lady Di
A raíz del décimo aniversario de la muerte de Lady Di —fallecida el 31 de agosto de 1997, luego de un accidente automovilístico en París—, William y Harry, sus hijos, decidieron recordarla con honores y música. Lo que se sabe, hasta ahora, es que el año que viene organizarán un concierto y un servicio religioso, en Londres. "El objetivo es recordar su vida. Queremos que el concierto esté lleno de energía, alegría y felicidad, como sé que ella hubiera querido", dijo William, de 24 años, durante una entrevista con la cadena BBC. Según los planes anunciados, primero se haría el show de música pop bajo el título Concierto para Diana. Se haría el domingo 1° de julio de 2007, día en que la princesa hubiera cumplido 46 años, y el lugar elegido para la fiesta es el mítico estadio de Wembley. "Buscamos que el encuentro represente lo que nuestra madre hubiera querido. De modo que un servicio religioso habría sido algo insuficiente", agregó William. Se espera que sir Elton John, que cantó Candle in the Wind (Una vela en el viento) en el funeral de Diana —el 6 de setiembre de 1997, en la Abadía de Westminster—, sea parte del asunto, así como los Duran Duran, banda preferida de Lady Di. Otros números previstos: Joss Stone, Pharell Willams y Bryan Ferry.Además, el 31 de agosto, fecha del décimo aniversario de la muerte de Diana, habrá un oficio religioso donde estarán los dos grupos familiares. "La parte de nuestra madre y nuestro padre, todos unidos. Va a ser una buena ocasión para todos", resaltó William. Lo que se recaude en el concierto (las entradas costarán 66 euros) será destinado a entidades que, en vida, apoyaba la princesa.
A raíz del décimo aniversario de la muerte de Lady Di —fallecida el 31 de agosto de 1997, luego de un accidente automovilístico en París—, William y Harry, sus hijos, decidieron recordarla con honores y música. Lo que se sabe, hasta ahora, es que el año que viene organizarán un concierto y un servicio religioso, en Londres. "El objetivo es recordar su vida. Queremos que el concierto esté lleno de energía, alegría y felicidad, como sé que ella hubiera querido", dijo William, de 24 años, durante una entrevista con la cadena BBC. Según los planes anunciados, primero se haría el show de música pop bajo el título Concierto para Diana. Se haría el domingo 1° de julio de 2007, día en que la princesa hubiera cumplido 46 años, y el lugar elegido para la fiesta es el mítico estadio de Wembley. "Buscamos que el encuentro represente lo que nuestra madre hubiera querido. De modo que un servicio religioso habría sido algo insuficiente", agregó William. Se espera que sir Elton John, que cantó Candle in the Wind (Una vela en el viento) en el funeral de Diana —el 6 de setiembre de 1997, en la Abadía de Westminster—, sea parte del asunto, así como los Duran Duran, banda preferida de Lady Di. Otros números previstos: Joss Stone, Pharell Willams y Bryan Ferry.Además, el 31 de agosto, fecha del décimo aniversario de la muerte de Diana, habrá un oficio religioso donde estarán los dos grupos familiares. "La parte de nuestra madre y nuestro padre, todos unidos. Va a ser una buena ocasión para todos", resaltó William. Lo que se recaude en el concierto (las entradas costarán 66 euros) será destinado a entidades que, en vida, apoyaba la princesa.
Compleja investigacion
La investigación de la muerte de Lady Di, "más compleja de lo previsto"
EFE. 26.05.2006 - 17:45h
Diana de Gales ©Korpa
Lord Stevens, el ex alto comisionado para la Policía Metropolitana, jefe de la investigación, afirma que no ignora ninguna pista.
La investigación sobre la muerte de la princesa Diana de Gales es "más compleja de lo previsto", según el jefe de las pesquisas, lord Stevens, quien se dice dispuesto a "dilucidar, de una vez por todas, este asunto".
En una entrevista publicada en la edición del sábado del vespertino "Le Monde", lord Stevens considera que "las familias de las víctimas tienen derecho a conocer la verdad" sobre las causas de la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed.
Mohammed Al fayed continúa pensando que detrás de la muerte de Dodi y Diana se encuentra la familia real británica
La princesa, de 36 años, y Dodi Al Fayed, de 42, fallecieron cuando el vehículo en el que viajaban a gran velocidad chocó contra uno de los pilares de un túnel de París, el 31 de agosto de 1997.
La investigación judicial francesa concluyó que fueron diversas las causas del accidente, tales como el exceso de velocidad y la ingesta de alcohol y tranquilizantes por el chófer, Henri Paul.
El método de trabajo de Stevens se basa en "no ignorar ninguna pista", y en ese sentido ha interrogado a todos los protagonistas del drama, incluido el príncipe Carlos, así como a "uno o dos" nuevos testigos, que no identifica.
Si se demuestra que no hubo conspiración y sí un accidente, Al Fayed tendría que indemnizar a la familia de Diana y a la del guardaespaldas
Su equipo, que ha inspeccionado hasta el más mínimo detalle, ha repatriado al Reino Unido los restos del coche accidentado y lo ha reconstruido en un laboratorio inglés, siguiendo los preceptos de Sherlock Holmes. No en vano Stevens dirigió Scotland Yard de 2000 a 2005.
Su equipo ha leído asimismo con lupa las 6.000 páginas del informe francés sobre este caso. Las conclusiones de Stevens son esperadas en los próximos meses y se harán públicas durante una audiencia judicial, prevista en 2007, tras la cual un tribunal se pronunciará sobre si la muerte de Diana de Gales y su amante fue o no accidental.
Mohamed Al Fayed, millonario y dueño de los almacenes londinense Harrods, sostiene que la muerte de su hijo y Diana se debió a una conspiración urdida por la Familia Real británica y los servicios de espionaje británicos.
"Le Monde" pone, por su parte, el acento en que detrás de este caso hay también grandes intereses económicos pues, si finalmente se concluye que fue un accidente, Al Fayed podría tener que indemnizar a la familia de Diana de Gales, los Spencer, y al guardaespaldas de la princesa que sobrevivió al siniestro. El coche accidentado fue suministrado por un hotel parisiense de su propiedad y el chófer era uno de sus asalariados
EFE. 26.05.2006 - 17:45h
Diana de Gales ©Korpa
Lord Stevens, el ex alto comisionado para la Policía Metropolitana, jefe de la investigación, afirma que no ignora ninguna pista.
La investigación sobre la muerte de la princesa Diana de Gales es "más compleja de lo previsto", según el jefe de las pesquisas, lord Stevens, quien se dice dispuesto a "dilucidar, de una vez por todas, este asunto".
En una entrevista publicada en la edición del sábado del vespertino "Le Monde", lord Stevens considera que "las familias de las víctimas tienen derecho a conocer la verdad" sobre las causas de la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed.
Mohammed Al fayed continúa pensando que detrás de la muerte de Dodi y Diana se encuentra la familia real británica
La princesa, de 36 años, y Dodi Al Fayed, de 42, fallecieron cuando el vehículo en el que viajaban a gran velocidad chocó contra uno de los pilares de un túnel de París, el 31 de agosto de 1997.
La investigación judicial francesa concluyó que fueron diversas las causas del accidente, tales como el exceso de velocidad y la ingesta de alcohol y tranquilizantes por el chófer, Henri Paul.
El método de trabajo de Stevens se basa en "no ignorar ninguna pista", y en ese sentido ha interrogado a todos los protagonistas del drama, incluido el príncipe Carlos, así como a "uno o dos" nuevos testigos, que no identifica.
Si se demuestra que no hubo conspiración y sí un accidente, Al Fayed tendría que indemnizar a la familia de Diana y a la del guardaespaldas
Su equipo, que ha inspeccionado hasta el más mínimo detalle, ha repatriado al Reino Unido los restos del coche accidentado y lo ha reconstruido en un laboratorio inglés, siguiendo los preceptos de Sherlock Holmes. No en vano Stevens dirigió Scotland Yard de 2000 a 2005.
Su equipo ha leído asimismo con lupa las 6.000 páginas del informe francés sobre este caso. Las conclusiones de Stevens son esperadas en los próximos meses y se harán públicas durante una audiencia judicial, prevista en 2007, tras la cual un tribunal se pronunciará sobre si la muerte de Diana de Gales y su amante fue o no accidental.
Mohamed Al Fayed, millonario y dueño de los almacenes londinense Harrods, sostiene que la muerte de su hijo y Diana se debió a una conspiración urdida por la Familia Real británica y los servicios de espionaje británicos.
"Le Monde" pone, por su parte, el acento en que detrás de este caso hay también grandes intereses económicos pues, si finalmente se concluye que fue un accidente, Al Fayed podría tener que indemnizar a la familia de Diana de Gales, los Spencer, y al guardaespaldas de la princesa que sobrevivió al siniestro. El coche accidentado fue suministrado por un hotel parisiense de su propiedad y el chófer era uno de sus asalariados
El mayordomo
El mayordomo de Lady Di publica su segundo libro
EFE. 04.09.2006 - 12:06h
Ampliar fotoPaul Burrell sosteniendo su primer libro "Royal Duty".
Cuatro años después de revelar en un libro los secretos más íntimos de la fallecida Diana de Gales, el ex mayordomo de la princesa, Paul Burrell, ha escrito una secuela que rechaza la teoría, alimentada por algún otro tabloide, de que lady Di fue asesinada, informa hoy "Daily Mail".
Estas nuevas revelaciones, que se publicarán por entregas el dominical del "Mail", coinciden con el noveno aniversario de la muerte de Diana de Gales y de su amante Dodi Al Fayed en un accidente de tráfico en el túnel del puente Alma en París.
Titulado "The Way We Were" (Tal como éramos), el libro recoge nuevos datos que desacreditan la hipótesis que sostiene el empresario Mohamed Al Fayed, padre de Dodi, de que la pareja fue asesinada para evitar que la princesa, divorciada del heredero al trono británico, Carlos de Inglaterra, se casara con un musulmán.
Burrell afirma haber descubierto el "misterio" que rodea al anillo que Dodi regaló a Lady Di dos días antes de su muerte, considerado por muchos una alianza de compromiso.
Según el mayordomo, no existía ningún compromiso de boda porque la princesa llevaba la joya en su mano derecha como "un anillo de amistad".
Sin embargo, los investigadores del caso "Diana" no consideran la revelación de Burrell como "una nueva prueba" porque, según ellos, el mayordomo les dijo todo lo que sabía cuando fue interrogado por la policía hace dos años.
Clarence House, residencia oficial del príncipe Carlos, no ha hecho ningún comentario sobre el libro, aunque una fuente cercana a Guillermo y Enrique de Inglaterra, hijos de la fallecida, señaló que "los príncipes se sienten traicionaos y decepcionados al igual que hace cuatro años, cuando Paul Burrell publicó su libro".
Burrell obtuvo grandes beneficios económicos con aquella obra, titulada "Royal Duty" (Deber real) y de la que se llevan vendidos hasta ahora más de medio millón de ejemplares.
EFE. 04.09.2006 - 12:06h
Ampliar fotoPaul Burrell sosteniendo su primer libro "Royal Duty".
Cuatro años después de revelar en un libro los secretos más íntimos de la fallecida Diana de Gales, el ex mayordomo de la princesa, Paul Burrell, ha escrito una secuela que rechaza la teoría, alimentada por algún otro tabloide, de que lady Di fue asesinada, informa hoy "Daily Mail".
Estas nuevas revelaciones, que se publicarán por entregas el dominical del "Mail", coinciden con el noveno aniversario de la muerte de Diana de Gales y de su amante Dodi Al Fayed en un accidente de tráfico en el túnel del puente Alma en París.
Titulado "The Way We Were" (Tal como éramos), el libro recoge nuevos datos que desacreditan la hipótesis que sostiene el empresario Mohamed Al Fayed, padre de Dodi, de que la pareja fue asesinada para evitar que la princesa, divorciada del heredero al trono británico, Carlos de Inglaterra, se casara con un musulmán.
Burrell afirma haber descubierto el "misterio" que rodea al anillo que Dodi regaló a Lady Di dos días antes de su muerte, considerado por muchos una alianza de compromiso.
Según el mayordomo, no existía ningún compromiso de boda porque la princesa llevaba la joya en su mano derecha como "un anillo de amistad".
Sin embargo, los investigadores del caso "Diana" no consideran la revelación de Burrell como "una nueva prueba" porque, según ellos, el mayordomo les dijo todo lo que sabía cuando fue interrogado por la policía hace dos años.
Clarence House, residencia oficial del príncipe Carlos, no ha hecho ningún comentario sobre el libro, aunque una fuente cercana a Guillermo y Enrique de Inglaterra, hijos de la fallecida, señaló que "los príncipes se sienten traicionaos y decepcionados al igual que hace cuatro años, cuando Paul Burrell publicó su libro".
Burrell obtuvo grandes beneficios económicos con aquella obra, titulada "Royal Duty" (Deber real) y de la que se llevan vendidos hasta ahora más de medio millón de ejemplares.
El informe policial sobre la muerte de lady Di se hará público el 14 de diciembre
20MINUTOS.ES / EFE. 30.11.2006 - 21:26h
Ampliar fotoDiana de Gales.
Con declaraciones de 1.500 testigos.
Entre ellas, la del príncipe Carlos, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.
Investigaban si la pareja murió víctima de una conspiración.
A comienzos de 2007, diez años después de su muerte, se iniciará la investigación judicial.
Los resultados de la investigación policial sobre la muerte de Diana de Gales en un accidente de tráfico acaecido en París el 31 de agosto de 1997 se harán públicos el próximo 14 de diciembre.
El ex comisario de Scotland Yard, Lord John Stevens, presentará entonces su informe sobre lo ocurrido, que contiene declaraciones de 1.500 testigos, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.
A principios de este año, el ex jefe de la policía, que lleva el caso desde enero de 2004, advirtió de que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja" de lo que se pensaba.
Teoría de la conspiración
Stevens trata de verificar, entre otras cosas, las alegaciones de Mohamed Al Fayed, padre de Dodi y dueño de los lujosos almacenes Harrods de Londres, quien ha mantenido siempre que la pareja murió a consecuencia de una conspiración.
Diana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al estrellarse el mercedes que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma.
La pareja sufrió el fatal accidente poco después de abandonar el hotel Ritz de París y tras ser perseguidos por varios "paparazzi".
En 1999, un juez francés concluyó que la tragedia acaeció porque el chófer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público.
Y después, la investigación judicial
En septiembre pasado se anunció que la investigación judicial sobre la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed comenzaría al inicio de 2007, tras la presentación de las conclusiones policiales y el año del décimo aniversario del accidente.
Un grupo de abogados del Palacio de Buckingham han sido invitados a asistir a las vistas preliminares de la investigación judicial, que dirigirá la jueza Elizabeth Butler-Sloss .
Al Fayed advirtió hoy de que se opondrá a cualquier iniciativa que conduzca a que la investigación judicial se desarrolle en secreto.
20MINUTOS.ES / EFE. 30.11.2006 - 21:26h
Ampliar fotoDiana de Gales.
Con declaraciones de 1.500 testigos.
Entre ellas, la del príncipe Carlos, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.
Investigaban si la pareja murió víctima de una conspiración.
A comienzos de 2007, diez años después de su muerte, se iniciará la investigación judicial.
Los resultados de la investigación policial sobre la muerte de Diana de Gales en un accidente de tráfico acaecido en París el 31 de agosto de 1997 se harán públicos el próximo 14 de diciembre.
El ex comisario de Scotland Yard, Lord John Stevens, presentará entonces su informe sobre lo ocurrido, que contiene declaraciones de 1.500 testigos, entre ellos el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero al trono británico y ex esposo de Lady Di.
A principios de este año, el ex jefe de la policía, que lleva el caso desde enero de 2004, advirtió de que la investigación policial estaba resultando "mucho más compleja" de lo que se pensaba.
Teoría de la conspiración
Stevens trata de verificar, entre otras cosas, las alegaciones de Mohamed Al Fayed, padre de Dodi y dueño de los lujosos almacenes Harrods de Londres, quien ha mantenido siempre que la pareja murió a consecuencia de una conspiración.
Diana de Gales, de 36 años, falleció el 31 de agosto de 1997, junto a Dodi Al Fayed, de 42 años, y el conductor Henri Paul, al estrellarse el mercedes que viajaban contra una columna del parisino túnel de Alma.
La pareja sufrió el fatal accidente poco después de abandonar el hotel Ritz de París y tras ser perseguidos por varios "paparazzi".
En 1999, un juez francés concluyó que la tragedia acaeció porque el chófer conducía bajo la influencia del alcohol y de los antidepresivos, tras analizar las pesquisas contenidas en un informe que nunca se hizo público.
Y después, la investigación judicial
En septiembre pasado se anunció que la investigación judicial sobre la muerte de Diana de Gales y Dodi Al Fayed comenzaría al inicio de 2007, tras la presentación de las conclusiones policiales y el año del décimo aniversario del accidente.
Un grupo de abogados del Palacio de Buckingham han sido invitados a asistir a las vistas preliminares de la investigación judicial, que dirigirá la jueza Elizabeth Butler-Sloss .
Al Fayed advirtió hoy de que se opondrá a cualquier iniciativa que conduzca a que la investigación judicial se desarrolle en secreto.
Sin ella
¿QUE HARAN SIN LADY DI?
La muerte de Diana de Gales replanteó abruptamente la cuestión, para muchos urgente, de la renovacion de la monarquía británica.
En 16 años de vida pública, Lady Di, tímida aristócrata convertida en "star", hoy comparada con Gracia de Mónaco y Marylin Monroe, transtornó los usos de la familia real e introdujo cambios irreversibles.
Mujer moderna y, sobre todo, gran comunicadora, la "mujer más fotografiada del mundo" no solo fue víctima del asedio de los medios, sino que también aprendió a manejarlos de manera que sirvieran a sus causas sociales e, incluso, a reforzar su posición de víctima del desamor del príncipe Carlos.
Paradójicamente, su facilidad para acaparar la atención de los medios, que mantuvo siempre en un segundo plano al frío heredero del trono, habría contribuido al fracaso de su matrimonio: "con la atención de la prensa, llegaron los celos", declaró la propia Diana en 1995.
"En los últimos años, Diana reinventó la realeza, orientándola en una dirección que tal vez sea la única que le permita sobrevivir", opina el biógrafo real Anthony Holden.
Al tomarse grandes libertades con la etiqueta, al acercarse y tomar con sus manos a los enfermos de sida, a los abandonados, Lady Di adentró en el mundo actual a una monarquía inmovilista y altanera. La "princesa del pueblo", como la llamó el domingo el primer ministro Tony Blair, hizo que la familia real se abriera al gran público, transformando la televisión en confesionario y acercándola a su pueblo en un momento en el que las encuestas revelaban que apenas el 80 por ciento de los británicos cree que la casa de Windsor no se preocupa por las necesidades de la gente.
"Nunca volverá a haber una princesa igual, pero, del mismo modo, la monarquía no podrá seguir siendo la misma", sostenía la semana pasada el Financial Times. Tras la elección triunfal del laborista Tony Blair, con un programa que incluye la renovación de las instituciones, cada vez se alzan más voces para que la monarquía cambie de faz y estilo.
Después de todo, la realeza no puede pasar por alto que, en un reciente sondeo del periódico "The Guardian", menos de la mitad de los encuestados consideraron útil a la monarquía. Es más, el mismo estudio reveló que la mayoría de jóvenes británicos consideran que su país estaría mejor sin la realeza.
Para la cronista Polly Toynbee, "la monarquía puede peligrar". Diana llegaba precisamente a aquellos "jóvenes escépticos", y hoy muchos dudan que el príncipe Carlos sea capaz de dar el deseado nuevo impulso al sistema: es probable que sus pasados problemas, su frialdad con Lady Di, pesen ahora en contra suya.
Despues del "annus horribilis" de 1992, con la separación de Carlos y Diana y el divorcio del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, la reina Isabel II formó un grupo de reflexión sobre la reforma de la monarquía, pero aún no se tomó ninguna decisión.
El legado de Diana descansa ahora en sus hijos Guillermo, de 15 años, y Enrique, de 12. Madre solícita, la princesa hizo cuanto pudo por sacarlos de la jaula dorada de los palacios reales, llevándolos al cine, a fiestas y parques de atracciones. Pero, con una monarquía en riesgo, ¿les llegará a ellos el turno de reinar? (AFP-HOY)
EL DILEMA DEL PRINCIPE
Si bien el divorcio de Carlos y Diana, oficialmente anunciado el 28 de agosto de 1996, puso fin a las públicas escaramuzas de la pareja, también contribuyó a complicar el tema de la sucesión del trono británico.
El príncipe de Gales es el primero en la línea de sucesión de Isabel II, pero la imagen pública de Carlos quedó muy dañada después de los episodios de infidelidad que rodearon a su fallido matrimonio, y la reina sabe muy bien que un rey impopular no es precisamente lo que necesita una monarquía desgastada por los escándalos.
Ahora, en Gran Bretaña, abundan los rumores de que la reina no dejará gobernar a Carlos. Se dice que su nieto, Guillermo, será el próximo rey.
La muerte de Lady Di, lejos de allanarle el camino a Carlos, se lo complica. El pueblo pasó por alto los amoríos de Diana con el oficial de Caballería James Hewitt, pero a ese personaje gris y lejano llamado Carlos nunca le perdonarán que su relación con Camila Parker Bowles haya arruinado su matrimonio.
Días antes de la muerte de la princesa, se decía que Carlos no tardaría mucho en casarse con Camilla, su "amiga de toda la vida". Pero, ahora que la muerte ha trocado a Diana en un mito para los británicos, no sería nada prudente reemplazarla... y menos con Camilla.
Para colmo, la iglesia anglicana no ve con buenos ojos la coronación de un adúltero confeso y, hace poco, anunció que no está dispuesta a tolerar un matrimonio de dos adúlteros. Carlos parece enfrentarse a la misma disyuntiva que un día vivió Eduardo VIII: el trono o el amor. El tío abuelo del príncipe de Gales optó por el amor y se casó con la norteamericana divorcida Wallis Simpson. ¿Hará lo mismo Carlos por Camilla?
La muerte de Diana de Gales replanteó abruptamente la cuestión, para muchos urgente, de la renovacion de la monarquía británica.
En 16 años de vida pública, Lady Di, tímida aristócrata convertida en "star", hoy comparada con Gracia de Mónaco y Marylin Monroe, transtornó los usos de la familia real e introdujo cambios irreversibles.
Mujer moderna y, sobre todo, gran comunicadora, la "mujer más fotografiada del mundo" no solo fue víctima del asedio de los medios, sino que también aprendió a manejarlos de manera que sirvieran a sus causas sociales e, incluso, a reforzar su posición de víctima del desamor del príncipe Carlos.
Paradójicamente, su facilidad para acaparar la atención de los medios, que mantuvo siempre en un segundo plano al frío heredero del trono, habría contribuido al fracaso de su matrimonio: "con la atención de la prensa, llegaron los celos", declaró la propia Diana en 1995.
"En los últimos años, Diana reinventó la realeza, orientándola en una dirección que tal vez sea la única que le permita sobrevivir", opina el biógrafo real Anthony Holden.
Al tomarse grandes libertades con la etiqueta, al acercarse y tomar con sus manos a los enfermos de sida, a los abandonados, Lady Di adentró en el mundo actual a una monarquía inmovilista y altanera. La "princesa del pueblo", como la llamó el domingo el primer ministro Tony Blair, hizo que la familia real se abriera al gran público, transformando la televisión en confesionario y acercándola a su pueblo en un momento en el que las encuestas revelaban que apenas el 80 por ciento de los británicos cree que la casa de Windsor no se preocupa por las necesidades de la gente.
"Nunca volverá a haber una princesa igual, pero, del mismo modo, la monarquía no podrá seguir siendo la misma", sostenía la semana pasada el Financial Times. Tras la elección triunfal del laborista Tony Blair, con un programa que incluye la renovación de las instituciones, cada vez se alzan más voces para que la monarquía cambie de faz y estilo.
Después de todo, la realeza no puede pasar por alto que, en un reciente sondeo del periódico "The Guardian", menos de la mitad de los encuestados consideraron útil a la monarquía. Es más, el mismo estudio reveló que la mayoría de jóvenes británicos consideran que su país estaría mejor sin la realeza.
Para la cronista Polly Toynbee, "la monarquía puede peligrar". Diana llegaba precisamente a aquellos "jóvenes escépticos", y hoy muchos dudan que el príncipe Carlos sea capaz de dar el deseado nuevo impulso al sistema: es probable que sus pasados problemas, su frialdad con Lady Di, pesen ahora en contra suya.
Despues del "annus horribilis" de 1992, con la separación de Carlos y Diana y el divorcio del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, la reina Isabel II formó un grupo de reflexión sobre la reforma de la monarquía, pero aún no se tomó ninguna decisión.
El legado de Diana descansa ahora en sus hijos Guillermo, de 15 años, y Enrique, de 12. Madre solícita, la princesa hizo cuanto pudo por sacarlos de la jaula dorada de los palacios reales, llevándolos al cine, a fiestas y parques de atracciones. Pero, con una monarquía en riesgo, ¿les llegará a ellos el turno de reinar? (AFP-HOY)
EL DILEMA DEL PRINCIPE
Si bien el divorcio de Carlos y Diana, oficialmente anunciado el 28 de agosto de 1996, puso fin a las públicas escaramuzas de la pareja, también contribuyó a complicar el tema de la sucesión del trono británico.
El príncipe de Gales es el primero en la línea de sucesión de Isabel II, pero la imagen pública de Carlos quedó muy dañada después de los episodios de infidelidad que rodearon a su fallido matrimonio, y la reina sabe muy bien que un rey impopular no es precisamente lo que necesita una monarquía desgastada por los escándalos.
Ahora, en Gran Bretaña, abundan los rumores de que la reina no dejará gobernar a Carlos. Se dice que su nieto, Guillermo, será el próximo rey.
La muerte de Lady Di, lejos de allanarle el camino a Carlos, se lo complica. El pueblo pasó por alto los amoríos de Diana con el oficial de Caballería James Hewitt, pero a ese personaje gris y lejano llamado Carlos nunca le perdonarán que su relación con Camila Parker Bowles haya arruinado su matrimonio.
Días antes de la muerte de la princesa, se decía que Carlos no tardaría mucho en casarse con Camilla, su "amiga de toda la vida". Pero, ahora que la muerte ha trocado a Diana en un mito para los británicos, no sería nada prudente reemplazarla... y menos con Camilla.
Para colmo, la iglesia anglicana no ve con buenos ojos la coronación de un adúltero confeso y, hace poco, anunció que no está dispuesta a tolerar un matrimonio de dos adúlteros. Carlos parece enfrentarse a la misma disyuntiva que un día vivió Eduardo VIII: el trono o el amor. El tío abuelo del príncipe de Gales optó por el amor y se casó con la norteamericana divorcida Wallis Simpson. ¿Hará lo mismo Carlos por Camilla?
Barbara Streissand
Elvis, Dodi Al Fayed, Carlos de Inglaterra y Bill Clinton fueron amantes de Barbra Streissand
20minutos/Agencias. 28.03.2006 - 19:02h
Barbra Streissand ©Korpa
Todos ellos y algunos más pasaron por la cama de la gran diva de la canción, ídolo e icono de los gays norteamericanos .
En el texto se afirma que la cantante y actriz, nacida en 1942, compartió también amores con compañeros de profesión como Warren Beatty, Don Johnson y Elliot Gould, además de Dodi Al Fayed, que mantenía una relación con Diana de Gales cuando ambos murieron en un accidente automovilístico en París en 1997.
De acuerdo con el libro cuyo título podría traducirse literalmente como "Barbra, tal como es", escrito por Christopher Andersen, el encuentro de Carlos de Inglaterra y Barbra Streisand ocurrió durante una estancia del primero en Los Angeles (EEUU).
Barbra tenía el mismo gusto que Diana de Gales
Según Andersen, el supuesto idilio tuvo lugar durante una visita de la cantante y actriz al heredero británico en la suite que éste ocupaba en el Hotel Bel Air, que de manera oficial se presentó como "un té de carácter privado". "Carlos estaba loco por ella", afirma el especialista de prensa del corazón Harold Brooks-Baker, citado en el libro y que recuerda "la procesión de mujeres que a lo largo de los años han tomado un té en privado" con el heredero de la Corona británica.
En el caso de Bill Clinton, en el texto se mantiene que Barbra Streisand pasó en 1993 una noche en la Alcoba Lincoln de la Casa Blanca mientras la esposa del entonces presidente estadounidense, Hillary, cuidaba a su padre enfermo. "Me voy a cuidar a mi padre y tu estás aquí con Barbra, *era necesario que se quedara toda la noche?", le dijo Hillary a su marido cuando se enteró del suceso, de acuerdo con un mayordomo de la residencia presidencial al que no se identifica.
Mientras Hillary cuidaba a su padre enfermo, Barbra hacía lo mismo con Clinton en la Suite Lincoln de la Casa Blanca
Lo de Elvis Presley fue más expeditivo, ya que en el libro se asegura que, tras una actuación de Barbra Streisand en Las Vegas, el rey del rock "se presentó en su camerino, y antes de que ella pudiera reaccionar, echó el cerrojo de la puerta". "Me quedé sin habla", confesaría luego Barbra Steisand, según el relato de David Kramer, empleado del Hotel Internacional, donde ese testigo afirma que "los dos pasaron a continuación varias noches juntos".
En el libro se mantiene que la aventura con Dodi Al Fayed sobrevino después de que el rico heredero egipcio concluyera su relación con Koo Stark, una actriz que saltó a las páginas de los periódicos por su idilio con el príncipe Andrés de Inglaterra.
Andersen asevera que ya entonces Al Fayed instruía a sus chóferes para que apretaran a fondo el acelerador a fin de dejar atrás a los paparazzi, y que con Barbra Streisand protagonizó por las calles de Los Angeles una de aquellas enloquecidas fugas que años después le costarían la vida, en compañía de Diana de Gales.
Actualmente Barbra Streisand está felizmente casada con James Brolin, (foto superior)el repeinado protagonista de la conocida serie de televisión Hotel, de gran éxito en los ochenta.
20minutos/Agencias. 28.03.2006 - 19:02h
Barbra Streissand ©Korpa
Todos ellos y algunos más pasaron por la cama de la gran diva de la canción, ídolo e icono de los gays norteamericanos .
En el texto se afirma que la cantante y actriz, nacida en 1942, compartió también amores con compañeros de profesión como Warren Beatty, Don Johnson y Elliot Gould, además de Dodi Al Fayed, que mantenía una relación con Diana de Gales cuando ambos murieron en un accidente automovilístico en París en 1997.
De acuerdo con el libro cuyo título podría traducirse literalmente como "Barbra, tal como es", escrito por Christopher Andersen, el encuentro de Carlos de Inglaterra y Barbra Streisand ocurrió durante una estancia del primero en Los Angeles (EEUU).
Barbra tenía el mismo gusto que Diana de Gales
Según Andersen, el supuesto idilio tuvo lugar durante una visita de la cantante y actriz al heredero británico en la suite que éste ocupaba en el Hotel Bel Air, que de manera oficial se presentó como "un té de carácter privado". "Carlos estaba loco por ella", afirma el especialista de prensa del corazón Harold Brooks-Baker, citado en el libro y que recuerda "la procesión de mujeres que a lo largo de los años han tomado un té en privado" con el heredero de la Corona británica.
En el caso de Bill Clinton, en el texto se mantiene que Barbra Streisand pasó en 1993 una noche en la Alcoba Lincoln de la Casa Blanca mientras la esposa del entonces presidente estadounidense, Hillary, cuidaba a su padre enfermo. "Me voy a cuidar a mi padre y tu estás aquí con Barbra, *era necesario que se quedara toda la noche?", le dijo Hillary a su marido cuando se enteró del suceso, de acuerdo con un mayordomo de la residencia presidencial al que no se identifica.
Mientras Hillary cuidaba a su padre enfermo, Barbra hacía lo mismo con Clinton en la Suite Lincoln de la Casa Blanca
Lo de Elvis Presley fue más expeditivo, ya que en el libro se asegura que, tras una actuación de Barbra Streisand en Las Vegas, el rey del rock "se presentó en su camerino, y antes de que ella pudiera reaccionar, echó el cerrojo de la puerta". "Me quedé sin habla", confesaría luego Barbra Steisand, según el relato de David Kramer, empleado del Hotel Internacional, donde ese testigo afirma que "los dos pasaron a continuación varias noches juntos".
En el libro se mantiene que la aventura con Dodi Al Fayed sobrevino después de que el rico heredero egipcio concluyera su relación con Koo Stark, una actriz que saltó a las páginas de los periódicos por su idilio con el príncipe Andrés de Inglaterra.
Andersen asevera que ya entonces Al Fayed instruía a sus chóferes para que apretaran a fondo el acelerador a fin de dejar atrás a los paparazzi, y que con Barbra Streisand protagonizó por las calles de Los Angeles una de aquellas enloquecidas fugas que años después le costarían la vida, en compañía de Diana de Gales.
Actualmente Barbra Streisand está felizmente casada con James Brolin, (foto superior)el repeinado protagonista de la conocida serie de televisión Hotel, de gran éxito en los ochenta.
Paparazzi condeando
'Paparazzi' condenado a pagar un euro por noche de muerte Diana
Reuters. 22.02.2006 - 16:48h
PARÍS (Reuters) - Un tribunal francés ha condenado a tres fotógrafos a pagar un euro en concepto de daños por quebrantar las leyes de privacidad al tomar imágenes de la princesa Diana en la noche de su accidente mortal de tráfico, según una sentencia dada a conocer el miércoles.
El único euro que tendrán que abonar los tres será para Mohamed al Fayed, el millonario nacido en Egipto y padre de Dodi al Fayed, que acompañaba a Diana en el coche en el que murieron.
El 31 de agosto de 1997 ambos viajaban junto al chófer Henri Paul en un Mercedes que se estrelló contra el pilar de un túnel parisino después de salir del hotel Ritz seguido de varios fotógrafos en motocicletas.
Los 'paparazzi' fueron condenados el viernes después de que el tribunal de apelación de París desestimara una sentencia anterior y decidiera que los tres invadieron la privacidad de la pareja en dos ocasiones durante esta tarde.
La primera vez fue cuando les estaban fotografiando cerca del Ritz, y la segunda fue al tomar imágenes de la princesa después del accidente en el túnel de Almá.
Esta decisión se produce después de una larga batalla legal de los fotógrafos Jacques Langevin, Christian Martinez y Eric Chassery.
El tribunal de apelaciones más importante del país decidió en abril del año pasado que se repitiera el juicio, después de ser absueltos en uno anterior.
Mohamed al Fayed apeló contra esa absolución, que seguía a otra que tuvo lugar en noviembre de 2003.
Una investigación de las autoridades francesas en 1999 determinó que el accidente se produjo porque Paul estaba bebido y conducía demasiado rápido, pero las circunstancias del accidente siguen siendo polémicas.
Al Fayed, propietario de los grandes almacenes londinenses Harrods, quiere que los 'paparazzi' sean castigados, y cree que su hijo y Diana fueron asesinados por el servicio secreto británico porque su relación era un motivo de sonrojo para la Casa Real británica.
Diana se había divorciado del príncipe Carlos, heredero del trono británico, en 1996, cuatro años después de la ruptura del matrimonio.
Carlos se casó finalmente el año pasado con quien durante muchos años fue su amante, Camilla Parker Bowles.
Reuters. 22.02.2006 - 16:48h
PARÍS (Reuters) - Un tribunal francés ha condenado a tres fotógrafos a pagar un euro en concepto de daños por quebrantar las leyes de privacidad al tomar imágenes de la princesa Diana en la noche de su accidente mortal de tráfico, según una sentencia dada a conocer el miércoles.
El único euro que tendrán que abonar los tres será para Mohamed al Fayed, el millonario nacido en Egipto y padre de Dodi al Fayed, que acompañaba a Diana en el coche en el que murieron.
El 31 de agosto de 1997 ambos viajaban junto al chófer Henri Paul en un Mercedes que se estrelló contra el pilar de un túnel parisino después de salir del hotel Ritz seguido de varios fotógrafos en motocicletas.
Los 'paparazzi' fueron condenados el viernes después de que el tribunal de apelación de París desestimara una sentencia anterior y decidiera que los tres invadieron la privacidad de la pareja en dos ocasiones durante esta tarde.
La primera vez fue cuando les estaban fotografiando cerca del Ritz, y la segunda fue al tomar imágenes de la princesa después del accidente en el túnel de Almá.
Esta decisión se produce después de una larga batalla legal de los fotógrafos Jacques Langevin, Christian Martinez y Eric Chassery.
El tribunal de apelaciones más importante del país decidió en abril del año pasado que se repitiera el juicio, después de ser absueltos en uno anterior.
Mohamed al Fayed apeló contra esa absolución, que seguía a otra que tuvo lugar en noviembre de 2003.
Una investigación de las autoridades francesas en 1999 determinó que el accidente se produjo porque Paul estaba bebido y conducía demasiado rápido, pero las circunstancias del accidente siguen siendo polémicas.
Al Fayed, propietario de los grandes almacenes londinenses Harrods, quiere que los 'paparazzi' sean castigados, y cree que su hijo y Diana fueron asesinados por el servicio secreto británico porque su relación era un motivo de sonrojo para la Casa Real británica.
Diana se había divorciado del príncipe Carlos, heredero del trono británico, en 1996, cuatro años después de la ruptura del matrimonio.
Carlos se casó finalmente el año pasado con quien durante muchos años fue su amante, Camilla Parker Bowles.
Aventuras
Diana de Gales tuvo una aventura con John F. kennedy hijo
Ambos vivieron una apasionada aventura en un hotel de Nueva York, según revela el periodico británico The Sun.
El diario sensacionalista The Sun asegura que la aventura tuvo lugar en el mismo hotel en el que el ex presidente estadounidense John F. Kennedy se encontró con la actriz Mariyln Monroe.
Estas revelaciones están contenidas en un libro de Simone Simmons, amiga de la ex esposa del príncipe Carlos, y que lleva el título: "Diana: La última palabra".
De acuerdo con The Sun, Simmons mantuvo el secreto durante diez años, pero decidió contarlo para mostrar la otra cara de la personalidad de la princesa, más despreocupada de lo que parecía.
Simmons afirma que la princesa soñaba con ser la primera dama de Estados Unidos después de su encuentro con Kennedy hijo si éste seguía los pasos de su padre. Al parecer, la autora del libro entabló numerosas conversaciones con la princesa durante un período de cinco años. "Es la historia que ella quería que yo escribiera", afirmó Simmons al diario británico. "
Diana conoció al hijo del ex presidente de EEUU en Nueva York en 1995 cuando él trataba de convencerle que ofreciera una entrevista para su revista, George. La princesa de Gales rechazó la entrevista, pero aceptó reunirse con él en una suite del hotel Carlyle, según el libro.
Cuando Kennedy hijo llegó, Diana quedó deslumbrada por el encanto y su buen aspecto físico, añade.
Diana perdió la vida en un accidente de coche en el puente de Alma, en París, el 31 de agosto de 1997 y John F. Kennedy en un accidente de avión en 1999.
Ambos vivieron una apasionada aventura en un hotel de Nueva York, según revela el periodico británico The Sun.
El diario sensacionalista The Sun asegura que la aventura tuvo lugar en el mismo hotel en el que el ex presidente estadounidense John F. Kennedy se encontró con la actriz Mariyln Monroe.
Estas revelaciones están contenidas en un libro de Simone Simmons, amiga de la ex esposa del príncipe Carlos, y que lleva el título: "Diana: La última palabra".
De acuerdo con The Sun, Simmons mantuvo el secreto durante diez años, pero decidió contarlo para mostrar la otra cara de la personalidad de la princesa, más despreocupada de lo que parecía.
Simmons afirma que la princesa soñaba con ser la primera dama de Estados Unidos después de su encuentro con Kennedy hijo si éste seguía los pasos de su padre. Al parecer, la autora del libro entabló numerosas conversaciones con la princesa durante un período de cinco años. "Es la historia que ella quería que yo escribiera", afirmó Simmons al diario británico. "
Diana conoció al hijo del ex presidente de EEUU en Nueva York en 1995 cuando él trataba de convencerle que ofreciera una entrevista para su revista, George. La princesa de Gales rechazó la entrevista, pero aceptó reunirse con él en una suite del hotel Carlyle, según el libro.
Cuando Kennedy hijo llegó, Diana quedó deslumbrada por el encanto y su buen aspecto físico, añade.
Diana perdió la vida en un accidente de coche en el puente de Alma, en París, el 31 de agosto de 1997 y John F. Kennedy en un accidente de avión en 1999.
Sumario
Interviú publica en exclusiva mundial esta semana la primera entrega de los secretos del sumario de la investigación sobre la muerte de Lady Di.
"Abro la puerta trasera derecha. Veo a Dodi al Fayed dislocado sobre el asiento, tumbado frente a mí, los ojos entreabiertos. Veo una alfombrilla del coche sobre la princesa Diana. La aparto para ver si ella aún vive y la coloco sobre el bajo vientre de Al Fayed, que tiene el sexo al aire", éste es el testimonio de Romuald Rat, el fotógrafo que llegó primero al coche en el que perdieron la vida Dodi Al Fayed y la Princesa Diana en la madrugada del 31 de Agosto de 1997.
El primero en llegar al coche siniestrado fue Romuald Rat, fotógrafo de la agencia Gamma
El sumario de la investigación, hasta ahora había permanecido en secreto. Y por supuesto, las fotos que hicieron algunos paparazzi, en el lugar de los hechos nunca llegaron a ser publicadas. De hecho, siete de ellos fueron detenidos acusados de omisión de auxilio y heridas involuntarias.
Según el sumario, la agonía de Diana fue terrible. Los médicos le realizaron una incisión de sesenta centímetros en el pecho para intentar reanimarla, realizando un masaje directamente al corazón. El nombre técnico de la intervención es tricotomía transversal. No sirvió de nada. La Princesa llegó a hospital Pitie-Salpetrière sin vida.
A la princesa los médicos le abrieron las costillas para intentar reanimar su corazón
Su cuerpo fue velado por un sacerdote católico. El embajador británico lo solicitó así. El cuerpo de la princesa sería amortajado con un vestido de cóctel prestado por la mujer del diplomático, ya que el padre de Dodi ya había retirado las pertenencias de ambos del Hotel Ritz.
Según se desprende de los datos del sumario que publica "Interviu" el accidente estuvo provocado por la velocidad, el alcohol que ha había consumido el conductor y la fatalidad ,
"Abro la puerta trasera derecha. Veo a Dodi al Fayed dislocado sobre el asiento, tumbado frente a mí, los ojos entreabiertos. Veo una alfombrilla del coche sobre la princesa Diana. La aparto para ver si ella aún vive y la coloco sobre el bajo vientre de Al Fayed, que tiene el sexo al aire", éste es el testimonio de Romuald Rat, el fotógrafo que llegó primero al coche en el que perdieron la vida Dodi Al Fayed y la Princesa Diana en la madrugada del 31 de Agosto de 1997.
El primero en llegar al coche siniestrado fue Romuald Rat, fotógrafo de la agencia Gamma
El sumario de la investigación, hasta ahora había permanecido en secreto. Y por supuesto, las fotos que hicieron algunos paparazzi, en el lugar de los hechos nunca llegaron a ser publicadas. De hecho, siete de ellos fueron detenidos acusados de omisión de auxilio y heridas involuntarias.
Según el sumario, la agonía de Diana fue terrible. Los médicos le realizaron una incisión de sesenta centímetros en el pecho para intentar reanimarla, realizando un masaje directamente al corazón. El nombre técnico de la intervención es tricotomía transversal. No sirvió de nada. La Princesa llegó a hospital Pitie-Salpetrière sin vida.
A la princesa los médicos le abrieron las costillas para intentar reanimar su corazón
Su cuerpo fue velado por un sacerdote católico. El embajador británico lo solicitó así. El cuerpo de la princesa sería amortajado con un vestido de cóctel prestado por la mujer del diplomático, ya que el padre de Dodi ya había retirado las pertenencias de ambos del Hotel Ritz.
Según se desprende de los datos del sumario que publica "Interviu" el accidente estuvo provocado por la velocidad, el alcohol que ha había consumido el conductor y la fatalidad ,
Incognitas
Perduran las incógnitas y sospechas sobre su fatal accidente
Mohammed al Fayed reclama acceso a documentos en EE.UU. y ofrece recompensa a eventuales informantes Tres años después de la muerte de Diana Spencer y su hijo Dodi redobla sus esfuerzos para demandar judicialmente, basandose en la Ley de libertad de Información, la difusión de documentos secretos del gobierno de EE.UU. que arrojarían luz sobre el accidente sospechando que el mismo ha sido el resultado de una conspiración.
La investigación francesa A fines de 1998 la investigación francesa sobre la singular muerte de la princesa de Gales en el accidente automovilístico en el tunel del puente del l'Alma en París parece convalidar el veredicto instalado oportunamente en los medios acerca de la exclusiva responsabilidad del chofer del Dodi Al-Fayed en la tragedia. Algunas concesiones menores llevan a admitir, un año después, que el vehículo impactó a no mas de 96 km a la hora en vez de los casi 200 que le atribuyo la campaña de desinformación que siguió al suceso. El responsable del Fiat Uno partícipe y testigo privilegiado del accidente probablemente nunca sea hallado. Recompensa por información Contrariando la versión oficial de los hechos, Mohamed Al-Fayed mantiene sus firmes presunciones de que la muerte de su hijo Dodi y la princesa Diana ha sido el resultado de algo mucho más siniestro que un simple accidente. Al-Fayed recompensa a quien aporte información que conduzca a individualizar el vehículo que escapó de la escena del accidente con cerca de 2 millones de dólares. (26/01/99)
Prime Publicaciones Electrónicas - Copyright 1998 - 2005 ©
Mohammed al Fayed reclama acceso a documentos en EE.UU. y ofrece recompensa a eventuales informantes Tres años después de la muerte de Diana Spencer y su hijo Dodi redobla sus esfuerzos para demandar judicialmente, basandose en la Ley de libertad de Información, la difusión de documentos secretos del gobierno de EE.UU. que arrojarían luz sobre el accidente sospechando que el mismo ha sido el resultado de una conspiración.
La investigación francesa A fines de 1998 la investigación francesa sobre la singular muerte de la princesa de Gales en el accidente automovilístico en el tunel del puente del l'Alma en París parece convalidar el veredicto instalado oportunamente en los medios acerca de la exclusiva responsabilidad del chofer del Dodi Al-Fayed en la tragedia. Algunas concesiones menores llevan a admitir, un año después, que el vehículo impactó a no mas de 96 km a la hora en vez de los casi 200 que le atribuyo la campaña de desinformación que siguió al suceso. El responsable del Fiat Uno partícipe y testigo privilegiado del accidente probablemente nunca sea hallado. Recompensa por información Contrariando la versión oficial de los hechos, Mohamed Al-Fayed mantiene sus firmes presunciones de que la muerte de su hijo Dodi y la princesa Diana ha sido el resultado de algo mucho más siniestro que un simple accidente. Al-Fayed recompensa a quien aporte información que conduzca a individualizar el vehículo que escapó de la escena del accidente con cerca de 2 millones de dólares. (26/01/99)
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Una tragedia llamada Ana
Nacida en una casa de rancio abolengo, la formaron para que se convirtiera en la sumisa esposa de un noble
Diana Spencer entró en el libro de la Historia cuando se casó con el príncipe Carlos. El periodista Jimmy Burns Marañón descubre en tres capítulos las razones por las que aquella mujer insegura y bulímica no conquistó el corazón de su marido. El príncipe de Gales amó (y lo sigue haciendo) a Camilla Parker-Bowles, dejando que Diana se hundiera en la depresión. Su 'venganza' fue eclipsarlo en los actos públicos. Cinco años después de su muerte, el pueblo todavía la adora.
El álbum familiar de los Spencer contiene esta foto de Diana cuando sólo tenía un año (1962).
Los turistas que este verano visiten Londres por primera vez quizá no caigan en la cuenta de un cambio importante en el paisaje de la capital inglesa, un cambio que es representativo de cómo han quedado arrumbados los recuerdos de una legendaria princesa que, tiempo atrás, cautivó la imaginación del mundo.
Una tienda que hace esquina, a unos pocos metros del palacio de Buckingham, sustituyó, no hace mucho tiempo, las viejas reproducciones de jarros y postales de Diana, princesa de Gales, por un surtido de recuerdos exclusivamente dedicados a su majestad la reina Isabel II.
Los últimos meses han demostrado la extraordinaria capacidad de una de las familias reales más antiguas para salvarse cuando estaba al borde de la extinción y seguir arraigados en el sentimiento colectivo de los ingleses con la categoría de «entidad admirada».La bien entrenada maquinaria de consejeros que rodean a la real familia se las ha ingeniado para no naufragar en las procelosas aguas de la polémica y el escándalo y para salir de ellas con renovada firmeza.
Dos hechos, la muerte de la centenaria reina madre y las celebraciones de las bodas de oro de la coronación de su hija como reina, han demostrado que perduran unas masas populares que todavía creen que la monarquía -aun sin la legendaria princesa- no sólo tiene que existir sino que debe desempeñar un importante papel como catalizador de un sentimiento de cohesión social y política en un nuevo siglo plagado de incertidumbres.TRAS SU MUERTEAhora Buckingham ha aceptado a CamillaCamilla Parker-Bowles, la mujer que contribuyó a destruir el matrimonio de Diana y Carlos hace gala ahora, abiertamente, de su relación con el heredero designado. Se habla de boda y la invitan al palacio de Buckingham. ¿Se estará revolviendo Diana en su tumba? Yo espero, sinceramente, que haya encontrado la auténtica felicidad en el cielo.
Con todo, el quinto aniversario de la muerte de la princesa Diana en un espeluznante accidente de automóvil en París va a causar mella, transitoriamente, en este renovado sentimiento de seguridad y quizá sirva para recordar al pueblo lo poco que ha cambiado la casa de los Windsor desde que les responsabilizaron, en parte, de haber contribuido a la trágica muerte de una persona que se había atrevido a desafiar una serie de reglas divinas y antiguas tradiciones.
No soy yo el único inglés que recuerda con exactitud dónde se encontraba y qué estaba haciendo cuando oyó las primeras noticias de aquel suceso a primera hora de aquella mañana de agosto de 1997. Acababa de saltar de la cama para ver un programa de televisión cuando, todavía de manera un poco confusa, me di cuenta de que uno de los más conocidos presentadores de informativos del país tenía los ojos humedecidos.
Al cabo de unos minutos, desperté a mi mujer y a mis dos hijas para comunicarles que no sólo la nación sino todo el mundo había sufrido una pérdida irreparable. La última vez que se había expresado un sentimiento semejante en el seno de mi familia fue cuando mi difunto padre había anunciado la muerte de Churchill. Mis pequeñas hijas tendrían que estudiar a Churchill en el colegio, pero ya lo sabían todo sobre Diana y en la intimidad profunda y secreta de su ser lloraron también.
Al cabo de unas horas, habíamos dado por terminado precipitadamente nuestro fin de semana y habíamos regresado a Londres en coche, para expresar nuestra tristeza de la única manera que creíamos poder hacerlo. Nos sumamos a una creciente muchedumbre de miles y miles de personas que visitaban la casa de la princesa, junto a Kensington Gardens, antes de depositar un gran ramo de flores y una tarjeta de condolencia a las puertas del palacio de Buckingham.FLORES Y LAGRIMASSus súbditos la querían porque les hizo soñar.
Depositamos las flores y la tarjeta consciente y deliberadamente donde lo hicimos. Las dejamos tanto como un acto simbólico, como en un gesto cargado de significado, con el objetivo de mostrar nuestro respeto hacia Diana, no porque se hubiera convertido en una excéntrica marginada, sino porque era una auténtica princesa que había cumplido con su responsabilidad y había dado vida a nuestros sueños.
Cinco años después, la verdadera historia de Diana es la que nos pinta el retrato de una persona mucho más compleja que la condición de icono a la que fue elevada en su multitudinario funeral. Más allá de la imagen de una belleza desafiante y radiante queda la realidad de una neurótica vulnerable, mártir de los medios de comunicación en la misma medida que su musa preferida, que se vio perjudicada por su educación mucho antes de sufrir la humillación de que la casaran con un futuro rey que quería a otra.
No resulta, pues, sorprendente que en las semanas que han precedido al quinto aniversario de su muerte, el inquieto espíritu de Diana se haya seguido dejando sentir. Su manifestación más visible ha sido la división pública que ha salido a la luz sobre la mejor forma de recordarla. Un comité responsable de escoger el diseño del monumento se ha mostrado profundamente dividido entre las dos propuestas que competían para la realización de un campo de recreo, un paseo y una fuente en Kensington Gardens. Lo más llamativo es que se haya tardado tanto tiempo en considerar la posibilidad de levantarle un monumento.
«Desde que Trotsky fue expulsado de la Unión Soviética en 1929, ninguna otra figura prominente ha sido borrada de la vida pública de una nación hasta tales extremos. Rara vez leemos nada de ella.Rara vez vemos alguna imagen de ella. La señora ha desaparecido», afirma Robert Harris, periodista y autor de libros de éxito.
Entre los que se han sumado al coro de las censuras figura el hermano de Diana, Charles, conde de Spencer, que, en una polémica entrevista concedida a primeros de julio, ha acusado públicamente a la familia real de tratar de limitar los contactos entre sus sobrinos, los príncipes Guillermo y Enrique, y la familia de Diana. Se da la paradoja de que Lady Di lo nombró guardián de sus hijos en su testamento.OLVIDADA POR LA HISTORIALa quieren borrar, pero su espíritu ha renacidoCon todo, esta aparente desaparición de Diana tiene que valorarse en relación con el hecho de que una parte de la renovada imagen pública de la casa de los Windsor parece que refleja la perdurable influencia de aquella princesa que llegaron a marginar.
Sin duda, las bodas de oro de la coronación fueron un triunfo personal de la reina, cuya popularidad entre el pueblo llano, al igual que la de la reina madre, raramente se ha visto amenazada de manera directa. Sin embargo, a pesar de toda la pompa y solemnidad que rodeó tanto las celebraciones de las bodas de oro como el funeral de la reina madre, fueron la ruptura de la tradición y los destellos de sentimentalismo colectivo los que nos hicieron evocar el carisma populista de Diana.
Algunas escenas, como los ramos de flores que se tiraban al paso del carruaje mortuorio de la reina madre por las calles de Londres y la forma en que la reina se mezcló en los jardines del palacio de Buckingham con estrellas de la canción como Elton John, habrían resultado inimaginables sin el ejemplo de Diana.
Entre tanto, no se puede negar que Guillermo y Enrique han aportado de manera cada vez más importante su propio toque populista a la monarquía en el comienzo del nuevo milenio, con lo que demuestran muy cumplidamente que son auténticos hijos de su madre.
En 1967, Diana Spencer, con seis años, se sentó al pie de las escaleras de su casa solariega y se agarró a la barandilla mientras su familia se desintegraba a su alrededor. Aquel instante iba a perseguirla durante el resto de la vida.
Lágrimas, gritos, el ruido de unos pasos apresurados por la grava del patio de entrada, el cierre violento de la puerta de un coche y luego el sonido de un motor que sube de revoluciones antes de que el automóvil se desvanezca repentinamente, como el eco de un disparo. Frances, la madre de Diana, había salido del hogar de la familia Spencer para no regresar jamás.
Diana Spencer había nacido el 1 de julio de 1961, con un buen peso de tres kilos y medio, en un mundo de privilegios y de lujo que en nada se correspondía con las soterradas tensiones que estaban ya conduciendo a sus padres a una separación irrevocable.
Era la tercera hija del vizconde y la vizcondesa de Althorp, y una única mancha afeaba su horizonte: el hecho de que su padre era incapaz de ocultar el disgusto ante el hecho de que su mujer había dado a luz a otra niña en lugar del esperado varón. Cuando por fin llegó el niño, Charles, tres años más tarde, tuvo un bautizo mucho más especial que el de Diana, con la reina como madrina.
Los Althorp no andaban faltos de dinero. Habían acumulado un patrimonio que se remontaba al siglo XV, cuando los Spencer hicieron fortuna comerciando con ovejas. Carlos I les concedió el título nobiliario en el siglo XVII.
La familia se construyó una residencia palaciega en el campo, en Northamptonshire, no lejos de Oxford. Los Althorp amasaron una destacada colección de obras de arte y muebles antiguos y adoptaron para su escudo de armas un lema con un absurdo punto de arrogancia: God defends the right (Dios defienda al justo).
Desde entonces, los Spencer nunca han andado demasiado lejos de los fastos de la aristocracia, y su compromiso con la nobleza quedó ratificado por varios de los antepasados de Diana, unidos mediante lazos de sangre a los duques de Marlborough, uno de cuyos descendientes fue Winston Churchill.
Por su rama materna, la familia de Diana provenía de los Fermoy, una dinastía más o menos igual de bien conectada, con ricas raíces en Irlanda y en EEUU y con propiedades en Inglaterra concedidas por la familia real.
En sus años de infancia, Diana disfrutó de todas las comodidades de una vida entre algodones, como correspondía a un ambiente privilegiado, prácticamente invariable desde los años victorianos: equitación, una colección de perritos y gatitos, los baños en la piscina privada, horarios fijos para las comidas y una primera educación con institutriz, además de esporádicos encuentros con miembros de la familia real.
El traslado de las dos hermanas de Diana, Sarah y Jane, a un internado privado cuando ella era pequeña, coincidió con la ruptura de los 14 años de matrimonio de sus padres, lo que alimentó en ella un sentimiento de abandono e inseguridad. Diana fue enviada a otro colegio, más cercano a su casa, en el que, sin embargo, siguió albergando esa sensación de desamparo.
Era la única niña de aquella escuela cuyos padres estaban divorciados.Su madre y su padre llevaban cada uno su vida por su cuenta, pero no cesaban de pelearse por sus hijos, por lo que uno y otra inundaban literalmente a sus hijas y a su hijo con una enormidad de regalos con ocasión de navidades y cumpleaños.
Sin embargo, lo que brillaba por su ausencia era la armonía y el calor de hogar que tanto ansiaba Diana. A los nueve años, enviaron a Diana a un internado diferente al de sus hermanas y, en esta ocasión, más lejos de su casa. Su sentimiento de rechazo se hizo más profundo. Una vez, cuando su padre la llevaba al colegio tras unas vacaciones, se plantó en las escaleras y le gritó: «¡Si me abandonas aquí es que no me quieres!».
Pasó mucho tiempo antes de que el círculo de íntimos de Diana llegara a darse cuenta de que los esfuerzos que ella hacía, en vano, por consolarse a base de atracarse a comer. Lo hacía por motivos puramente emocionales, que hundían sus raíces en aquella infancia desdichada.
En el colegio, a Diana se le daban mejor las actividades teatrales y al aire libre que concentrarse en los estudios. No obstante, allí le enseñaron a interesarse por el trabajo social con ancianos, enfermos y retrasados mentales. Estas tareas, le dijeron, contribuirían a hacer de ella «una buena ciudadana».
Su padre, Johnnie, se había casado por segunda vez, convirtiendo en esposa a su amante, Raine, condesa de Dartmouth, una dama bien conocida de la alta sociedad, tan excéntrica en el vestir y en sus tocados como su madre, la autora de novelitas de amor Barbara Cartland. Johnnie sentía por ella auténtica adoración.Al principio, Diana trataba a su madrastra como si aquello fuera una broma, pero con el tiempo, poco a poco, empezó a mostrarle todo su desprecio y se refería a ella como «la perversa madrastra».
En el año 1977 hubo grandes transformaciones en la vida de Diana.Johnnie y Raine se casaron en una discreta ceremonia civil a la que no la invitaron ni a ella ni al resto de sus hijos. Poco después, Diana, aparentemente una jovencita segura de sí misma, si bien un punto rebelde, que estaba ansiosa por salir de casa, se empeñó en que le permitieran dejar el colegio después de haber recibido clases de labores del hogar, corte, confección y cocina en Gstaad (Suiiza).
Tenía 16 años y unas ansias infinitas de descubrir Londres. Quizá fue aún más decisivo el hecho de que, aquel año, conoció a Carlos Windsor, príncipe de Gales, el todavía soltero heredero al trono de Inglaterra, Escocia y Gales.
El primer encuentro con el hombre con quien un día llegaría a casarse no dejó entrever nada. Se conocieron a finales de otoño, en el curso de una cacería de faisanes en la residencia campestre de la familia de ella.
La invitación a Carlos había partido de la hermana mayor de Diana, Sarah. Esta era por aquel entonces una de las muchas jovencitas amigas del príncipe. A pesar de que los columnistas de la prensa rosa las señalaban como posibles candidatas a futura reina, para el propio Carlos no eran más que relaciones pasajeras.DE CAZAEntre faisanes, Carlos la vio 'alegre y bulliciosa'Durante la cacería, Diana se fijó en un personaje que más bien tenía poco encanto, embutido en un anorak que le venía grande y calzado con botas de campo, y no le prestó mayor atención.La primera impresión que ella produjo en Carlos fue la de una mujer más bien inmadura, pero sin ninguna extravagancia y cariñosa.«Alegre y bulliciosa», comentó Carlos a sus íntimos. En privado, Diana pensaba que Carlos estaba completamente fuera de su alcance, un hombre más mayor y algo tristón que, si tenía que emparejarse con alguien de su familia, lo haría con su hermana.
Pasaron otros tres años antes de que Diana y Carlos volvieran a coincidir. Por entonces, Diana tenía 19 años, compartía un apartamento en Londres con tres amigas y ejercía una profesión que se adaptaba muy bien a su sentido de la independencia y a su instinto por cuidar de los demás.
Tenía un trabajo de jornada reducida en una guardería, en la que enseñaba a los niños pinturas, bailes y juegos. Entre sus amistades había chicos, pero con ninguno de ellos llegó a mantener relaciones. Parecía que el destino, inconscientemente, le empujaba a llegar virgen al matrimonio.
Por el contrario, el príncipe Carlos, con casi 33 años, había mantenido toda serie de relaciones sexuales pasajeras, aunque se había enamorado en secreto de la mujer destinada al papel de amante real, Camilla Parker-Bowles.
¿AMOR O DEBER?La razón de Estado doblegó al príncipe
Hombre de arraigadas costumbres, educado en las rígidas tradiciones de la casa de Windsor, Carlos se consumía en su interior en un debate emocional, puesto que ya sentía las tensiones entre lo que le demandaba su corazón y su sentido de la responsabilidad monárquica.
El más íntimo confidente de Carlos, su tío lord Mountbatten, había facilitado desde el primer momento de su relación el emparejamiento de Carlos y Camilla a cubierto de los ojos de la opinión pública, pero al mismo tiempo había aconsejado al príncipe que buscara una esposa que se adaptara mejor a las exigencias de una familia real: una novia que fuera también de buena cuna, pero que no tuviera la reputación de Camilla, de promiscuidad sexual y de infidelidad matrimonial.
No deja de ser una ironía que fuera la muerte de Mountbatten, asesinado por terroristas del IRA en 1979, la circunstancia que sirvió en bandeja que Diana entrara en la vida de Carlos.
En el verano de 1980, Diana se encontró con Carlos durante un partido de polo y, mientras mantenían una conversación a solas, ella despertó en él la emoción con sus expresiones de condolencia.Ella le dijo que le había visto en el funeral de su tío y que había tenido la sensación de que se encontraba muy solo y de que necesitaba que alguien se ocupara de él.
Apenas si habían transcurrido unas semanas cuando Carlos sorprendió a uno de sus más íntimos amigos con la insinuación de que había conocido a la que había de ser su esposa. Le habló de la buena educación que Diana había recibido, de sus modales nada afectados y naturales, de su afabilidad y de su aparente inclinación a la vida en el campo.
Diana comentó con sus amigos que se sentía halagada, aturrullada y desconcertada ante la entusiasta atención que había empezado a generar en el príncipe, 12 años mayor que ella. Su corazón se puso a latir mucho más rápido de lo habitual cuando Carlos la invitó en el otoño de 1980 al refugio escocés de la familia real en el castillo de Balmoral.
La visita de Diana fue del todo inocente, sin sombra del arrojo que Camilla desplegaba en sus encuentros con Carlos. En lugar de compartir cama bajo el mismo techo, Carlos se quedó en la mansión principal, mientras que Diana pasó las noches en una casa aneja, acompañada de su hermana Jane y del marido de ésta, Robert, miembro de la familia real. Con todo, lo que Diana recordaba tiempo después como unos «maravillosos» días en Balmoral se vieron interrumpidos por el inquisitivo teleobjetivo de un fotógrafo, que la obligó a taparse el rostro con un pañuelo y a ocultar su identidad cuando paseaba.
El incidente representó el punto de partida de una persecución implacable desatada por la prensa sensacionalista a la caza de lo que los periodistas populacheros consideraban que era propiedad nacional.
Para todos -y eran muchos- los que todavía no tenían ni idea de la naturaleza de las relaciones de Carlos y Camilla, la historia les parecía de lo más natural en aquel momento: el futuro rey de Inglaterra conoce por fin a su princesa de cuento de hadas.Aquella era la noticia ideal que los periodistas especializados en la familia real llevaban años esperando.
Después del episodio de Balmoral, Diana dejó de tener vida privada a todos los efectos. Los reporteros la esperaban a la puerta de su apartamento, la sometieron a asedio día y noche y la siguieron hasta la guardería en la que trabajaba. Durante mucho tiempo, Diana fue un ejemplo de discreción y de modestia, sin soltar palabra ni realizar ningún gesto que perjudicara su imagen de mejor amiga del príncipe.
Tan solo una vez cometió un error involuntario, en la confianza de que la prensa sensacionalista la dejaría en paz, cuando se avino a posar para una fotografía con un grupo de niños de los que era profesora. Desgraciadamente, la luz le daba por detrás e hizo que se le transparentara la falda de algodón y que enseñara las piernas más de lo que debía.
La fotografía se distribuyó por todo el mundo. La instantánea le daba un aire de erotismo soterrado que contrastaba con su imagen virginal. «Sabía que tenías unas buenas piernas, pero no me había dado cuenta de que eran espectaculares [le comentó el príncipe Carlos]. En fin, ¿por qué tenías que enseñárselas a todo el mundo?».
Este comentario debería haber servido de advertencia de que Carlos había dibujado una nítida línea de separación entre Diana y Camilla en sus afectos, y que, en su fuero interno, sólo profesaba una auténtica pasión sexual por la segunda. Sin embargo, en aquel momento, Diana se lo tomó simplemente como una manifestación del sentido del humor de él.
Tendría que pasar aún un tiempo hasta que Diana empezara a darse cuenta de la realidad de la relación de Camilla con Carlos, lo que exacerbó la tensión mental que ella había empezado a sentir como consecuencia de estar permanentemente en el centro de atención de los medios.
Prácticamente no había nada en su vida que la hubiera preparado para las tortuosas circunstancias en las que se iba a encontrar.Desde Balmoral, ella no tenía ninguna duda de que quería casarse con Carlos y de que su principal obligación consistía en no hacer nada que pudiera perjudicar a la realeza. Sin embargo, al mismo tiempo volvía a surgir en ella la profunda inseguridad que llevaba arrastrando desde su infancia.POBRE INOCENTELos amigos de Carlos no creían que él la eligieraAlgunos amigos de Carlos y determinados miembros del personal de la casa real, que estaban al tanto de su pasión por Camilla y que creían que Diana era una pobre inocente, tenían la sensación de que se estaba mascando la tragedia, pero creyeron que su obligación era mantenerse en silencio. El propio Carlos, sin embargo, se vio sometido a la presión de la única persona a la que debía hacer caso, su padre, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo.
El duque advirtió a su hijo de que no podía seguir retrasando su decisión: Carlos debía poner fin inmediatamente a la relación con Diana o casarse con ella. Poco después, en una conversación con uno de sus íntimos amigos, Carlos confesó que estaba nervioso y confuso, pero parecía resignado. «No es cuestión más que de decidirse a dar un paso, no muy habitual, hacia una situación bastante desconocida... Espero que al final salga todo bien», confesó Carlos.
En febrero, le pidió a Diana que se casara con él. A ella le entró la risa tonta. No era sino la reacción espontánea de una jovencita inocente que veía cómo se cumplían sus sueños.
Por la noche, cuando comunicó la noticia de su compromiso a familiares y amigos, Diana parecía estar subida en una nube, con el aspecto de ser más feliz que nunca.
En las semanas anteriores a la boda, Diana se trasladó al palacio de Buckingham, donde igual que a Cenicienta, se le separó de sus amigos, de la mayoría de su familia y del mundo exterior.Fue entonces cuando empezaron a asomar las lágrimas, cuando Diana trató con todas sus fuerzas de imponerse, sin conseguirlo, al aislamiento y a las presiones.
Sus ánimos flaquearon por completo cuando su prometido se fue a Australia y Nueva Zelanda en visita oficial por un periodo de cinco semanas. Cayó por primera vez en la bulimia, pasando deliberadamente de darse grandes atracones al ayuno más extremo.
Las angustias de Diana estaban directamente relacionadas con el descubrimiento gradual de que había otra mujer en la vida de Carlos. Una joya desparejada por aquí, una carta por allá, conversaciones telefónicas indiscretas... habían puesto de manifiesto que su identidad era la de Camilla Parker-Bowles.
Cuando Diana le planteó este tema a Carlos, a su regreso a Inglaterra, el príncipe confesó únicamente que Camilla había sido en otros tiempos una de sus más íntimas amigas y prometió repetidamente que, en adelante, Diana sería la única destinataria de su amor.
Se trataba de una mentira que él difícilmente iba a ser capaz de ocultar. Diana no acababa de creérselo, pero se tranquilizó, aunque una voz en su interior le decía que nada en la vida era para siempre. Ella hizo un esfuerzo por convencerse de que así sería si se lo prometía su príncipe.
Pocos días antes de la boda, Diana descubrió un brazalete que Carlos había comprado para regalárselo a Camilla. Una vez más, ella le pidió explicaciones. Una vez más, él negó que hubiera hecho algo incorrecto, y le dijo que estaba histérica sin motivo.Diana, que por encima de todo quería agarrarse desesperadamente a sus sueños, alejó de sí sus más siniestros temores.
Carlos, siempre sumido en la duda permanente, sopesó la posibilidad de echarse atrás hasta que se dio cuenta de que los preparativos de la boda estaban ya tan avanzados que suspenderlos en aquel momento iba a suponer una humillación nacional. Se convenció a sí mismo de que su responsabilidad le obligaba a representar el papel que las masas exigían: ser el príncipe azul de una princesa de cuento de hadas.
Un vendedor de coches y un profesor de equitación sedujeron a Diana mientras Camilla consolaba al príncipe
La boda fue el culmen de sus más íntimos deseos. La pequeña Diana se había convertido en una hermosa princesa. Desde que se anunció el enlace, Buckingham y su maquinaria optaron por minimizar la libertad de la 'heredera' para controlarla. Esta falta de oxígeno y el hecho de constatar en la luna de miel que su marido le engañaba con Camilla hicieron que Diana cambiara radicalmente su personalidad, haciéndose expansiva, incluso irreverente, y volcada en las causas nobles.
El príncipe Carlos sostiene a su hijo Guillermo (1982), mientras que su esposa entretiene al niño con un juguete.
El 29 de julio de 1981, Diana salió de la carroza de cristal que le había llevado por las calles de Londres hasta la catedral de San Pablo. Tenía un aspecto radiante, un hermoso rostro que sonreía seductoramente tras el tenue velo y un largo vestido de boda de seda marfil que se prolongaba en una cola como una flor celestial.
Al avanzar por el pasillo central de la iglesia, todas sus angustias se desvanecieron cuando vio fugazmente a Carlos ante el altar.Ella se imaginaba que allí, ante Dios, había un hombre que iba a amarla y a protegerla, en la fortuna como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad; ella, la futura reina de Inglaterra, y él, el futuro rey.
El momento era seguido por 750 millones de telespectadores de todo el mundo. Entre los miles de periodistas que cubrieron la boda real del siglo, pocos exteriorizaron tan efusivamente su emoción como el corresponsal de la revista Time: «La escena real es simplemente una representación de nosotros mismos en nuestro mejor momento; si a alguien se homenajea aquí es a la raza humana».
Ciertamente, en los días, meses y años que siguieron, la trágica historia de la princesa de Gales constituiría una muestra de toda la gama de emociones del ser humano, en una variedad de manifestaciones que pocos habrían podido imaginar.
Durante la ceremonia religiosa que enmarcó el enlace del príncipe y la princesa de Gales, en el verano de 1981, el arzobispo de Canterbury, Robert Runcie, hizo una observación, en medio de la euforia colectiva que rodeaba aquel cuento de hadas de la realeza.
«El día de bodas no constituye una meta, sino el punto a partir del cual comienza la aventura en la que el esposo y la esposa hacen realidad sus solemnes promesas, amándose y respetándose mutuamente. Al compartir los momentos de gloria y de tristeza, los logros y los contratiempos, experimentarán una transformación...Los contrayentes vivirán siempre felices después del día de bodas si perseveran...», recordó el arzobispo de Canterbury.
Diana y Carlos habían llegado al matrimonio con la idea de imponer sus propias condiciones. Cada uno confiaba en que las ansias del otro por conseguir que aquello saliera bien eran suficientes, por sí solas, para hacer que se desvanecieran para siempre los fantasmas del pasado. Desde un principio, sin embargo, la relación sufría cada vez que salía el enemigo que cada uno de ellos llevaba dentro.
Para su luna de miel, partieron de crucero desde Gibraltar sin ofrecer la menor señal de tensiones emocionales. Sin embargo, ni siquiera lejos de la cegadora luz de los focos de la televisión y de los fogonazos de los fotógrafos consiguieron sentirse relajados el uno en compañía del otro. Muy al contrario, empezó a desarrollarse entre ellos un sentimiento mutuo de incompatibilidad emocional.
Diana se desesperaba llevada por su deseo de emplear el tiempo de que disponían en conocer mejor a su marido, en acrecentar su amor por él y en despertarle este mismo sentimiento. Sin embargo, desde el momento en que empezó la luna de miel a bordo del yate real Britannia, Carlos se comportó como un hombre reacio a modificar sus costumbres y las formas establecidas. Para él, un buen rato consistía en la lectura de un buen libro, o en echar unas risas en el comedor con los oficiales del barco.
Después de haber padecido la claustrofobia de vivir en el palacio de Buckingham las semanas anteriores a la boda, Diana se sentía en aquel momento extrañamente sola con su marido. La pareja real viajaba en el Britannia acompañada de 21 oficiales y 256 marineros.Por la noche, toda aquella espontaneidad que Diana tan bien cultivaba se estrellaba contra la obligación de ponerse un vestido de etiqueta para pasar la velada escuchando las rimbombantes interpretaciones musicales de una banda militar.
Antes de la ceremonia, Diana se había preparado para aceptar las obligaciones que conllevaba el estar casada con el futuro heredero de la corona. Pero por el contrario, fue la jovencita sin experiencia, todavía con el recuerdo fresco de una infancia infeliz, la que salió a la superficie, rebelándose en medio de aquel ambiente que consideraba sofocante.
El descubrimiento de que Camilla Parker-Bowles estaba todavía presente en la vida de Carlos no contribuyó a que mejorara el humor de Diana. Cierto día, durante la luna de miel, y en el preciso instante en que los recién casados estaban haciendo planes para el futuro, a Carlos se le cayeron de entre las páginas de su diario dos fotografías de Camilla. Diana notó que se apoderaba de ella una terrible sensación de pánico. Una vez más, Carlos negó que hubiera nada serio entre aquella mujer y él.
Lo que Diana no sabía es que el príncipe y su amante habían acordado dejar de verse durante una temporada. Sin embargo, ella tenía la impresión de que el corazón de su marido estaba en manos de otra y se sentía desarmada, sin capacidad de reacción, por culpa de aquellos celos que la obsesionaban.
La amenazante sombra de Camilla volvía a despertar en Diana las inseguridades que nunca le habían abandonado desde la niñez.La princesa volvió a caer en la bulimia -no era la primera vez ni sería la última que le ocurría en su vida-, un trastorno nervioso que se manifiesta en un errático comportamiento dietético y en tremendos cambios de humor. Aquello le llevaba a provocarse vómitos entre episodios de grandes atracones de comida.
Tuvieron que pasar muchos años hasta que la neurosis de Diana llegó a conocimiento público, cuando los secretos más íntimos de la pareja real empezaron a filtrarse al mundo exterior desvelados por miembros de su círculo íntimo. En un revelador relato publicado después de su muerte, Patrick Jephson, el más próximo de sus ayudantes de cámara y consejeros en los años en los que mayor era la fama de Diana, recordaba que los ataques periódicos de bulimia de la princesa amenazaban con echar por tierra su imagen ante el mundo.LA BULIMIADiana se atiborraba a comer para luego vomitar«Sin previo aviso, Diana se atiborraba de dulces. Aquella juiciosa dama llevaba gominolas en el bolso y el chófer siempre guardaba una reserva de chocolate en el coche para un caso de urgencia...La princesa padeció bulimia durante la mayor parte del tiempo que estuve a su servicio. A pesar de su permanente batalla contra este trastorno, que el pueblo llano daba por hecho que ella había conseguido superar, sufría con frecuencia repetidos ataques.Estos eran más frecuentes cuando las tensiones de su matrimonio le empujaban simultáneamente a consolarse a base de comer y alimentar su innato sentimiento de inseguridad... Su desconfianza hacia los hombres y la lamentable imagen que tenía de sí misma hablaban por sí solas...», ha dejado escrito Jephson.
El 21 de junio de 1982, con impecable precisión, Diana dio a luz a un niño: Guillermo. Cuando la reina visitó a su nuera y al niño al día siguiente, comentó: «Gracias a Dios, no ha salido a su padre en lo de las orejas». El acontecimiento suscitó un sentimiento de euforia nacional, que ya había sido estimulado unos cuantos días antes por la victoria en las Malvinas frente a la Argentina de la Junta Militar.
Desde agosto del año anterior, cuando la real pareja se había mostrado bronceada, sonriente y aparentemente relajada, nada había trascendido que pudiera dañar la imagen de la princesa de cuento de hadas y su príncipe encantador.
Sería injusto afirmar que esa imagen fuera el fruto de una gigantesca mentira. Si bien no faltaban señales de desánimo en el matrimonio real, éstas coexistían con periodos de relativa armonía en los que el amor de Diana por Carlos parecía que era correspondido por su marido.
En una carta que Carlos escribió a un amigo una semana antes del nacimiento de Guillermo, el príncipe parecía estar disfrutando de la vida hogareña. «Los dos juntos hemos pasado unas navidades deliciosas. Que hayamos sido capaces de compartir juntos este ambiente ha resultado ser algo extraordinario y de lo más agradable.El próximo año será aún mejor, estoy convencido, con ese pequeñín que se nos va a sumar», escribió Carlos.
A medida que la real pareja iba asumiendo más compromisos públicos en Inglaterra y en el extranjero, Diana empezó a revelarse como una belleza madura, muy segura de sus obligaciones como princesa de Gales, y capaz de aportar un toque humano que cautivaba las aspiraciones de toda la prensa sensacionalista del país.
Lady Di daba la impresión de ser una mujer que era al mismo tiempo de lo más activa y nada pretenciosa. Su espléndido físico y su estilo de vestir contribuían a su renovado idilio con los medios de comunicación. Las fotografías de la princesa se convertían en la opción a la que más recurrían por entonces las páginas de revistas como Hola, People Magazine, Paris Match y Vogue.
Con todo, detrás del escenario, las grietas que habían aparecido mucho antes del matrimonio distaban mucho de haberse cerrado.En enero de 1982, unos días después de que Carlos hubiera escrito la mencionada carta tan llena de optimismo acerca de su matrimonio, su esposa sufrió uno de aquellos accesos de depresión que la iban a llevar, en repetidas ocasiones, a infligirse daños a sí misma con cualquier instrumento punzante.
Esos episodios eran, más que un intento consciente de acabar con su vida, un grito en demanda de socorro en medio de una existencia que seguía abrazada a los traumas del pasado y las amenazas del presente. El psiquiatra de la princesa se sintió entonces incapaz de remediar el hecho de que el matrimonio real hubiera sido edificado sobre unas bases tan endebles.
En los primeros siete años de matrimonio, Diana y Carlos hicieron viajes oficiales a un total de 19 estados. Tanto en sus visitas al extranjero como en las realizadas en su propio país, la emoción colectiva que Diana despertaba entre el público con su sola presencia le llegaba a causar un auténtico pavor.
Con frecuencia se tenía que agarrar fuertemente a su marido cuando se sentía excesivamente agobiada por las masas. Sin embargo, aunque a veces sí se sentía protegida por Carlos, cada vez se le hacía más patente la sospecha de que él se veía constantemente desplazado y eclipsado por su mujer.
Cuanto más se esforzaba Diana por comportarse conforme a lo que se espera que debe hacer una princesa querida por el pueblo, menos apreciada se sentía por su marido, que a menudo daba la impresión de sentirse más violento que otra cosa ante lo que Carlos consideraba el circo que ella estaba contribuyendo a montar.
En otoño de 1984, las tensiones que existían entre ellos en privado habían empezado a salir a la superficie. Afloraron de tal modo, que iban a hacer añicos la imagen romántica que la prensa sensacionalista había creado alrededor de Lady Di y su marido.
Comenzaron a circular rumores de que la pareja había tenido una bronca poco después del nacimiento de Enrique, su segundo hijo.Se suponía que Diana, en una reacción más propia de una madre que de una princesa, se había sentido muy disgustada por la rapidez con la que Buckingham había anunciado el nacimiento a los medios de comunicación.
Sin embargo, tal y como dio a conocer con el tiempo Andrew Morton, el autor de la biografía de Diana, detrás del enfado había un sentimiento de profundo dolor. Durante su segundo embarazo, Diana estuvo convencida de que Carlos quería una niña. Cuando Carlos vio a Enrique nada más nacer, comentó ásperamente: «¡Vaya, pero si es un niño...! ¡Y encima pelirrojo! [El color típico de los Spencer]». Como Diana confesó a sus amigos, desde aquel momento algo murió en su interior.IDENTIDAD PROPIASarah Ferguson fue su primer apoyoEn la lucha por mantener una sensación de identidad propia, Lady Di buscó cada vez más el apoyo de otras personas en lugar del de su marido, rayando la imprudencia y añadiendo tensión a su matrimonio. Una muestra de esta actitud fue la amistad que surgió entre ella y Sarah Ferguson, novia primero y después esposa del príncipe Andrés, que era considerada por la casa de Windsor algo así como una cabra loca.
En el verano de 1987, coincidieron en las carreras de caballos de Ascot , el acontecimiento deportivo más importante del calendario real, y se confabularon para gastar una broma un tanto irreverente.Conscientes de que eran el centro de atención, las dos amigas simularon un combate de esgrima con sus sombrillas antes de golpearse la una a la otra con ellas en sus respectivos traseros.
La escena desató innumerables críticas en los periódicos y fue objeto de condena general. Un diario sensacionalista llegó a afirmar que el comportamiento de ambas no había sido mejor que el de unas actrices de tercera fila en una telenovela. Diana interpretó que, con aquella traición de los medios y por culpa de la hipocresía de algunos miembros de la familia real, se le privaba no sólo de la posibilidad de tener sus propias amistades, sino de su amor a la vida.
Mientras, Diana seguía cumpliendo con las obligaciones públicas junto a su marido, sus esfuerzos por mantener la relación se revelaban cada vez más infructuosos. Sus peores presagios se habían convertido en profecías que terminaban por cumplirse.Carlos recurría a Camilla para que le ofreciera su apoyo mientras que Diana se dejaba arrastrar, víctima de las artes de seducción, de otros hombres que le hacían creer que sólo les guiaba su bienestar.
Uno de los primeros en cortejar a Diana fue un joven oficial del Ejército, James Hewitt, profesor de equitación de Guillermo y Enrique, que consiguió que los niños vieran en él la figura de un tío en el que se podía confiar.
El mayor Hewitt, un experimentado seductor que sabía ganarse el corazón de cualquier dama vulnerable y herida en su amor propio, representaba una versión del donjuanismo que, durante un breve período de tiempo, supuso para Diana el tónico que necesitaba para espolear su languideciente seguridad en sí misma. Consiguió que ella se sintiera deseada y hermosa.EL PRIMER 'NOVIO'Hewitt le hizo perder la autoridad moralLa aventura de Diana y Hewitt, cuando éste regresó de la Guerra del Golfo en 1991, llegó a ser considerada por el más íntimo consejero de la princesa, Patrick Jephson, «simplemente otro episodio más que ni merece la pena reseñar, otro indicio de una época de infelicidad». Diana estaba aterrada ante la posibilidad de que llegara a descubrirse la relación, pero exclusivamente porque temía que con ello quedaría debilitada su superioridad moral sobre su marido.
Además, tenía un extremado sentido de protección de sus hijos y la firme voluntad de reducir al máximo el daño que la infidelidad pudiera causarles. Posteriormente, Diana involucró a Jephson en sus esfuerzos por alejarse de Hewitt, cuando se dio cuenta del juego de éste, con su idea de tener por amante a una princesa.Hasta los miembros del personal más próximos y leales empezaron a encontrar dificultades para mantener en público una cierta apariencia de estabilidad matrimonial entre tantas indiscreciones de la prensa sensacionalista.
De todas las amistades masculinas que Diana recuperó mientras seguía oficialmente casada con Carlos, pocas demostraron tener consecuencias tan desastrosas como la de James Gilbey. Ese vendedor de coches de segunda mano había sido amigo de Diana en los años 70, cuando ella vivía en su apartamento de Londres. Después de aquello, ambos habían perdido el contacto hasta que a él le volvieron a presentar a Lady Di en una fiesta.
Gilbey, al igual que Hewitt, sabía apreciar cuándo tenía delante una mujer de bandera y cuándo ésta era vulnerable. En Diana encontró una víctima propiciatoria. El papel de correveidile lo interpretó Mara Berni, propietaria de un restaurante italiano que estaba de moda en Londres, el San Lorenzo. Se encargaba de hacer llegar a Diana y Gilbey las cartas que se escribían el uno al otro.
Mucho tiempo después, Gilbey ha contado que, en aquella fiesta, Diana y él pasaron mucho rato hablando de sus respectivas vidas amorosas; él, acerca de un fracasado romance con una antigua novia, y ella, acerca de cómo se estaba desmoronando su matrimonio con Carlos. «Para ella era una cuestión de orgullo. Era evidente que se sentía rechazada, por su marido y por la familia real», ha recordado el vendedor.
Desgraciadamente para Diana, el personal del príncipe Carlos consiguió hacerse, en el día de Año Nuevo de 1990, con una grabación secreta de otra de las conversaciones íntimas que mantuvo con Gilbey, la vergonzosa cinta del chipironcito. La grabación la obtuvo un aficionado con un scanner y se la pasó a The Sun, el periódico sensacionalista de mayor difusión de Inglaterra.
Hasta hoy mismo, la cuestión de si Diana llegó a acostarse con el vendedor sigue siendo materia de controversia. Ella nunca llegó a admitir que hubiera tenido una aventura con Gilbey. El que fuera vendedor de coches, en cambio, sí lo reconoció. Con todo, ciertos extractos de la grabación delatan el alto grado de intimidad que había entre ellos:
-Diana: «No quiero quedarme embarazada».
-Gilbey: «Cariño, eso no va a ocurrir...».
-Diana: «Sí...».
-Gilbey: «¡No te pongas así! Eso no va a ocurrir, cariño...».
-Diana: «Hoy he visto un capítulo de la serie de televisión Eastenders.Uno de los personajes principales ha tenido un niño. Todo el mundo creía que era de su marido. ¡Era de otro hombre...!».
-Gilbey: «¡Dame un beso, chipironcito! ¡Ay, Dios, esto es maravilloso!, ¿no te parece? ¡Esta sensación! ¿No te encanta?».
-Diana: «¡Sí, me encanta, me encanta! ¡Nunca he sentido nada igual!».
Después de esta grabación secreta, se difundieron las crudísimas confidencias de cama de Carlos con Camilla, que también se filtraron a la prensa sensacionalista. Las cintas del chipironcito constituyeron una bomba que no sólo contribuyó a destruir definitivamente la fachada del matrimonio real sino que también hizo estallar el mito de la reina de hadas que jamás hacía lo que no debía.
Mucho antes de que Diana anunciara que se separaba formalmente de Carlos, en 1992, la crisis matrimonial se había convertido en tema de chismorreo habitual de la prensa sensacionalista.A finales de los años 80, de cara al público, se mantenía la relación real, de manera que Diana cumplía sus responsabilidades con ese estilo suyo que seguía cautivando a la opinión pública.
Diana podría haber fracasado mucho antes en su afán por salvar su matrimonio, de no haber sido por su suegra, la reina, por mantener las apariencias de unidad en el seno de la familia real tanto tiempo como fuera posible.
Durante una temporada, el palacio de Buckingham empleó una descomunal cantidad de energía en ocultar la auténtica situación del matrimonio y en organizar la vida de la princesa, reduciendo al máximo las fricciones entre Carlos y ella.
El responsable del servicio de la princesa, Patrick Jephson, dio una reveladora descripción sobre cómo se mantenía en pie «el espectáculo real» a pesar de las tensiones.
«Diana y Carlos eran una pareja de actores realmente insuperables, cada uno de ellos es capaz de adivinar el siguiente movimiento del otro, de manejar instintivamente grandes audiencias y de disimular, sin que se les escapara ni media palabra ni el más mínimo gesto, el hecho de que harían el viaje de vuelta por separado, cada uno en su avión, en cuanto sus obligaciones se lo permitieran.Sin embargo, en los escasos momentos de relativa intimidad de que disfrutaban, lejos de todo lo que no fuera la acostumbrada compañía del personal a su servicio, podía parecer que habían asistido a actos diferentes. No se cruzaban entre ellos ni una palabra ni una mirada», ha recordado Jephson.COMO ACTORESAmbos simulaban amarse en MallorcaEn ninguna otra ocasión fue más evidente que representaban un espectáculo que en los encuentros que tuvieron los príncipes de Gales con el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía en Mallorca.La coreografía, inmortalizada en fotografías oficiales tomadas en Marivent, era perfecta.
Daba la sensación de que las dos familias reales disfrutaban normalmente de su mutua amistad y de un merecido descanso compartido bajo el sol mediterráneo. Sin embargo, detrás de aquella fachada, ni un solo momento dejó de ser manifiestamente gélida la relación entre Diana y Carlos, puesto que la princesa todavía le guardaba un profundo rencor por la influencia que Camilla Parker-Bowles continuaba ejerciendo sobre él.
Según Jephson, no había más que una regla: no se podía decir en público absolutamente nada que contradijera el mito del mantenimiento de la pareja, que había pasado a ser lo único que podía asegurarse a ciencia cierta del matrimonio del príncipe y de la princesa de Gales. No obstante, la extrema rivalidad entre las estrellas de este espectáculo estuvo un gran número de veces a punto de trascender, al demostrar Diana, cada vez con mayor fuerza, que tenía mucho más gancho entre el pueblo que Carlos.
Mientras las opiniones de Carlos sobre arquitectura urbana y agricultura ecológica le hacían parecer ridículo, excéntrico y sin la más mínima gracia, Diana mostraba una extraordinaria capacidad para identificarse con una serie de causas que proyectaban sobre ella un halo de santidad.
En 1989, la personalidad pública de Lady Di echó por tierra las críticas de quienes la consideraban un poco tontita y una frívola figurante de la alta sociedad. En su calidad de madre activa, próxima a los 28 años, Diana era presidenta o miembro del patronato de más de 40 organizaciones sociales y de beneficencia con causas que iban desde los niños abandonados a los drogadictos y, tiempo después, a las víctimas de minas antipersona.
Anécdota en Marivent
Coincidiendo con el aniversario de la muerte de Diana, hoy sale a la venta en el Reino Unido el libro Closely guarded secret, de Ken Wharfe, guardaespaldas de la princesa durante seis años.The Sunday Times publicó ayer un extracto, en el que se destacaba esta anécdota:
«Yo fui, durante unas cuantas semanas, el oficial responsable de la seguridad de la princesa Diana, precisamente cuando, en 1988, ella y el príncipe Carlos pasaron unos días de vacaciones en Mallorca, invitados por el Rey Juan Carlos. Los príncipes de Gales se hospedaban en el palacio de Marivent, sobre la bahía de Palma, mientras que yo me alojaba en un hotel de la ciudad.
Una mañana, la Princesa Diana me llamó al hotel.
- Ken, ¿podrías venir a verme, por favor? Es bastante importante.
Al cabo de unos pocos minutos yo ya me encontraba en el palacio.Un guardia real me acompañó hasta el área de la piscina, donde la princesa me esperaba echada sobre una tumbona. Llevaba puesto un bikini naranja. Yo me sentí un tanto incómodo en aquella situación, pero, casi al instante, me pude percatar con toda claridad de que ella necesitaba de alguien con quien hablar.
- Esto es algo muy desagradable, Ken -me dijo-. Don Juan Carlos es tremendamente encantador, pero, ¿sabes?, es demasiado atento.Es una persona muy táctil. Se lo he comentado a mi marido y me ha contestado que me estoy comportando como una tonta.
Hizo una pausa durante un momento y, a renglón seguido, añadió:
- ¿Sabes una cosa, Ken? Creo que le gusto bastante al Rey. Ya sé que suena un tanto absurdo, pero estoy segura de que eso es así.
Yo hice un patético intento por mantenerme imperturbable ante lo que la princesa me estaba confesando. ¿Qué era lo que me estaba sugiriendo? ¿Que tuviera unas cuantas palabras, corteses pero firmes, con el Rey y le advirtiera que no se tomara demasiadas confianzas con ella? Ni siquiera hoy estoy muy seguro de que Diana no estuviera bromeando al contarme aquello, dado que su sentido del humor era, con frecuencia, bastante perverso.
Casi inmediatamente después de hacer esos comentarios, la princesa cambió de tema de conversación.»
Al separarse del príncipe Carlos, en diciembre de 1992, Diana renació como un icono de belleza y generosidad
A Lady Di le vino bien la separación. Su imagen subió enteros y su belleza también. A pesar de ello, cuando empezó a flirtear abiertamente con varios hombres, perdió su halo mágico. En sus últimos meses, cayó rendida en los fuertes brazos del capitán de rugby de la selección inglesa, en las precisas manos de un cirujano y en el yate de Dodi Al Fayed. La relación con este último, y la vida de ambos, acabó el 31 de agosto de 1997 en París, tras un aparatoso accidente de coche.
Charles Spencer, Enrique de Inglaterra y el príncipe Carlos siguen el féretro de Lady Di camino de la abadía de Westminster (1997).
A principios de la década de los 90, la fotografía de Diana estrechando la mano de Ivan Cohen, un paciente de un hospital londinense que se estaba muriendo de sida, dio la vuelta al mundo. Parecía como si la princesa tuviera en sus manos la posibilidad de agitar su varita mágica y hacer desaparecer una terrible enfermedad que proyectaba una condena a muerte sobre el disfrute de las relaciones sexuales.
Sin embargo, el compromiso de Diana con las organizaciones benéficas que luchaban contra el sida se desarrolló realmente a través de su incondicional amistad con un amigo mucho menos fotografiado, en el que había hecho mella la enfermedad, Adrian Ward-Jackson, un simpático y entrañable personaje de los círculos artísticos de Londres.
Diana dedicó, sin que casi nadie lo supiera, mucho tiempo a estar con Adrian durante los últimos días de la vida del artista, hasta el punto de que dispuso que se le facilitara un localizador personal que pudiera llevar con ella a todas horas, de modo que pudieran ponerse en contacto en cualquier momento del día o de la noche.COMPROMISO SOCIALLos actos benéficos eran una válvula de escapeNo fue casualidad el hecho de que el compromiso cada vez mayor de Diana con las obras de caridad coincidiera, al igual que sus primeras infidelidades, con una época en la que se intensificó su convencimiento de que el príncipe de Gales no sentía ningún amor por ella.
Diana quería demostrar su capacidad para vivir independiente, aunque con ello se arriesgara a saltar las barreras tradicionales que le imponía la casa de los Windsor. Quizá la incesante búsqueda de esta válvula de escape guardaba relación con el dolor y el sentimiento de soledad que ella arrastraba consigo desde su infancia.Una ansiedad que le empujaba a compartir similares experiencias con aquellas personas que habían sufrido penalidades y se consideraban marginadas.
En 1989, Diana realizó la primera gira en solitario fuera del Reino Unido, concretamente estuvo en Estados Unidos. El gigante norteamericano era siempre el país que más aplaudía su personalidad y su estilo.
Para los medios de comunicación social de Estados Unidos, casi todo lo que se identificaba con la casa de los Windsor -por ejemplo la Cámara de los Lores, Ascot y las universidades privadas como Eton- representaba todo lo que de neocolonialista y arcaica seguía habiendo en la sociedad inglesa... Sin embargo, Diana se ganó el corazón de los estadounidenses porque era una mujer que se había hecho a sí misma, con estilo, que además resultaba ser una empedernida romántica. Algo así como un cruce entre Jacqueline Kennedy y Grace Kelly. ¡Por si fuera poco, bailaba! En una de sus primeras visitas a EEUU, Diana había saltado a la pista de la Casa Blanca con John Travolta mientras Carlos los observaba completamente pasmado.
Esta vez, sin embargo, en lo que resultó ser el último episodio de una relación amorosa duradera y recíproca, Nueva York se rindió a su faceta de mujer independiente con capacidad de llegar simultáneamente al corazón de públicos muy diversos.
El programa oficial de Diana reunía muchos de los temas que resultaban inevitables dentro de las obligaciones públicas de una princesa en cualquier parte del mundo: recaudación de fondos para niños con problemas, una visita a un proyecto de viviendas municipales, un concierto benéfico en favor de la Academia de Música y, no podía faltar, una visita a enfermos de sida.ENTRE ACTORESLos famosos de EEUU buscaban su compañíaA pesar de todo, fue la presencia de Lady Di en una recepción para promocionar los textiles británicos y, más tarde, en la ópera, la que hizo posible que muchos famosos se mezclaran con la realeza en unas escenas que parecían sacadas de una noche de los Oscar en Hollywood. Los fotógrafos y los periodistas del sector de la moda pugnaban por rivalizar con las más disparatadas extravagancias en sus alabanzas a la hermosísima princesa que llevaba un vestido ideal.
En 1991, dos años después de esa visita a Nueva York, Diana posó para lord Snowdon, el ex marido de la princesa Margarita. Snowdon era un excelente fotógrafo que sabía cómo sacar el máximo partido de todos sus retratados... Su memorable fotografía de Diana, radiante, con un vestido blanco, con aquellos ojos azules rutilantes, con aquella serenidad entrañable que transmitía bajo la corona de perlas, expresaba mejor que 1.000 palabras que no cabía duda alguna de su perdurable papel como princesa.
Incluso después de la separación de Carlos, en diciembre de 1992, el perfil público de Diana no sólo se mantuvo sin deterioro alguno sino que salió enormemente reforzado. El acuerdo legal consagró su papel de madre, al otorgarle la guardia y custodia de sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique.
Además, le permitieron quedarse con las habitaciones que anteriormente compartía con Carlos en el palacio de Kensington. De este modo, se ahorraba la vergüenza de tener que pasar los fines de semana en la residencia campestre de Highgrove, donde Carlos había reiniciado su aventura amorosa con Camilla.
Lady Di mantenía su título, la generosa asignación de la casa real y el personal a su servicio. El hecho de que quizá no llegara nunca a ser reina no parecía entonces que estuviera tan claro como la posibilidad de que su ex marido no llegara nunca a ser rey si seguía empeñándose en continuar la relación amorosa con su amante.
La reina Isabel se decantó en principio por una actitud pragmática, con la esperanza, como siempre, de contener las fatales consecuencias de la ruptura del matrimonio.
Según el jefe de personal de Diana, Patrick Jephson, «la reina ordenó que dejaran en paz a la princesa. A partir de aquel momento, era completamente libre. Así permitía que fueran otros quienes juzgaran si realmente se había hecho merecedora de su status y su popularidad».'LA BATALLA REAL'Durante la separación, el pueblo estuvo con DianaEn el momento del divorcio -llamado batalla real por la prensa sensacionalista-, Diana tenía la impresión de que era ella la que había ganado el corazón y la voluntad de la opinión pública.
A pesar del bochorno producido por el hecho de que hubiera grabaciones secretas de sus relaciones con el vendedor de coches de segunda mano James Gilbey y de que hubieran salido a la luz pública, fue el relato sin cortapisas de su desdichada vida matrimonial, aparecido en la biografía escrita por Andrew Morton -todo un éxito de ventas- lo que le granjeó la simpatía general y condenó a Camilla al papel de perversa bruja y a Carlos, al de redomado canalla.
A la opinión pública tampoco le gustó la conversación, igualmente grabada en secreto y luego filtrada a la prensa, que Carlos había mantenido con Camilla sobre el apasionante tema de cierto támpax.
Las cintas de Camilla confirmaron, ni más ni menos, lo que Diana sabía ya desde hacía mucho tiempo. La princesa encontró cierto alivio en este episodio al comprobar que la prensa sensacionalista había rebajado la aventura amorosa de Carlos al nivel de las cloacas.
Aún así, Lady Di sufrió un shock considerable cuando escuchó algunas de las expresiones más crudas utilizadas por Carlos y Camilla; desde luego, era un diálogo que jamás en la vida había mantenido Carlos con ella. «¡Dios mío, Patrick! ¡Un támpax! ¡Qué degeneración...!», le comentó a Jephson.
La mayoría de los especialistas en temas de la realeza no tenían en principio ninguna duda de que Diana había salido mucho mejor parada de la separación. Según el periodista Anthony Holden, uno de los mayores expertos de entre los comentaristas especializados en la casa de los Windsor, Diana daba toda la sensación, de manera ostensible, de que había vuelto a nacer.
Parecía que tenía otra manera más resuelta de andar, otro brillo más rutilante en su rostro y una renovada viveza en aquellos ojos azules que por momentos daban la sensación de guardar un precario equilibrio entre la insinuación y la pasividad.
Se había convertido en una voz independiente a la hora de opinar sobre temas que eran ajenos al pensamiento tradicional de la realeza, pero que parecía que sí tenían mucho que ver con las circunstancias con las que se identificaba la mayor parte de la gente normal y corriente.
En un momento de aquel período de separación formal de su marido fue cuando yo me encontré con Diana, por primera y única vez en mi vida. Yo iba paseando, a solas, por una tranquila calle secundaria, próxima a la iglesia de los jesuitas de Farm Sreet, en Mayfair, cuando, para mi sorpresa, vi que la princesa avanzaba caminando hacia mí por la misma acera.
Ese día, el 24 de diciembre, no había nadie más en aquella calle.Diana iba cargada con un montón de regalos y era la viva imagen, sin que le faltara detalle, de una princesa de cuento.
Al pasar a su lado le dije: «Alteza, estoy de su parte. ¡Mucha suerte!». Bajó sus ojos, a modo de saludo, y me dedicó una sonrisa extraordinariamente generosa. «Muchas gracias, es usted muy amable.¡Feliz Navidad!», respondió ella, antes de seguir su camino.Me impresionó profundamente porque me pareció una princesa tan especial, humana y, sin embargo, al mismo tiempo, más allá de la realidad. Me quedé absolutamente prendado de ella.
El interés de Diana en crecer como persona le condujo a abarcar un gran abanico de áreas: la astrología, el psicoanálisis, la aromaterapia, la irrigación del colón... Si bien no llegó a convertirse, es cierto que profundizó en ciertos aspectos de la Iglesia católica, buscando el consejo de sus miembros. Lady Di consideraba que era una buena forma de encontrar la paz interior.
Desgraciadamente, Diana estaba marcada por su trágico destino, tal y como ella misma apuntó en una intervención pública. Haciendo gala de una honestidad apabullante, pronunció unas palabras en un congreso sobre la adicción a las drogas y al alcohol en junio de 1993. He aquí parte de su mensaje: «Es posible que para las mujeres suponga un enorme esfuerzo el reconocer que ya no pueden más... cuando todo su mundo se les cae encima y se desvanece su autoestima en la niebla de la soledad y la desesperación».
Para entonces, Diana estaba empezando a sentirse no ya perseguida, sino acosada por determinados sectores de los medios de comunicación, como si hubiera perdido todo derecho a tener su propia vida privada.
A decir verdad, ella siempre se había mostrado tan capaz de manipular a los medios de comunicación como éstos de utilizarla, pero esta circunstancia no impidió que ella sintiera en su fuero interno que todo aquello era injusto, lo que resucitó su profundo sentimiento de inseguridad y le llevó, en diciembre de 1993, a anunciar su retirada de la vida pública.
Ese retiro no duró mucho tiempo. Los neuróticos no se convierten de buenas a primeras en ermitaños. Continuamente andan a la búsqueda del contacto humano, por muy perjudicial que se vuelva para ellos.Si bien la agenda de la princesa se quedaba en un pálido reflejo del apretado programa de años anteriores, Diana siguió con sus visitas, aparentemente sin ningún tipo de coordinación y obedeciendo exclusivamente a sus impulsos repentinos, a hospitales y refugios nocturnos de vagabundos.
Lejos de cortar sus relaciones con los medios de comunicación, mantenía estrechos contactos con un reducido número de periodistas en los que ella confiaba, para que continuaran dando su versión de lo que acontecía cada vez que se recrudecía la batalla con la familia real.
En 1994, Diana tuvo en su mano la oportunidad de conseguir una decisiva influencia sobre su marido y sobre el futuro que éste representaba, cuando Carlos reconoció por primera vez públicamente, en una entrevista con la BBC, que había cometido adulterio con Camilla Parker-Bowles cuando todavía estaba legalmente casado.
La entrevista levantó una formidable oleada de desaprobación popular, de la que Camilla salió condenada una vez más y en la que se suscitaron graves dudas sobre el derecho que tenía Carlos no sólo a la corona, sino a ser la cabeza simbólica de la Iglesia de Inglaterra.HEWITT, TRAIDORLos ingleses justificaron el primer desliz de DianaPor el contrario, la publicación de un libro que contaba con detalle la aventura de Diana con el mayor del Ejército James Hewitt recibió fortísimas críticas, prácticamente sin excepción, porque se entendió como una traición del militar. El veredicto popular falló que, cuando se produjo esa aventura, Diana llevaba ya años sufriendo la falta de amor de su marido, por lo que era perfectamente comprensible que lo buscara en brazos de otro hombre.
Al año siguiente, en 1995, Diana realizó un intento de lanzar al mundo su muy personal manifiesto. Tal y como comentó a uno de sus ayudantes, lo que quería era que se le reconociera su auténtica valía y que se le diera vía libre para hacer uso de sus capacidades.
Pretendía abordar los mayores problemas del mundo, de modo que pudiera contribuir a su solución en un contexto global. Detrás de aquel plan suyo de aportar sus propias soluciones a cualquier parte del globo, en apoyo de las causas que ella quisiera defender, se agazapaba una vez más la más inalcanzable de todas sus ambiciones, la que con mayor desesperación anhelaba ella: su permanente búsqueda de la paz del espíritu.
En los meses siguientes, Diana abandonó prácticamente su dedicación a la vida inglesa en favor de un nuevo régimen exótico de escalas fotográficas alrededor del mundo. Su febril actividad incluyó no menos de 10 viajes al extranjero en 12 meses, desde Hong Kong a Buenos Aires.
Adoptando unas veces la pose de una Madre Teresa un tanto subida al estrellato, o la de una modelo del Vogue en otras, Diana seguía demostrando que ejercía un poderoso magnetismo para una gran variedad de personas, desde los más miserables a los más poderosos.Presidentes, reyes y emperadores la colocaban en el primer lugar de sus listas de invitados. Mientras ella seguía sacando dinero para buenas causas, las claves de su popularidad descansaban tanto en su condición de famosa como en su filantropía.
De vez en cuando, brillaba con fuerza el zumbón sentido del humor de Diana, como recordatorio de lo diferente que era ella comparada con los estrechos y reprimidos miembros de la casa de Windsor.
En Japón, optó por ponerse, al margen de todo protocolo, unos altísimos zapatos de tacón y una falda para su encuentro con el emperador. Le sacaba mucho más que la cabeza. Cuando Diana se inclinó ante él en la correspondiente reverencia, el emperador quedó fotografiado con la mirada clavada en una generosa porción de su impecable muslo real.
A finales de aquel año, sin embargo, hasta algunos de los más fieles servidores de Diana habían empezado a advertir que ganaban terreno los rasgos menos encantadores de su personalidad. Era evidente que, por mucho que protestara del acoso de los medios de comunicación, no había disminuido un ápice su deseo de sentirse gratificada por esos mismos medios.ENTREVISTA EN LA BBCDiana afirmó que Carlos no era un buen padreFrente a la opinión del palacio de Buckingham y de sus propios consejeros, Diana concertó una entrevista con la TV pública del Reino Unido, la BBC. Pretendía justificar su aventura amorosa con James Hewitt al mismo tiempo que poner por los suelos el carácter de Carlos, al que pintaba como un hombre que no estaba a la altura de su papel de padre ni de gobernante de un país.
La entrevista cortó radicalmente todas sus oportunidades de reconciliarse con la familia real, acelerando el proceso formal de divorcio entre Diana y Carlos.
Lady Di albergaba la secreta esperanza de que la entrevista supondría un momento de liberación con el que pondría a todo el mundo de su parte. Sin embargo, el experimento no pasó de ser un apaño a corto plazo, el recurso infantil de quien trata de llamar la atención exagerando un berrinche. Los demonios que siempre acompañaron a Diana se volvieron a manifestar en una creciente paranoia y en una tendencia a mezclarse con los hombres que menos le convenían en su proceso de autodestrucción.
A medida que el palacio de Buckingham le hizo cada vez más el vacío, Diana empezó a ver conspiraciones por todas partes, como si la reina, los medios de comunicación, la clase política y los servicios secretos hubieran firmado un pacto para conspirar contra ella.
La princesa de Gales estaba convencida de que cada uno de sus movimientos quedaba registrado en cintas clandestinas y de que agentes secretos seguían cada paso que daba. Diana le comentó al jefe de su personal, Patrick Jephson, que habían intentado disparar contra ella en Hyde Park, que habían manipulado de alguna manera los frenos de su automóvil y que habían instalado un aparato de escucha bajo su mismísima cama.
Jephson se ocupó personalmente de realizar minuciosas comprobaciones de cada una de estas sospechas y llegó a la conclusión de que todas ellas no eran sino producto de la imaginación de Lady Di.
La personalidad enferma de Diana constituía terreno abonado para el desarrollo de unas relaciones destructivas con miembros del sexo opuesto. En 1995, se hizo amiga de Will Carling, el capitán de la selección inglesa de rugby, con el que coincidía en el exclusivo gimnasio del que ambos eran socios, en Chelsea.
Para la ex mujer del príncipe Carlos, el deportista sólo era otro en una lista cada vez más abultada de machos que caían seducidos ante su belleza y su posición, y que, siempre transitoriamente, conseguían hacerse con un lugar en el corazón de ella, al hacerle sentirse una mujer deseada.
Sin embargo, Diana minusvaloró la capacidad de la mujer de Carling para responder a aquel ataque. La joven, bien parecida y decidida, Julia Carling recurrió a la prensa sensacionalista, produciendo un efecto devastador, al describir los jueguecitos de su marido con la real coqueta como un caso bastante patético de iluso engaño.La campaña dañó todavía más la imagen de cuento de hadas que durante tanto tiempo había sido la mejor baza de Diana.
Cuando, dos años más tarde, surgieron en los medios las primeras informaciones que apuntaban a que Diana parecía que tenía relaciones cada vez más estrechas con Dodi Al Fayed, el hijo del magnate de los almacenes Harrods, mucha gente tuvo la impresión de que aquello iba a terminar mal.
Los que se habían mantenido fieles a Diana durante todos aquellos años de euforias y depresiones no dejaban de admitir el potencial desastre que se escondía detrás de su redescubierta felicidad.
Los Al Fayed no habían surgido de buenas a primeras para ofrecer a Diana sus servicios en un momento de extrema necesidad. Los caminos de la princesa de Gales y de Mohamed Al Fayed, el padre de Dodi, se habían cruzado en sus giras por todo el mundo.
Al Fayed había financiado algunas de sus causas. Las furgonetas de Harrods, los grandes almacenes londinenses de los que era propietario, visitaban con regularidad el palacio de Kensington, mientras ella residió allí, para llevar sus compras y las de sus hijos.
La generosidad de los Fayed con Diana fue en aumento paralelamente a como fue cayendo la de la realeza y la clase política. Gracias a Al Fayed, Diana tenía a su disposición yates, guardaespaldas y aviones privados, todos esos signos externos de riqueza que prometían envolver su condición de famosa con una apariencia de seguridad.
Diana empezó a mostrar interés en Dodi muy poco después de que un cirujano cardiovascular, casado y de origen paquistaní, llamado Hasnat Khan, hubiera cortado sus relaciones con ella.
Para los observadores más cínicos, Diana había terminado con Al Fayed de puro rebote, simplemente para exhibirlo, como suelen hacer las mujeres heridas en su amor propio, con el objeto de poner celoso a Khan.
A decir verdad, Diana demostraba muy poca sensibilidad por la mujer y los hijos de Khan. Si antes no le había importado que le filmaran materialmente cubriendo de regalos a los niños, después se dedicó a orquestar una sensacional campaña de prensa para difundir su romance vacacional con Dodi.
En cierto sentido, poco importaba la teoría de la explotación según la cual se presentaba a Khan como un inocente peón y a Diana como una egoísta manipuladora.
Nunca llegó a saberse cuál era la gran «sorpresa» que Diana prometió a un selecto grupo de periodistas. ¿Acaso era que al fin había encontrado la auténtica felicidad en brazos del hijo de uno de los más vilipendiados empresarios de Gran Bretaña? En lugar de ello, las vidas de Diana y Dodi quedaron segadas repentinamente en París el 31 de agosto de 1997. Un polémico accidente de coche dejó al mundo en suspense sobre lo que aún nos deparaba Diana.
En el quinto aniversario de la muerte de la princesa sigue sin resolverse el debate sobre su contribución a la Historia. Para los hombres, ella encarna todas las imágenes posibles. Tal y como yo mismo escribí poco después de su muerte, las fotografías nos hablan todavía de estas contradicciones. Quizá debido a ello, no hay unanimidad a la hora de decidir cómo se conmemora su memoria, incluso aunque su legado más positivo sea la existencia de dos apuestos jóvenes príncipes que tratan de combinar sus responsabilidades con su amor a la vida.MUJER DE 1.000 CARASEs imposible tener una imagen única de DianaDiana, víctima. Diana, radiante. La reina de cuento de hadas.La mujer moderna. La madre de auténticos príncipes. La amante de un galán árabe. Una aristócrata con halo de santidad, tan próxima a las causas y a las preocupaciones que llegan al corazón de la gente normal y corriente y lo conmueven. Una neurótica sin remedio...
Sin lugar a dudas, Diana no era republicana. No deja de ser una ironía que ella haya contribuido a la supervivencia de la monarquía más que a su desaparición. Su rebeldía sirvió para despertar la complaciente rigidez de la casa de Windsor, a la que obligó a modernizarse a fin de sobrevivir.
Diana tampoco fue, simplemente, uno de los personajes protagonistas de una comedia de enredo con la familia real. Su vida pública fue un prontuario de la forma en que hombres, mujeres y niños luchan por convivir. Ella conectó con el sufrimiento y la alienación, hasta el extremo de que personificó algunos de los grandes temas de nuestros tiempos.
El otro día pregunté a mis hijas qué era lo que ellas recordaban de Diana. «Entregó su vida a los demás», me respondieron ambas espontáneamente. Eso quizás explique las razones por las que Adiós, rosa de Inglaterra, el tema que Elton John cantó en su funeral, sigue vendiendo más que cualquier otra canción en la historia de la música.
Quizás sus últimos versos sean tan pertinentes hoy como lo fueron entonces. «Adiós, rosa de Inglaterra, te lo dice un país desolado ante tu ausencia, que echará en falta el aliento de tu piedad más de lo que nunca imaginaste».
Descanse en paz Diana, princesa de Gales.
Diana Spencer entró en el libro de la Historia cuando se casó con el príncipe Carlos. El periodista Jimmy Burns Marañón descubre en tres capítulos las razones por las que aquella mujer insegura y bulímica no conquistó el corazón de su marido. El príncipe de Gales amó (y lo sigue haciendo) a Camilla Parker-Bowles, dejando que Diana se hundiera en la depresión. Su 'venganza' fue eclipsarlo en los actos públicos. Cinco años después de su muerte, el pueblo todavía la adora.
El álbum familiar de los Spencer contiene esta foto de Diana cuando sólo tenía un año (1962).
Los turistas que este verano visiten Londres por primera vez quizá no caigan en la cuenta de un cambio importante en el paisaje de la capital inglesa, un cambio que es representativo de cómo han quedado arrumbados los recuerdos de una legendaria princesa que, tiempo atrás, cautivó la imaginación del mundo.
Una tienda que hace esquina, a unos pocos metros del palacio de Buckingham, sustituyó, no hace mucho tiempo, las viejas reproducciones de jarros y postales de Diana, princesa de Gales, por un surtido de recuerdos exclusivamente dedicados a su majestad la reina Isabel II.
Los últimos meses han demostrado la extraordinaria capacidad de una de las familias reales más antiguas para salvarse cuando estaba al borde de la extinción y seguir arraigados en el sentimiento colectivo de los ingleses con la categoría de «entidad admirada».La bien entrenada maquinaria de consejeros que rodean a la real familia se las ha ingeniado para no naufragar en las procelosas aguas de la polémica y el escándalo y para salir de ellas con renovada firmeza.
Dos hechos, la muerte de la centenaria reina madre y las celebraciones de las bodas de oro de la coronación de su hija como reina, han demostrado que perduran unas masas populares que todavía creen que la monarquía -aun sin la legendaria princesa- no sólo tiene que existir sino que debe desempeñar un importante papel como catalizador de un sentimiento de cohesión social y política en un nuevo siglo plagado de incertidumbres.TRAS SU MUERTEAhora Buckingham ha aceptado a CamillaCamilla Parker-Bowles, la mujer que contribuyó a destruir el matrimonio de Diana y Carlos hace gala ahora, abiertamente, de su relación con el heredero designado. Se habla de boda y la invitan al palacio de Buckingham. ¿Se estará revolviendo Diana en su tumba? Yo espero, sinceramente, que haya encontrado la auténtica felicidad en el cielo.
Con todo, el quinto aniversario de la muerte de la princesa Diana en un espeluznante accidente de automóvil en París va a causar mella, transitoriamente, en este renovado sentimiento de seguridad y quizá sirva para recordar al pueblo lo poco que ha cambiado la casa de los Windsor desde que les responsabilizaron, en parte, de haber contribuido a la trágica muerte de una persona que se había atrevido a desafiar una serie de reglas divinas y antiguas tradiciones.
No soy yo el único inglés que recuerda con exactitud dónde se encontraba y qué estaba haciendo cuando oyó las primeras noticias de aquel suceso a primera hora de aquella mañana de agosto de 1997. Acababa de saltar de la cama para ver un programa de televisión cuando, todavía de manera un poco confusa, me di cuenta de que uno de los más conocidos presentadores de informativos del país tenía los ojos humedecidos.
Al cabo de unos minutos, desperté a mi mujer y a mis dos hijas para comunicarles que no sólo la nación sino todo el mundo había sufrido una pérdida irreparable. La última vez que se había expresado un sentimiento semejante en el seno de mi familia fue cuando mi difunto padre había anunciado la muerte de Churchill. Mis pequeñas hijas tendrían que estudiar a Churchill en el colegio, pero ya lo sabían todo sobre Diana y en la intimidad profunda y secreta de su ser lloraron también.
Al cabo de unas horas, habíamos dado por terminado precipitadamente nuestro fin de semana y habíamos regresado a Londres en coche, para expresar nuestra tristeza de la única manera que creíamos poder hacerlo. Nos sumamos a una creciente muchedumbre de miles y miles de personas que visitaban la casa de la princesa, junto a Kensington Gardens, antes de depositar un gran ramo de flores y una tarjeta de condolencia a las puertas del palacio de Buckingham.FLORES Y LAGRIMASSus súbditos la querían porque les hizo soñar.
Depositamos las flores y la tarjeta consciente y deliberadamente donde lo hicimos. Las dejamos tanto como un acto simbólico, como en un gesto cargado de significado, con el objetivo de mostrar nuestro respeto hacia Diana, no porque se hubiera convertido en una excéntrica marginada, sino porque era una auténtica princesa que había cumplido con su responsabilidad y había dado vida a nuestros sueños.
Cinco años después, la verdadera historia de Diana es la que nos pinta el retrato de una persona mucho más compleja que la condición de icono a la que fue elevada en su multitudinario funeral. Más allá de la imagen de una belleza desafiante y radiante queda la realidad de una neurótica vulnerable, mártir de los medios de comunicación en la misma medida que su musa preferida, que se vio perjudicada por su educación mucho antes de sufrir la humillación de que la casaran con un futuro rey que quería a otra.
No resulta, pues, sorprendente que en las semanas que han precedido al quinto aniversario de su muerte, el inquieto espíritu de Diana se haya seguido dejando sentir. Su manifestación más visible ha sido la división pública que ha salido a la luz sobre la mejor forma de recordarla. Un comité responsable de escoger el diseño del monumento se ha mostrado profundamente dividido entre las dos propuestas que competían para la realización de un campo de recreo, un paseo y una fuente en Kensington Gardens. Lo más llamativo es que se haya tardado tanto tiempo en considerar la posibilidad de levantarle un monumento.
«Desde que Trotsky fue expulsado de la Unión Soviética en 1929, ninguna otra figura prominente ha sido borrada de la vida pública de una nación hasta tales extremos. Rara vez leemos nada de ella.Rara vez vemos alguna imagen de ella. La señora ha desaparecido», afirma Robert Harris, periodista y autor de libros de éxito.
Entre los que se han sumado al coro de las censuras figura el hermano de Diana, Charles, conde de Spencer, que, en una polémica entrevista concedida a primeros de julio, ha acusado públicamente a la familia real de tratar de limitar los contactos entre sus sobrinos, los príncipes Guillermo y Enrique, y la familia de Diana. Se da la paradoja de que Lady Di lo nombró guardián de sus hijos en su testamento.OLVIDADA POR LA HISTORIALa quieren borrar, pero su espíritu ha renacidoCon todo, esta aparente desaparición de Diana tiene que valorarse en relación con el hecho de que una parte de la renovada imagen pública de la casa de los Windsor parece que refleja la perdurable influencia de aquella princesa que llegaron a marginar.
Sin duda, las bodas de oro de la coronación fueron un triunfo personal de la reina, cuya popularidad entre el pueblo llano, al igual que la de la reina madre, raramente se ha visto amenazada de manera directa. Sin embargo, a pesar de toda la pompa y solemnidad que rodeó tanto las celebraciones de las bodas de oro como el funeral de la reina madre, fueron la ruptura de la tradición y los destellos de sentimentalismo colectivo los que nos hicieron evocar el carisma populista de Diana.
Algunas escenas, como los ramos de flores que se tiraban al paso del carruaje mortuorio de la reina madre por las calles de Londres y la forma en que la reina se mezcló en los jardines del palacio de Buckingham con estrellas de la canción como Elton John, habrían resultado inimaginables sin el ejemplo de Diana.
Entre tanto, no se puede negar que Guillermo y Enrique han aportado de manera cada vez más importante su propio toque populista a la monarquía en el comienzo del nuevo milenio, con lo que demuestran muy cumplidamente que son auténticos hijos de su madre.
En 1967, Diana Spencer, con seis años, se sentó al pie de las escaleras de su casa solariega y se agarró a la barandilla mientras su familia se desintegraba a su alrededor. Aquel instante iba a perseguirla durante el resto de la vida.
Lágrimas, gritos, el ruido de unos pasos apresurados por la grava del patio de entrada, el cierre violento de la puerta de un coche y luego el sonido de un motor que sube de revoluciones antes de que el automóvil se desvanezca repentinamente, como el eco de un disparo. Frances, la madre de Diana, había salido del hogar de la familia Spencer para no regresar jamás.
Diana Spencer había nacido el 1 de julio de 1961, con un buen peso de tres kilos y medio, en un mundo de privilegios y de lujo que en nada se correspondía con las soterradas tensiones que estaban ya conduciendo a sus padres a una separación irrevocable.
Era la tercera hija del vizconde y la vizcondesa de Althorp, y una única mancha afeaba su horizonte: el hecho de que su padre era incapaz de ocultar el disgusto ante el hecho de que su mujer había dado a luz a otra niña en lugar del esperado varón. Cuando por fin llegó el niño, Charles, tres años más tarde, tuvo un bautizo mucho más especial que el de Diana, con la reina como madrina.
Los Althorp no andaban faltos de dinero. Habían acumulado un patrimonio que se remontaba al siglo XV, cuando los Spencer hicieron fortuna comerciando con ovejas. Carlos I les concedió el título nobiliario en el siglo XVII.
La familia se construyó una residencia palaciega en el campo, en Northamptonshire, no lejos de Oxford. Los Althorp amasaron una destacada colección de obras de arte y muebles antiguos y adoptaron para su escudo de armas un lema con un absurdo punto de arrogancia: God defends the right (Dios defienda al justo).
Desde entonces, los Spencer nunca han andado demasiado lejos de los fastos de la aristocracia, y su compromiso con la nobleza quedó ratificado por varios de los antepasados de Diana, unidos mediante lazos de sangre a los duques de Marlborough, uno de cuyos descendientes fue Winston Churchill.
Por su rama materna, la familia de Diana provenía de los Fermoy, una dinastía más o menos igual de bien conectada, con ricas raíces en Irlanda y en EEUU y con propiedades en Inglaterra concedidas por la familia real.
En sus años de infancia, Diana disfrutó de todas las comodidades de una vida entre algodones, como correspondía a un ambiente privilegiado, prácticamente invariable desde los años victorianos: equitación, una colección de perritos y gatitos, los baños en la piscina privada, horarios fijos para las comidas y una primera educación con institutriz, además de esporádicos encuentros con miembros de la familia real.
El traslado de las dos hermanas de Diana, Sarah y Jane, a un internado privado cuando ella era pequeña, coincidió con la ruptura de los 14 años de matrimonio de sus padres, lo que alimentó en ella un sentimiento de abandono e inseguridad. Diana fue enviada a otro colegio, más cercano a su casa, en el que, sin embargo, siguió albergando esa sensación de desamparo.
Era la única niña de aquella escuela cuyos padres estaban divorciados.Su madre y su padre llevaban cada uno su vida por su cuenta, pero no cesaban de pelearse por sus hijos, por lo que uno y otra inundaban literalmente a sus hijas y a su hijo con una enormidad de regalos con ocasión de navidades y cumpleaños.
Sin embargo, lo que brillaba por su ausencia era la armonía y el calor de hogar que tanto ansiaba Diana. A los nueve años, enviaron a Diana a un internado diferente al de sus hermanas y, en esta ocasión, más lejos de su casa. Su sentimiento de rechazo se hizo más profundo. Una vez, cuando su padre la llevaba al colegio tras unas vacaciones, se plantó en las escaleras y le gritó: «¡Si me abandonas aquí es que no me quieres!».
Pasó mucho tiempo antes de que el círculo de íntimos de Diana llegara a darse cuenta de que los esfuerzos que ella hacía, en vano, por consolarse a base de atracarse a comer. Lo hacía por motivos puramente emocionales, que hundían sus raíces en aquella infancia desdichada.
En el colegio, a Diana se le daban mejor las actividades teatrales y al aire libre que concentrarse en los estudios. No obstante, allí le enseñaron a interesarse por el trabajo social con ancianos, enfermos y retrasados mentales. Estas tareas, le dijeron, contribuirían a hacer de ella «una buena ciudadana».
Su padre, Johnnie, se había casado por segunda vez, convirtiendo en esposa a su amante, Raine, condesa de Dartmouth, una dama bien conocida de la alta sociedad, tan excéntrica en el vestir y en sus tocados como su madre, la autora de novelitas de amor Barbara Cartland. Johnnie sentía por ella auténtica adoración.Al principio, Diana trataba a su madrastra como si aquello fuera una broma, pero con el tiempo, poco a poco, empezó a mostrarle todo su desprecio y se refería a ella como «la perversa madrastra».
En el año 1977 hubo grandes transformaciones en la vida de Diana.Johnnie y Raine se casaron en una discreta ceremonia civil a la que no la invitaron ni a ella ni al resto de sus hijos. Poco después, Diana, aparentemente una jovencita segura de sí misma, si bien un punto rebelde, que estaba ansiosa por salir de casa, se empeñó en que le permitieran dejar el colegio después de haber recibido clases de labores del hogar, corte, confección y cocina en Gstaad (Suiiza).
Tenía 16 años y unas ansias infinitas de descubrir Londres. Quizá fue aún más decisivo el hecho de que, aquel año, conoció a Carlos Windsor, príncipe de Gales, el todavía soltero heredero al trono de Inglaterra, Escocia y Gales.
El primer encuentro con el hombre con quien un día llegaría a casarse no dejó entrever nada. Se conocieron a finales de otoño, en el curso de una cacería de faisanes en la residencia campestre de la familia de ella.
La invitación a Carlos había partido de la hermana mayor de Diana, Sarah. Esta era por aquel entonces una de las muchas jovencitas amigas del príncipe. A pesar de que los columnistas de la prensa rosa las señalaban como posibles candidatas a futura reina, para el propio Carlos no eran más que relaciones pasajeras.DE CAZAEntre faisanes, Carlos la vio 'alegre y bulliciosa'Durante la cacería, Diana se fijó en un personaje que más bien tenía poco encanto, embutido en un anorak que le venía grande y calzado con botas de campo, y no le prestó mayor atención.La primera impresión que ella produjo en Carlos fue la de una mujer más bien inmadura, pero sin ninguna extravagancia y cariñosa.«Alegre y bulliciosa», comentó Carlos a sus íntimos. En privado, Diana pensaba que Carlos estaba completamente fuera de su alcance, un hombre más mayor y algo tristón que, si tenía que emparejarse con alguien de su familia, lo haría con su hermana.
Pasaron otros tres años antes de que Diana y Carlos volvieran a coincidir. Por entonces, Diana tenía 19 años, compartía un apartamento en Londres con tres amigas y ejercía una profesión que se adaptaba muy bien a su sentido de la independencia y a su instinto por cuidar de los demás.
Tenía un trabajo de jornada reducida en una guardería, en la que enseñaba a los niños pinturas, bailes y juegos. Entre sus amistades había chicos, pero con ninguno de ellos llegó a mantener relaciones. Parecía que el destino, inconscientemente, le empujaba a llegar virgen al matrimonio.
Por el contrario, el príncipe Carlos, con casi 33 años, había mantenido toda serie de relaciones sexuales pasajeras, aunque se había enamorado en secreto de la mujer destinada al papel de amante real, Camilla Parker-Bowles.
¿AMOR O DEBER?La razón de Estado doblegó al príncipe
Hombre de arraigadas costumbres, educado en las rígidas tradiciones de la casa de Windsor, Carlos se consumía en su interior en un debate emocional, puesto que ya sentía las tensiones entre lo que le demandaba su corazón y su sentido de la responsabilidad monárquica.
El más íntimo confidente de Carlos, su tío lord Mountbatten, había facilitado desde el primer momento de su relación el emparejamiento de Carlos y Camilla a cubierto de los ojos de la opinión pública, pero al mismo tiempo había aconsejado al príncipe que buscara una esposa que se adaptara mejor a las exigencias de una familia real: una novia que fuera también de buena cuna, pero que no tuviera la reputación de Camilla, de promiscuidad sexual y de infidelidad matrimonial.
No deja de ser una ironía que fuera la muerte de Mountbatten, asesinado por terroristas del IRA en 1979, la circunstancia que sirvió en bandeja que Diana entrara en la vida de Carlos.
En el verano de 1980, Diana se encontró con Carlos durante un partido de polo y, mientras mantenían una conversación a solas, ella despertó en él la emoción con sus expresiones de condolencia.Ella le dijo que le había visto en el funeral de su tío y que había tenido la sensación de que se encontraba muy solo y de que necesitaba que alguien se ocupara de él.
Apenas si habían transcurrido unas semanas cuando Carlos sorprendió a uno de sus más íntimos amigos con la insinuación de que había conocido a la que había de ser su esposa. Le habló de la buena educación que Diana había recibido, de sus modales nada afectados y naturales, de su afabilidad y de su aparente inclinación a la vida en el campo.
Diana comentó con sus amigos que se sentía halagada, aturrullada y desconcertada ante la entusiasta atención que había empezado a generar en el príncipe, 12 años mayor que ella. Su corazón se puso a latir mucho más rápido de lo habitual cuando Carlos la invitó en el otoño de 1980 al refugio escocés de la familia real en el castillo de Balmoral.
La visita de Diana fue del todo inocente, sin sombra del arrojo que Camilla desplegaba en sus encuentros con Carlos. En lugar de compartir cama bajo el mismo techo, Carlos se quedó en la mansión principal, mientras que Diana pasó las noches en una casa aneja, acompañada de su hermana Jane y del marido de ésta, Robert, miembro de la familia real. Con todo, lo que Diana recordaba tiempo después como unos «maravillosos» días en Balmoral se vieron interrumpidos por el inquisitivo teleobjetivo de un fotógrafo, que la obligó a taparse el rostro con un pañuelo y a ocultar su identidad cuando paseaba.
El incidente representó el punto de partida de una persecución implacable desatada por la prensa sensacionalista a la caza de lo que los periodistas populacheros consideraban que era propiedad nacional.
Para todos -y eran muchos- los que todavía no tenían ni idea de la naturaleza de las relaciones de Carlos y Camilla, la historia les parecía de lo más natural en aquel momento: el futuro rey de Inglaterra conoce por fin a su princesa de cuento de hadas.Aquella era la noticia ideal que los periodistas especializados en la familia real llevaban años esperando.
Después del episodio de Balmoral, Diana dejó de tener vida privada a todos los efectos. Los reporteros la esperaban a la puerta de su apartamento, la sometieron a asedio día y noche y la siguieron hasta la guardería en la que trabajaba. Durante mucho tiempo, Diana fue un ejemplo de discreción y de modestia, sin soltar palabra ni realizar ningún gesto que perjudicara su imagen de mejor amiga del príncipe.
Tan solo una vez cometió un error involuntario, en la confianza de que la prensa sensacionalista la dejaría en paz, cuando se avino a posar para una fotografía con un grupo de niños de los que era profesora. Desgraciadamente, la luz le daba por detrás e hizo que se le transparentara la falda de algodón y que enseñara las piernas más de lo que debía.
La fotografía se distribuyó por todo el mundo. La instantánea le daba un aire de erotismo soterrado que contrastaba con su imagen virginal. «Sabía que tenías unas buenas piernas, pero no me había dado cuenta de que eran espectaculares [le comentó el príncipe Carlos]. En fin, ¿por qué tenías que enseñárselas a todo el mundo?».
Este comentario debería haber servido de advertencia de que Carlos había dibujado una nítida línea de separación entre Diana y Camilla en sus afectos, y que, en su fuero interno, sólo profesaba una auténtica pasión sexual por la segunda. Sin embargo, en aquel momento, Diana se lo tomó simplemente como una manifestación del sentido del humor de él.
Tendría que pasar aún un tiempo hasta que Diana empezara a darse cuenta de la realidad de la relación de Camilla con Carlos, lo que exacerbó la tensión mental que ella había empezado a sentir como consecuencia de estar permanentemente en el centro de atención de los medios.
Prácticamente no había nada en su vida que la hubiera preparado para las tortuosas circunstancias en las que se iba a encontrar.Desde Balmoral, ella no tenía ninguna duda de que quería casarse con Carlos y de que su principal obligación consistía en no hacer nada que pudiera perjudicar a la realeza. Sin embargo, al mismo tiempo volvía a surgir en ella la profunda inseguridad que llevaba arrastrando desde su infancia.POBRE INOCENTELos amigos de Carlos no creían que él la eligieraAlgunos amigos de Carlos y determinados miembros del personal de la casa real, que estaban al tanto de su pasión por Camilla y que creían que Diana era una pobre inocente, tenían la sensación de que se estaba mascando la tragedia, pero creyeron que su obligación era mantenerse en silencio. El propio Carlos, sin embargo, se vio sometido a la presión de la única persona a la que debía hacer caso, su padre, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo.
El duque advirtió a su hijo de que no podía seguir retrasando su decisión: Carlos debía poner fin inmediatamente a la relación con Diana o casarse con ella. Poco después, en una conversación con uno de sus íntimos amigos, Carlos confesó que estaba nervioso y confuso, pero parecía resignado. «No es cuestión más que de decidirse a dar un paso, no muy habitual, hacia una situación bastante desconocida... Espero que al final salga todo bien», confesó Carlos.
En febrero, le pidió a Diana que se casara con él. A ella le entró la risa tonta. No era sino la reacción espontánea de una jovencita inocente que veía cómo se cumplían sus sueños.
Por la noche, cuando comunicó la noticia de su compromiso a familiares y amigos, Diana parecía estar subida en una nube, con el aspecto de ser más feliz que nunca.
En las semanas anteriores a la boda, Diana se trasladó al palacio de Buckingham, donde igual que a Cenicienta, se le separó de sus amigos, de la mayoría de su familia y del mundo exterior.Fue entonces cuando empezaron a asomar las lágrimas, cuando Diana trató con todas sus fuerzas de imponerse, sin conseguirlo, al aislamiento y a las presiones.
Sus ánimos flaquearon por completo cuando su prometido se fue a Australia y Nueva Zelanda en visita oficial por un periodo de cinco semanas. Cayó por primera vez en la bulimia, pasando deliberadamente de darse grandes atracones al ayuno más extremo.
Las angustias de Diana estaban directamente relacionadas con el descubrimiento gradual de que había otra mujer en la vida de Carlos. Una joya desparejada por aquí, una carta por allá, conversaciones telefónicas indiscretas... habían puesto de manifiesto que su identidad era la de Camilla Parker-Bowles.
Cuando Diana le planteó este tema a Carlos, a su regreso a Inglaterra, el príncipe confesó únicamente que Camilla había sido en otros tiempos una de sus más íntimas amigas y prometió repetidamente que, en adelante, Diana sería la única destinataria de su amor.
Se trataba de una mentira que él difícilmente iba a ser capaz de ocultar. Diana no acababa de creérselo, pero se tranquilizó, aunque una voz en su interior le decía que nada en la vida era para siempre. Ella hizo un esfuerzo por convencerse de que así sería si se lo prometía su príncipe.
Pocos días antes de la boda, Diana descubrió un brazalete que Carlos había comprado para regalárselo a Camilla. Una vez más, ella le pidió explicaciones. Una vez más, él negó que hubiera hecho algo incorrecto, y le dijo que estaba histérica sin motivo.Diana, que por encima de todo quería agarrarse desesperadamente a sus sueños, alejó de sí sus más siniestros temores.
Carlos, siempre sumido en la duda permanente, sopesó la posibilidad de echarse atrás hasta que se dio cuenta de que los preparativos de la boda estaban ya tan avanzados que suspenderlos en aquel momento iba a suponer una humillación nacional. Se convenció a sí mismo de que su responsabilidad le obligaba a representar el papel que las masas exigían: ser el príncipe azul de una princesa de cuento de hadas.
Un vendedor de coches y un profesor de equitación sedujeron a Diana mientras Camilla consolaba al príncipe
La boda fue el culmen de sus más íntimos deseos. La pequeña Diana se había convertido en una hermosa princesa. Desde que se anunció el enlace, Buckingham y su maquinaria optaron por minimizar la libertad de la 'heredera' para controlarla. Esta falta de oxígeno y el hecho de constatar en la luna de miel que su marido le engañaba con Camilla hicieron que Diana cambiara radicalmente su personalidad, haciéndose expansiva, incluso irreverente, y volcada en las causas nobles.
El príncipe Carlos sostiene a su hijo Guillermo (1982), mientras que su esposa entretiene al niño con un juguete.
El 29 de julio de 1981, Diana salió de la carroza de cristal que le había llevado por las calles de Londres hasta la catedral de San Pablo. Tenía un aspecto radiante, un hermoso rostro que sonreía seductoramente tras el tenue velo y un largo vestido de boda de seda marfil que se prolongaba en una cola como una flor celestial.
Al avanzar por el pasillo central de la iglesia, todas sus angustias se desvanecieron cuando vio fugazmente a Carlos ante el altar.Ella se imaginaba que allí, ante Dios, había un hombre que iba a amarla y a protegerla, en la fortuna como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad; ella, la futura reina de Inglaterra, y él, el futuro rey.
El momento era seguido por 750 millones de telespectadores de todo el mundo. Entre los miles de periodistas que cubrieron la boda real del siglo, pocos exteriorizaron tan efusivamente su emoción como el corresponsal de la revista Time: «La escena real es simplemente una representación de nosotros mismos en nuestro mejor momento; si a alguien se homenajea aquí es a la raza humana».
Ciertamente, en los días, meses y años que siguieron, la trágica historia de la princesa de Gales constituiría una muestra de toda la gama de emociones del ser humano, en una variedad de manifestaciones que pocos habrían podido imaginar.
Durante la ceremonia religiosa que enmarcó el enlace del príncipe y la princesa de Gales, en el verano de 1981, el arzobispo de Canterbury, Robert Runcie, hizo una observación, en medio de la euforia colectiva que rodeaba aquel cuento de hadas de la realeza.
«El día de bodas no constituye una meta, sino el punto a partir del cual comienza la aventura en la que el esposo y la esposa hacen realidad sus solemnes promesas, amándose y respetándose mutuamente. Al compartir los momentos de gloria y de tristeza, los logros y los contratiempos, experimentarán una transformación...Los contrayentes vivirán siempre felices después del día de bodas si perseveran...», recordó el arzobispo de Canterbury.
Diana y Carlos habían llegado al matrimonio con la idea de imponer sus propias condiciones. Cada uno confiaba en que las ansias del otro por conseguir que aquello saliera bien eran suficientes, por sí solas, para hacer que se desvanecieran para siempre los fantasmas del pasado. Desde un principio, sin embargo, la relación sufría cada vez que salía el enemigo que cada uno de ellos llevaba dentro.
Para su luna de miel, partieron de crucero desde Gibraltar sin ofrecer la menor señal de tensiones emocionales. Sin embargo, ni siquiera lejos de la cegadora luz de los focos de la televisión y de los fogonazos de los fotógrafos consiguieron sentirse relajados el uno en compañía del otro. Muy al contrario, empezó a desarrollarse entre ellos un sentimiento mutuo de incompatibilidad emocional.
Diana se desesperaba llevada por su deseo de emplear el tiempo de que disponían en conocer mejor a su marido, en acrecentar su amor por él y en despertarle este mismo sentimiento. Sin embargo, desde el momento en que empezó la luna de miel a bordo del yate real Britannia, Carlos se comportó como un hombre reacio a modificar sus costumbres y las formas establecidas. Para él, un buen rato consistía en la lectura de un buen libro, o en echar unas risas en el comedor con los oficiales del barco.
Después de haber padecido la claustrofobia de vivir en el palacio de Buckingham las semanas anteriores a la boda, Diana se sentía en aquel momento extrañamente sola con su marido. La pareja real viajaba en el Britannia acompañada de 21 oficiales y 256 marineros.Por la noche, toda aquella espontaneidad que Diana tan bien cultivaba se estrellaba contra la obligación de ponerse un vestido de etiqueta para pasar la velada escuchando las rimbombantes interpretaciones musicales de una banda militar.
Antes de la ceremonia, Diana se había preparado para aceptar las obligaciones que conllevaba el estar casada con el futuro heredero de la corona. Pero por el contrario, fue la jovencita sin experiencia, todavía con el recuerdo fresco de una infancia infeliz, la que salió a la superficie, rebelándose en medio de aquel ambiente que consideraba sofocante.
El descubrimiento de que Camilla Parker-Bowles estaba todavía presente en la vida de Carlos no contribuyó a que mejorara el humor de Diana. Cierto día, durante la luna de miel, y en el preciso instante en que los recién casados estaban haciendo planes para el futuro, a Carlos se le cayeron de entre las páginas de su diario dos fotografías de Camilla. Diana notó que se apoderaba de ella una terrible sensación de pánico. Una vez más, Carlos negó que hubiera nada serio entre aquella mujer y él.
Lo que Diana no sabía es que el príncipe y su amante habían acordado dejar de verse durante una temporada. Sin embargo, ella tenía la impresión de que el corazón de su marido estaba en manos de otra y se sentía desarmada, sin capacidad de reacción, por culpa de aquellos celos que la obsesionaban.
La amenazante sombra de Camilla volvía a despertar en Diana las inseguridades que nunca le habían abandonado desde la niñez.La princesa volvió a caer en la bulimia -no era la primera vez ni sería la última que le ocurría en su vida-, un trastorno nervioso que se manifiesta en un errático comportamiento dietético y en tremendos cambios de humor. Aquello le llevaba a provocarse vómitos entre episodios de grandes atracones de comida.
Tuvieron que pasar muchos años hasta que la neurosis de Diana llegó a conocimiento público, cuando los secretos más íntimos de la pareja real empezaron a filtrarse al mundo exterior desvelados por miembros de su círculo íntimo. En un revelador relato publicado después de su muerte, Patrick Jephson, el más próximo de sus ayudantes de cámara y consejeros en los años en los que mayor era la fama de Diana, recordaba que los ataques periódicos de bulimia de la princesa amenazaban con echar por tierra su imagen ante el mundo.LA BULIMIADiana se atiborraba a comer para luego vomitar«Sin previo aviso, Diana se atiborraba de dulces. Aquella juiciosa dama llevaba gominolas en el bolso y el chófer siempre guardaba una reserva de chocolate en el coche para un caso de urgencia...La princesa padeció bulimia durante la mayor parte del tiempo que estuve a su servicio. A pesar de su permanente batalla contra este trastorno, que el pueblo llano daba por hecho que ella había conseguido superar, sufría con frecuencia repetidos ataques.Estos eran más frecuentes cuando las tensiones de su matrimonio le empujaban simultáneamente a consolarse a base de comer y alimentar su innato sentimiento de inseguridad... Su desconfianza hacia los hombres y la lamentable imagen que tenía de sí misma hablaban por sí solas...», ha dejado escrito Jephson.
El 21 de junio de 1982, con impecable precisión, Diana dio a luz a un niño: Guillermo. Cuando la reina visitó a su nuera y al niño al día siguiente, comentó: «Gracias a Dios, no ha salido a su padre en lo de las orejas». El acontecimiento suscitó un sentimiento de euforia nacional, que ya había sido estimulado unos cuantos días antes por la victoria en las Malvinas frente a la Argentina de la Junta Militar.
Desde agosto del año anterior, cuando la real pareja se había mostrado bronceada, sonriente y aparentemente relajada, nada había trascendido que pudiera dañar la imagen de la princesa de cuento de hadas y su príncipe encantador.
Sería injusto afirmar que esa imagen fuera el fruto de una gigantesca mentira. Si bien no faltaban señales de desánimo en el matrimonio real, éstas coexistían con periodos de relativa armonía en los que el amor de Diana por Carlos parecía que era correspondido por su marido.
En una carta que Carlos escribió a un amigo una semana antes del nacimiento de Guillermo, el príncipe parecía estar disfrutando de la vida hogareña. «Los dos juntos hemos pasado unas navidades deliciosas. Que hayamos sido capaces de compartir juntos este ambiente ha resultado ser algo extraordinario y de lo más agradable.El próximo año será aún mejor, estoy convencido, con ese pequeñín que se nos va a sumar», escribió Carlos.
A medida que la real pareja iba asumiendo más compromisos públicos en Inglaterra y en el extranjero, Diana empezó a revelarse como una belleza madura, muy segura de sus obligaciones como princesa de Gales, y capaz de aportar un toque humano que cautivaba las aspiraciones de toda la prensa sensacionalista del país.
Lady Di daba la impresión de ser una mujer que era al mismo tiempo de lo más activa y nada pretenciosa. Su espléndido físico y su estilo de vestir contribuían a su renovado idilio con los medios de comunicación. Las fotografías de la princesa se convertían en la opción a la que más recurrían por entonces las páginas de revistas como Hola, People Magazine, Paris Match y Vogue.
Con todo, detrás del escenario, las grietas que habían aparecido mucho antes del matrimonio distaban mucho de haberse cerrado.En enero de 1982, unos días después de que Carlos hubiera escrito la mencionada carta tan llena de optimismo acerca de su matrimonio, su esposa sufrió uno de aquellos accesos de depresión que la iban a llevar, en repetidas ocasiones, a infligirse daños a sí misma con cualquier instrumento punzante.
Esos episodios eran, más que un intento consciente de acabar con su vida, un grito en demanda de socorro en medio de una existencia que seguía abrazada a los traumas del pasado y las amenazas del presente. El psiquiatra de la princesa se sintió entonces incapaz de remediar el hecho de que el matrimonio real hubiera sido edificado sobre unas bases tan endebles.
En los primeros siete años de matrimonio, Diana y Carlos hicieron viajes oficiales a un total de 19 estados. Tanto en sus visitas al extranjero como en las realizadas en su propio país, la emoción colectiva que Diana despertaba entre el público con su sola presencia le llegaba a causar un auténtico pavor.
Con frecuencia se tenía que agarrar fuertemente a su marido cuando se sentía excesivamente agobiada por las masas. Sin embargo, aunque a veces sí se sentía protegida por Carlos, cada vez se le hacía más patente la sospecha de que él se veía constantemente desplazado y eclipsado por su mujer.
Cuanto más se esforzaba Diana por comportarse conforme a lo que se espera que debe hacer una princesa querida por el pueblo, menos apreciada se sentía por su marido, que a menudo daba la impresión de sentirse más violento que otra cosa ante lo que Carlos consideraba el circo que ella estaba contribuyendo a montar.
En otoño de 1984, las tensiones que existían entre ellos en privado habían empezado a salir a la superficie. Afloraron de tal modo, que iban a hacer añicos la imagen romántica que la prensa sensacionalista había creado alrededor de Lady Di y su marido.
Comenzaron a circular rumores de que la pareja había tenido una bronca poco después del nacimiento de Enrique, su segundo hijo.Se suponía que Diana, en una reacción más propia de una madre que de una princesa, se había sentido muy disgustada por la rapidez con la que Buckingham había anunciado el nacimiento a los medios de comunicación.
Sin embargo, tal y como dio a conocer con el tiempo Andrew Morton, el autor de la biografía de Diana, detrás del enfado había un sentimiento de profundo dolor. Durante su segundo embarazo, Diana estuvo convencida de que Carlos quería una niña. Cuando Carlos vio a Enrique nada más nacer, comentó ásperamente: «¡Vaya, pero si es un niño...! ¡Y encima pelirrojo! [El color típico de los Spencer]». Como Diana confesó a sus amigos, desde aquel momento algo murió en su interior.IDENTIDAD PROPIASarah Ferguson fue su primer apoyoEn la lucha por mantener una sensación de identidad propia, Lady Di buscó cada vez más el apoyo de otras personas en lugar del de su marido, rayando la imprudencia y añadiendo tensión a su matrimonio. Una muestra de esta actitud fue la amistad que surgió entre ella y Sarah Ferguson, novia primero y después esposa del príncipe Andrés, que era considerada por la casa de Windsor algo así como una cabra loca.
En el verano de 1987, coincidieron en las carreras de caballos de Ascot , el acontecimiento deportivo más importante del calendario real, y se confabularon para gastar una broma un tanto irreverente.Conscientes de que eran el centro de atención, las dos amigas simularon un combate de esgrima con sus sombrillas antes de golpearse la una a la otra con ellas en sus respectivos traseros.
La escena desató innumerables críticas en los periódicos y fue objeto de condena general. Un diario sensacionalista llegó a afirmar que el comportamiento de ambas no había sido mejor que el de unas actrices de tercera fila en una telenovela. Diana interpretó que, con aquella traición de los medios y por culpa de la hipocresía de algunos miembros de la familia real, se le privaba no sólo de la posibilidad de tener sus propias amistades, sino de su amor a la vida.
Mientras, Diana seguía cumpliendo con las obligaciones públicas junto a su marido, sus esfuerzos por mantener la relación se revelaban cada vez más infructuosos. Sus peores presagios se habían convertido en profecías que terminaban por cumplirse.Carlos recurría a Camilla para que le ofreciera su apoyo mientras que Diana se dejaba arrastrar, víctima de las artes de seducción, de otros hombres que le hacían creer que sólo les guiaba su bienestar.
Uno de los primeros en cortejar a Diana fue un joven oficial del Ejército, James Hewitt, profesor de equitación de Guillermo y Enrique, que consiguió que los niños vieran en él la figura de un tío en el que se podía confiar.
El mayor Hewitt, un experimentado seductor que sabía ganarse el corazón de cualquier dama vulnerable y herida en su amor propio, representaba una versión del donjuanismo que, durante un breve período de tiempo, supuso para Diana el tónico que necesitaba para espolear su languideciente seguridad en sí misma. Consiguió que ella se sintiera deseada y hermosa.EL PRIMER 'NOVIO'Hewitt le hizo perder la autoridad moralLa aventura de Diana y Hewitt, cuando éste regresó de la Guerra del Golfo en 1991, llegó a ser considerada por el más íntimo consejero de la princesa, Patrick Jephson, «simplemente otro episodio más que ni merece la pena reseñar, otro indicio de una época de infelicidad». Diana estaba aterrada ante la posibilidad de que llegara a descubrirse la relación, pero exclusivamente porque temía que con ello quedaría debilitada su superioridad moral sobre su marido.
Además, tenía un extremado sentido de protección de sus hijos y la firme voluntad de reducir al máximo el daño que la infidelidad pudiera causarles. Posteriormente, Diana involucró a Jephson en sus esfuerzos por alejarse de Hewitt, cuando se dio cuenta del juego de éste, con su idea de tener por amante a una princesa.Hasta los miembros del personal más próximos y leales empezaron a encontrar dificultades para mantener en público una cierta apariencia de estabilidad matrimonial entre tantas indiscreciones de la prensa sensacionalista.
De todas las amistades masculinas que Diana recuperó mientras seguía oficialmente casada con Carlos, pocas demostraron tener consecuencias tan desastrosas como la de James Gilbey. Ese vendedor de coches de segunda mano había sido amigo de Diana en los años 70, cuando ella vivía en su apartamento de Londres. Después de aquello, ambos habían perdido el contacto hasta que a él le volvieron a presentar a Lady Di en una fiesta.
Gilbey, al igual que Hewitt, sabía apreciar cuándo tenía delante una mujer de bandera y cuándo ésta era vulnerable. En Diana encontró una víctima propiciatoria. El papel de correveidile lo interpretó Mara Berni, propietaria de un restaurante italiano que estaba de moda en Londres, el San Lorenzo. Se encargaba de hacer llegar a Diana y Gilbey las cartas que se escribían el uno al otro.
Mucho tiempo después, Gilbey ha contado que, en aquella fiesta, Diana y él pasaron mucho rato hablando de sus respectivas vidas amorosas; él, acerca de un fracasado romance con una antigua novia, y ella, acerca de cómo se estaba desmoronando su matrimonio con Carlos. «Para ella era una cuestión de orgullo. Era evidente que se sentía rechazada, por su marido y por la familia real», ha recordado el vendedor.
Desgraciadamente para Diana, el personal del príncipe Carlos consiguió hacerse, en el día de Año Nuevo de 1990, con una grabación secreta de otra de las conversaciones íntimas que mantuvo con Gilbey, la vergonzosa cinta del chipironcito. La grabación la obtuvo un aficionado con un scanner y se la pasó a The Sun, el periódico sensacionalista de mayor difusión de Inglaterra.
Hasta hoy mismo, la cuestión de si Diana llegó a acostarse con el vendedor sigue siendo materia de controversia. Ella nunca llegó a admitir que hubiera tenido una aventura con Gilbey. El que fuera vendedor de coches, en cambio, sí lo reconoció. Con todo, ciertos extractos de la grabación delatan el alto grado de intimidad que había entre ellos:
-Diana: «No quiero quedarme embarazada».
-Gilbey: «Cariño, eso no va a ocurrir...».
-Diana: «Sí...».
-Gilbey: «¡No te pongas así! Eso no va a ocurrir, cariño...».
-Diana: «Hoy he visto un capítulo de la serie de televisión Eastenders.Uno de los personajes principales ha tenido un niño. Todo el mundo creía que era de su marido. ¡Era de otro hombre...!».
-Gilbey: «¡Dame un beso, chipironcito! ¡Ay, Dios, esto es maravilloso!, ¿no te parece? ¡Esta sensación! ¿No te encanta?».
-Diana: «¡Sí, me encanta, me encanta! ¡Nunca he sentido nada igual!».
Después de esta grabación secreta, se difundieron las crudísimas confidencias de cama de Carlos con Camilla, que también se filtraron a la prensa sensacionalista. Las cintas del chipironcito constituyeron una bomba que no sólo contribuyó a destruir definitivamente la fachada del matrimonio real sino que también hizo estallar el mito de la reina de hadas que jamás hacía lo que no debía.
Mucho antes de que Diana anunciara que se separaba formalmente de Carlos, en 1992, la crisis matrimonial se había convertido en tema de chismorreo habitual de la prensa sensacionalista.A finales de los años 80, de cara al público, se mantenía la relación real, de manera que Diana cumplía sus responsabilidades con ese estilo suyo que seguía cautivando a la opinión pública.
Diana podría haber fracasado mucho antes en su afán por salvar su matrimonio, de no haber sido por su suegra, la reina, por mantener las apariencias de unidad en el seno de la familia real tanto tiempo como fuera posible.
Durante una temporada, el palacio de Buckingham empleó una descomunal cantidad de energía en ocultar la auténtica situación del matrimonio y en organizar la vida de la princesa, reduciendo al máximo las fricciones entre Carlos y ella.
El responsable del servicio de la princesa, Patrick Jephson, dio una reveladora descripción sobre cómo se mantenía en pie «el espectáculo real» a pesar de las tensiones.
«Diana y Carlos eran una pareja de actores realmente insuperables, cada uno de ellos es capaz de adivinar el siguiente movimiento del otro, de manejar instintivamente grandes audiencias y de disimular, sin que se les escapara ni media palabra ni el más mínimo gesto, el hecho de que harían el viaje de vuelta por separado, cada uno en su avión, en cuanto sus obligaciones se lo permitieran.Sin embargo, en los escasos momentos de relativa intimidad de que disfrutaban, lejos de todo lo que no fuera la acostumbrada compañía del personal a su servicio, podía parecer que habían asistido a actos diferentes. No se cruzaban entre ellos ni una palabra ni una mirada», ha recordado Jephson.COMO ACTORESAmbos simulaban amarse en MallorcaEn ninguna otra ocasión fue más evidente que representaban un espectáculo que en los encuentros que tuvieron los príncipes de Gales con el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía en Mallorca.La coreografía, inmortalizada en fotografías oficiales tomadas en Marivent, era perfecta.
Daba la sensación de que las dos familias reales disfrutaban normalmente de su mutua amistad y de un merecido descanso compartido bajo el sol mediterráneo. Sin embargo, detrás de aquella fachada, ni un solo momento dejó de ser manifiestamente gélida la relación entre Diana y Carlos, puesto que la princesa todavía le guardaba un profundo rencor por la influencia que Camilla Parker-Bowles continuaba ejerciendo sobre él.
Según Jephson, no había más que una regla: no se podía decir en público absolutamente nada que contradijera el mito del mantenimiento de la pareja, que había pasado a ser lo único que podía asegurarse a ciencia cierta del matrimonio del príncipe y de la princesa de Gales. No obstante, la extrema rivalidad entre las estrellas de este espectáculo estuvo un gran número de veces a punto de trascender, al demostrar Diana, cada vez con mayor fuerza, que tenía mucho más gancho entre el pueblo que Carlos.
Mientras las opiniones de Carlos sobre arquitectura urbana y agricultura ecológica le hacían parecer ridículo, excéntrico y sin la más mínima gracia, Diana mostraba una extraordinaria capacidad para identificarse con una serie de causas que proyectaban sobre ella un halo de santidad.
En 1989, la personalidad pública de Lady Di echó por tierra las críticas de quienes la consideraban un poco tontita y una frívola figurante de la alta sociedad. En su calidad de madre activa, próxima a los 28 años, Diana era presidenta o miembro del patronato de más de 40 organizaciones sociales y de beneficencia con causas que iban desde los niños abandonados a los drogadictos y, tiempo después, a las víctimas de minas antipersona.
Anécdota en Marivent
Coincidiendo con el aniversario de la muerte de Diana, hoy sale a la venta en el Reino Unido el libro Closely guarded secret, de Ken Wharfe, guardaespaldas de la princesa durante seis años.The Sunday Times publicó ayer un extracto, en el que se destacaba esta anécdota:
«Yo fui, durante unas cuantas semanas, el oficial responsable de la seguridad de la princesa Diana, precisamente cuando, en 1988, ella y el príncipe Carlos pasaron unos días de vacaciones en Mallorca, invitados por el Rey Juan Carlos. Los príncipes de Gales se hospedaban en el palacio de Marivent, sobre la bahía de Palma, mientras que yo me alojaba en un hotel de la ciudad.
Una mañana, la Princesa Diana me llamó al hotel.
- Ken, ¿podrías venir a verme, por favor? Es bastante importante.
Al cabo de unos pocos minutos yo ya me encontraba en el palacio.Un guardia real me acompañó hasta el área de la piscina, donde la princesa me esperaba echada sobre una tumbona. Llevaba puesto un bikini naranja. Yo me sentí un tanto incómodo en aquella situación, pero, casi al instante, me pude percatar con toda claridad de que ella necesitaba de alguien con quien hablar.
- Esto es algo muy desagradable, Ken -me dijo-. Don Juan Carlos es tremendamente encantador, pero, ¿sabes?, es demasiado atento.Es una persona muy táctil. Se lo he comentado a mi marido y me ha contestado que me estoy comportando como una tonta.
Hizo una pausa durante un momento y, a renglón seguido, añadió:
- ¿Sabes una cosa, Ken? Creo que le gusto bastante al Rey. Ya sé que suena un tanto absurdo, pero estoy segura de que eso es así.
Yo hice un patético intento por mantenerme imperturbable ante lo que la princesa me estaba confesando. ¿Qué era lo que me estaba sugiriendo? ¿Que tuviera unas cuantas palabras, corteses pero firmes, con el Rey y le advirtiera que no se tomara demasiadas confianzas con ella? Ni siquiera hoy estoy muy seguro de que Diana no estuviera bromeando al contarme aquello, dado que su sentido del humor era, con frecuencia, bastante perverso.
Casi inmediatamente después de hacer esos comentarios, la princesa cambió de tema de conversación.»
Al separarse del príncipe Carlos, en diciembre de 1992, Diana renació como un icono de belleza y generosidad
A Lady Di le vino bien la separación. Su imagen subió enteros y su belleza también. A pesar de ello, cuando empezó a flirtear abiertamente con varios hombres, perdió su halo mágico. En sus últimos meses, cayó rendida en los fuertes brazos del capitán de rugby de la selección inglesa, en las precisas manos de un cirujano y en el yate de Dodi Al Fayed. La relación con este último, y la vida de ambos, acabó el 31 de agosto de 1997 en París, tras un aparatoso accidente de coche.
Charles Spencer, Enrique de Inglaterra y el príncipe Carlos siguen el féretro de Lady Di camino de la abadía de Westminster (1997).
A principios de la década de los 90, la fotografía de Diana estrechando la mano de Ivan Cohen, un paciente de un hospital londinense que se estaba muriendo de sida, dio la vuelta al mundo. Parecía como si la princesa tuviera en sus manos la posibilidad de agitar su varita mágica y hacer desaparecer una terrible enfermedad que proyectaba una condena a muerte sobre el disfrute de las relaciones sexuales.
Sin embargo, el compromiso de Diana con las organizaciones benéficas que luchaban contra el sida se desarrolló realmente a través de su incondicional amistad con un amigo mucho menos fotografiado, en el que había hecho mella la enfermedad, Adrian Ward-Jackson, un simpático y entrañable personaje de los círculos artísticos de Londres.
Diana dedicó, sin que casi nadie lo supiera, mucho tiempo a estar con Adrian durante los últimos días de la vida del artista, hasta el punto de que dispuso que se le facilitara un localizador personal que pudiera llevar con ella a todas horas, de modo que pudieran ponerse en contacto en cualquier momento del día o de la noche.COMPROMISO SOCIALLos actos benéficos eran una válvula de escapeNo fue casualidad el hecho de que el compromiso cada vez mayor de Diana con las obras de caridad coincidiera, al igual que sus primeras infidelidades, con una época en la que se intensificó su convencimiento de que el príncipe de Gales no sentía ningún amor por ella.
Diana quería demostrar su capacidad para vivir independiente, aunque con ello se arriesgara a saltar las barreras tradicionales que le imponía la casa de los Windsor. Quizá la incesante búsqueda de esta válvula de escape guardaba relación con el dolor y el sentimiento de soledad que ella arrastraba consigo desde su infancia.Una ansiedad que le empujaba a compartir similares experiencias con aquellas personas que habían sufrido penalidades y se consideraban marginadas.
En 1989, Diana realizó la primera gira en solitario fuera del Reino Unido, concretamente estuvo en Estados Unidos. El gigante norteamericano era siempre el país que más aplaudía su personalidad y su estilo.
Para los medios de comunicación social de Estados Unidos, casi todo lo que se identificaba con la casa de los Windsor -por ejemplo la Cámara de los Lores, Ascot y las universidades privadas como Eton- representaba todo lo que de neocolonialista y arcaica seguía habiendo en la sociedad inglesa... Sin embargo, Diana se ganó el corazón de los estadounidenses porque era una mujer que se había hecho a sí misma, con estilo, que además resultaba ser una empedernida romántica. Algo así como un cruce entre Jacqueline Kennedy y Grace Kelly. ¡Por si fuera poco, bailaba! En una de sus primeras visitas a EEUU, Diana había saltado a la pista de la Casa Blanca con John Travolta mientras Carlos los observaba completamente pasmado.
Esta vez, sin embargo, en lo que resultó ser el último episodio de una relación amorosa duradera y recíproca, Nueva York se rindió a su faceta de mujer independiente con capacidad de llegar simultáneamente al corazón de públicos muy diversos.
El programa oficial de Diana reunía muchos de los temas que resultaban inevitables dentro de las obligaciones públicas de una princesa en cualquier parte del mundo: recaudación de fondos para niños con problemas, una visita a un proyecto de viviendas municipales, un concierto benéfico en favor de la Academia de Música y, no podía faltar, una visita a enfermos de sida.ENTRE ACTORESLos famosos de EEUU buscaban su compañíaA pesar de todo, fue la presencia de Lady Di en una recepción para promocionar los textiles británicos y, más tarde, en la ópera, la que hizo posible que muchos famosos se mezclaran con la realeza en unas escenas que parecían sacadas de una noche de los Oscar en Hollywood. Los fotógrafos y los periodistas del sector de la moda pugnaban por rivalizar con las más disparatadas extravagancias en sus alabanzas a la hermosísima princesa que llevaba un vestido ideal.
En 1991, dos años después de esa visita a Nueva York, Diana posó para lord Snowdon, el ex marido de la princesa Margarita. Snowdon era un excelente fotógrafo que sabía cómo sacar el máximo partido de todos sus retratados... Su memorable fotografía de Diana, radiante, con un vestido blanco, con aquellos ojos azules rutilantes, con aquella serenidad entrañable que transmitía bajo la corona de perlas, expresaba mejor que 1.000 palabras que no cabía duda alguna de su perdurable papel como princesa.
Incluso después de la separación de Carlos, en diciembre de 1992, el perfil público de Diana no sólo se mantuvo sin deterioro alguno sino que salió enormemente reforzado. El acuerdo legal consagró su papel de madre, al otorgarle la guardia y custodia de sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique.
Además, le permitieron quedarse con las habitaciones que anteriormente compartía con Carlos en el palacio de Kensington. De este modo, se ahorraba la vergüenza de tener que pasar los fines de semana en la residencia campestre de Highgrove, donde Carlos había reiniciado su aventura amorosa con Camilla.
Lady Di mantenía su título, la generosa asignación de la casa real y el personal a su servicio. El hecho de que quizá no llegara nunca a ser reina no parecía entonces que estuviera tan claro como la posibilidad de que su ex marido no llegara nunca a ser rey si seguía empeñándose en continuar la relación amorosa con su amante.
La reina Isabel se decantó en principio por una actitud pragmática, con la esperanza, como siempre, de contener las fatales consecuencias de la ruptura del matrimonio.
Según el jefe de personal de Diana, Patrick Jephson, «la reina ordenó que dejaran en paz a la princesa. A partir de aquel momento, era completamente libre. Así permitía que fueran otros quienes juzgaran si realmente se había hecho merecedora de su status y su popularidad».'LA BATALLA REAL'Durante la separación, el pueblo estuvo con DianaEn el momento del divorcio -llamado batalla real por la prensa sensacionalista-, Diana tenía la impresión de que era ella la que había ganado el corazón y la voluntad de la opinión pública.
A pesar del bochorno producido por el hecho de que hubiera grabaciones secretas de sus relaciones con el vendedor de coches de segunda mano James Gilbey y de que hubieran salido a la luz pública, fue el relato sin cortapisas de su desdichada vida matrimonial, aparecido en la biografía escrita por Andrew Morton -todo un éxito de ventas- lo que le granjeó la simpatía general y condenó a Camilla al papel de perversa bruja y a Carlos, al de redomado canalla.
A la opinión pública tampoco le gustó la conversación, igualmente grabada en secreto y luego filtrada a la prensa, que Carlos había mantenido con Camilla sobre el apasionante tema de cierto támpax.
Las cintas de Camilla confirmaron, ni más ni menos, lo que Diana sabía ya desde hacía mucho tiempo. La princesa encontró cierto alivio en este episodio al comprobar que la prensa sensacionalista había rebajado la aventura amorosa de Carlos al nivel de las cloacas.
Aún así, Lady Di sufrió un shock considerable cuando escuchó algunas de las expresiones más crudas utilizadas por Carlos y Camilla; desde luego, era un diálogo que jamás en la vida había mantenido Carlos con ella. «¡Dios mío, Patrick! ¡Un támpax! ¡Qué degeneración...!», le comentó a Jephson.
La mayoría de los especialistas en temas de la realeza no tenían en principio ninguna duda de que Diana había salido mucho mejor parada de la separación. Según el periodista Anthony Holden, uno de los mayores expertos de entre los comentaristas especializados en la casa de los Windsor, Diana daba toda la sensación, de manera ostensible, de que había vuelto a nacer.
Parecía que tenía otra manera más resuelta de andar, otro brillo más rutilante en su rostro y una renovada viveza en aquellos ojos azules que por momentos daban la sensación de guardar un precario equilibrio entre la insinuación y la pasividad.
Se había convertido en una voz independiente a la hora de opinar sobre temas que eran ajenos al pensamiento tradicional de la realeza, pero que parecía que sí tenían mucho que ver con las circunstancias con las que se identificaba la mayor parte de la gente normal y corriente.
En un momento de aquel período de separación formal de su marido fue cuando yo me encontré con Diana, por primera y única vez en mi vida. Yo iba paseando, a solas, por una tranquila calle secundaria, próxima a la iglesia de los jesuitas de Farm Sreet, en Mayfair, cuando, para mi sorpresa, vi que la princesa avanzaba caminando hacia mí por la misma acera.
Ese día, el 24 de diciembre, no había nadie más en aquella calle.Diana iba cargada con un montón de regalos y era la viva imagen, sin que le faltara detalle, de una princesa de cuento.
Al pasar a su lado le dije: «Alteza, estoy de su parte. ¡Mucha suerte!». Bajó sus ojos, a modo de saludo, y me dedicó una sonrisa extraordinariamente generosa. «Muchas gracias, es usted muy amable.¡Feliz Navidad!», respondió ella, antes de seguir su camino.Me impresionó profundamente porque me pareció una princesa tan especial, humana y, sin embargo, al mismo tiempo, más allá de la realidad. Me quedé absolutamente prendado de ella.
El interés de Diana en crecer como persona le condujo a abarcar un gran abanico de áreas: la astrología, el psicoanálisis, la aromaterapia, la irrigación del colón... Si bien no llegó a convertirse, es cierto que profundizó en ciertos aspectos de la Iglesia católica, buscando el consejo de sus miembros. Lady Di consideraba que era una buena forma de encontrar la paz interior.
Desgraciadamente, Diana estaba marcada por su trágico destino, tal y como ella misma apuntó en una intervención pública. Haciendo gala de una honestidad apabullante, pronunció unas palabras en un congreso sobre la adicción a las drogas y al alcohol en junio de 1993. He aquí parte de su mensaje: «Es posible que para las mujeres suponga un enorme esfuerzo el reconocer que ya no pueden más... cuando todo su mundo se les cae encima y se desvanece su autoestima en la niebla de la soledad y la desesperación».
Para entonces, Diana estaba empezando a sentirse no ya perseguida, sino acosada por determinados sectores de los medios de comunicación, como si hubiera perdido todo derecho a tener su propia vida privada.
A decir verdad, ella siempre se había mostrado tan capaz de manipular a los medios de comunicación como éstos de utilizarla, pero esta circunstancia no impidió que ella sintiera en su fuero interno que todo aquello era injusto, lo que resucitó su profundo sentimiento de inseguridad y le llevó, en diciembre de 1993, a anunciar su retirada de la vida pública.
Ese retiro no duró mucho tiempo. Los neuróticos no se convierten de buenas a primeras en ermitaños. Continuamente andan a la búsqueda del contacto humano, por muy perjudicial que se vuelva para ellos.Si bien la agenda de la princesa se quedaba en un pálido reflejo del apretado programa de años anteriores, Diana siguió con sus visitas, aparentemente sin ningún tipo de coordinación y obedeciendo exclusivamente a sus impulsos repentinos, a hospitales y refugios nocturnos de vagabundos.
Lejos de cortar sus relaciones con los medios de comunicación, mantenía estrechos contactos con un reducido número de periodistas en los que ella confiaba, para que continuaran dando su versión de lo que acontecía cada vez que se recrudecía la batalla con la familia real.
En 1994, Diana tuvo en su mano la oportunidad de conseguir una decisiva influencia sobre su marido y sobre el futuro que éste representaba, cuando Carlos reconoció por primera vez públicamente, en una entrevista con la BBC, que había cometido adulterio con Camilla Parker-Bowles cuando todavía estaba legalmente casado.
La entrevista levantó una formidable oleada de desaprobación popular, de la que Camilla salió condenada una vez más y en la que se suscitaron graves dudas sobre el derecho que tenía Carlos no sólo a la corona, sino a ser la cabeza simbólica de la Iglesia de Inglaterra.HEWITT, TRAIDORLos ingleses justificaron el primer desliz de DianaPor el contrario, la publicación de un libro que contaba con detalle la aventura de Diana con el mayor del Ejército James Hewitt recibió fortísimas críticas, prácticamente sin excepción, porque se entendió como una traición del militar. El veredicto popular falló que, cuando se produjo esa aventura, Diana llevaba ya años sufriendo la falta de amor de su marido, por lo que era perfectamente comprensible que lo buscara en brazos de otro hombre.
Al año siguiente, en 1995, Diana realizó un intento de lanzar al mundo su muy personal manifiesto. Tal y como comentó a uno de sus ayudantes, lo que quería era que se le reconociera su auténtica valía y que se le diera vía libre para hacer uso de sus capacidades.
Pretendía abordar los mayores problemas del mundo, de modo que pudiera contribuir a su solución en un contexto global. Detrás de aquel plan suyo de aportar sus propias soluciones a cualquier parte del globo, en apoyo de las causas que ella quisiera defender, se agazapaba una vez más la más inalcanzable de todas sus ambiciones, la que con mayor desesperación anhelaba ella: su permanente búsqueda de la paz del espíritu.
En los meses siguientes, Diana abandonó prácticamente su dedicación a la vida inglesa en favor de un nuevo régimen exótico de escalas fotográficas alrededor del mundo. Su febril actividad incluyó no menos de 10 viajes al extranjero en 12 meses, desde Hong Kong a Buenos Aires.
Adoptando unas veces la pose de una Madre Teresa un tanto subida al estrellato, o la de una modelo del Vogue en otras, Diana seguía demostrando que ejercía un poderoso magnetismo para una gran variedad de personas, desde los más miserables a los más poderosos.Presidentes, reyes y emperadores la colocaban en el primer lugar de sus listas de invitados. Mientras ella seguía sacando dinero para buenas causas, las claves de su popularidad descansaban tanto en su condición de famosa como en su filantropía.
De vez en cuando, brillaba con fuerza el zumbón sentido del humor de Diana, como recordatorio de lo diferente que era ella comparada con los estrechos y reprimidos miembros de la casa de Windsor.
En Japón, optó por ponerse, al margen de todo protocolo, unos altísimos zapatos de tacón y una falda para su encuentro con el emperador. Le sacaba mucho más que la cabeza. Cuando Diana se inclinó ante él en la correspondiente reverencia, el emperador quedó fotografiado con la mirada clavada en una generosa porción de su impecable muslo real.
A finales de aquel año, sin embargo, hasta algunos de los más fieles servidores de Diana habían empezado a advertir que ganaban terreno los rasgos menos encantadores de su personalidad. Era evidente que, por mucho que protestara del acoso de los medios de comunicación, no había disminuido un ápice su deseo de sentirse gratificada por esos mismos medios.ENTREVISTA EN LA BBCDiana afirmó que Carlos no era un buen padreFrente a la opinión del palacio de Buckingham y de sus propios consejeros, Diana concertó una entrevista con la TV pública del Reino Unido, la BBC. Pretendía justificar su aventura amorosa con James Hewitt al mismo tiempo que poner por los suelos el carácter de Carlos, al que pintaba como un hombre que no estaba a la altura de su papel de padre ni de gobernante de un país.
La entrevista cortó radicalmente todas sus oportunidades de reconciliarse con la familia real, acelerando el proceso formal de divorcio entre Diana y Carlos.
Lady Di albergaba la secreta esperanza de que la entrevista supondría un momento de liberación con el que pondría a todo el mundo de su parte. Sin embargo, el experimento no pasó de ser un apaño a corto plazo, el recurso infantil de quien trata de llamar la atención exagerando un berrinche. Los demonios que siempre acompañaron a Diana se volvieron a manifestar en una creciente paranoia y en una tendencia a mezclarse con los hombres que menos le convenían en su proceso de autodestrucción.
A medida que el palacio de Buckingham le hizo cada vez más el vacío, Diana empezó a ver conspiraciones por todas partes, como si la reina, los medios de comunicación, la clase política y los servicios secretos hubieran firmado un pacto para conspirar contra ella.
La princesa de Gales estaba convencida de que cada uno de sus movimientos quedaba registrado en cintas clandestinas y de que agentes secretos seguían cada paso que daba. Diana le comentó al jefe de su personal, Patrick Jephson, que habían intentado disparar contra ella en Hyde Park, que habían manipulado de alguna manera los frenos de su automóvil y que habían instalado un aparato de escucha bajo su mismísima cama.
Jephson se ocupó personalmente de realizar minuciosas comprobaciones de cada una de estas sospechas y llegó a la conclusión de que todas ellas no eran sino producto de la imaginación de Lady Di.
La personalidad enferma de Diana constituía terreno abonado para el desarrollo de unas relaciones destructivas con miembros del sexo opuesto. En 1995, se hizo amiga de Will Carling, el capitán de la selección inglesa de rugby, con el que coincidía en el exclusivo gimnasio del que ambos eran socios, en Chelsea.
Para la ex mujer del príncipe Carlos, el deportista sólo era otro en una lista cada vez más abultada de machos que caían seducidos ante su belleza y su posición, y que, siempre transitoriamente, conseguían hacerse con un lugar en el corazón de ella, al hacerle sentirse una mujer deseada.
Sin embargo, Diana minusvaloró la capacidad de la mujer de Carling para responder a aquel ataque. La joven, bien parecida y decidida, Julia Carling recurrió a la prensa sensacionalista, produciendo un efecto devastador, al describir los jueguecitos de su marido con la real coqueta como un caso bastante patético de iluso engaño.La campaña dañó todavía más la imagen de cuento de hadas que durante tanto tiempo había sido la mejor baza de Diana.
Cuando, dos años más tarde, surgieron en los medios las primeras informaciones que apuntaban a que Diana parecía que tenía relaciones cada vez más estrechas con Dodi Al Fayed, el hijo del magnate de los almacenes Harrods, mucha gente tuvo la impresión de que aquello iba a terminar mal.
Los que se habían mantenido fieles a Diana durante todos aquellos años de euforias y depresiones no dejaban de admitir el potencial desastre que se escondía detrás de su redescubierta felicidad.
Los Al Fayed no habían surgido de buenas a primeras para ofrecer a Diana sus servicios en un momento de extrema necesidad. Los caminos de la princesa de Gales y de Mohamed Al Fayed, el padre de Dodi, se habían cruzado en sus giras por todo el mundo.
Al Fayed había financiado algunas de sus causas. Las furgonetas de Harrods, los grandes almacenes londinenses de los que era propietario, visitaban con regularidad el palacio de Kensington, mientras ella residió allí, para llevar sus compras y las de sus hijos.
La generosidad de los Fayed con Diana fue en aumento paralelamente a como fue cayendo la de la realeza y la clase política. Gracias a Al Fayed, Diana tenía a su disposición yates, guardaespaldas y aviones privados, todos esos signos externos de riqueza que prometían envolver su condición de famosa con una apariencia de seguridad.
Diana empezó a mostrar interés en Dodi muy poco después de que un cirujano cardiovascular, casado y de origen paquistaní, llamado Hasnat Khan, hubiera cortado sus relaciones con ella.
Para los observadores más cínicos, Diana había terminado con Al Fayed de puro rebote, simplemente para exhibirlo, como suelen hacer las mujeres heridas en su amor propio, con el objeto de poner celoso a Khan.
A decir verdad, Diana demostraba muy poca sensibilidad por la mujer y los hijos de Khan. Si antes no le había importado que le filmaran materialmente cubriendo de regalos a los niños, después se dedicó a orquestar una sensacional campaña de prensa para difundir su romance vacacional con Dodi.
En cierto sentido, poco importaba la teoría de la explotación según la cual se presentaba a Khan como un inocente peón y a Diana como una egoísta manipuladora.
Nunca llegó a saberse cuál era la gran «sorpresa» que Diana prometió a un selecto grupo de periodistas. ¿Acaso era que al fin había encontrado la auténtica felicidad en brazos del hijo de uno de los más vilipendiados empresarios de Gran Bretaña? En lugar de ello, las vidas de Diana y Dodi quedaron segadas repentinamente en París el 31 de agosto de 1997. Un polémico accidente de coche dejó al mundo en suspense sobre lo que aún nos deparaba Diana.
En el quinto aniversario de la muerte de la princesa sigue sin resolverse el debate sobre su contribución a la Historia. Para los hombres, ella encarna todas las imágenes posibles. Tal y como yo mismo escribí poco después de su muerte, las fotografías nos hablan todavía de estas contradicciones. Quizá debido a ello, no hay unanimidad a la hora de decidir cómo se conmemora su memoria, incluso aunque su legado más positivo sea la existencia de dos apuestos jóvenes príncipes que tratan de combinar sus responsabilidades con su amor a la vida.MUJER DE 1.000 CARASEs imposible tener una imagen única de DianaDiana, víctima. Diana, radiante. La reina de cuento de hadas.La mujer moderna. La madre de auténticos príncipes. La amante de un galán árabe. Una aristócrata con halo de santidad, tan próxima a las causas y a las preocupaciones que llegan al corazón de la gente normal y corriente y lo conmueven. Una neurótica sin remedio...
Sin lugar a dudas, Diana no era republicana. No deja de ser una ironía que ella haya contribuido a la supervivencia de la monarquía más que a su desaparición. Su rebeldía sirvió para despertar la complaciente rigidez de la casa de Windsor, a la que obligó a modernizarse a fin de sobrevivir.
Diana tampoco fue, simplemente, uno de los personajes protagonistas de una comedia de enredo con la familia real. Su vida pública fue un prontuario de la forma en que hombres, mujeres y niños luchan por convivir. Ella conectó con el sufrimiento y la alienación, hasta el extremo de que personificó algunos de los grandes temas de nuestros tiempos.
El otro día pregunté a mis hijas qué era lo que ellas recordaban de Diana. «Entregó su vida a los demás», me respondieron ambas espontáneamente. Eso quizás explique las razones por las que Adiós, rosa de Inglaterra, el tema que Elton John cantó en su funeral, sigue vendiendo más que cualquier otra canción en la historia de la música.
Quizás sus últimos versos sean tan pertinentes hoy como lo fueron entonces. «Adiós, rosa de Inglaterra, te lo dice un país desolado ante tu ausencia, que echará en falta el aliento de tu piedad más de lo que nunca imaginaste».
Descanse en paz Diana, princesa de Gales.
